Rocío Jurado en una imagen promocional.

Rocío Jurado en una imagen promocional.

Famosos PRIMICIA

Del día que estuvo clínicamente muerta a un duro aborto: lo que revelan los 2 primeros episodios de la serie sobre Rocío Jurado

EL ESPAÑOL visiona los 100 primeros minutos de 'La más grande', la esperada docuserie de la chipionera que se estrena el 25 de junio en Movistar Plus.

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"Tardará en nacer, si es que nace, alguien como ella", aseveró el periodista Jesús Quintero en su libro Entrevistas, publicado en 2007, sobre la vasta y refulgente y genuina figura de la eterna Rocío Jurado, gran amiga personal, además, del loco de la colina.

Y sí, esa frase, a priori, sencilla resume a la perfección la vastedad de Rocío Mohedano Jurado, bautizada La más grande. La Jurado dejó una impronta inabarcable en su paso por la tierra. Su existencia sólo duró 61 años debido a un maldito cáncer de páncreas.

Aquella enfermedad se la llevó, sí, aquella horrible y larga madrugada del 1 de junio de 2006, pero no sería justo sostener que con su partida física se acabó todo. No, antes al contrario: la estrella, el mito, la leyenda reverdeció. Hoy, en 2026, Rocío está más viva que nunca.

En todos los sentidos; pareciera como que sigue aquí, que nunca se fue. Así lo ha dejado claro su hija mayor y heredera universal, Rocío Carrasco (49 años), en distintas entrevistas: tiene la certeza de que su madre sigue y perdurará. Que está, que nunca se fue -del todo-.

Rocío Jurado, en una fotografía en blanco y negro.

Rocío Jurado, en una fotografía en blanco y negro. Cedida

Sobre esa idea se ha creado la serie documental La más grande. Un material audiovisual de cuatro episodios que se estrenará el próximo 25 de junio -haciéndolo coincidir con el estallido del Orgullo LGTBIQ+ en Madrid- en Movistar Plus. Un proyecto dirigido por Alexis Morante.

En él se repasa la vida y obra de Rocío, desde su nacimiento hasta que la enfermedad llegó a su vida. Este pasado jueves, 18 de junio, EL ESPAÑOL ha podido visionar, en primicia, los dos primeros episodios en un pase exclusivo para prensa en Espacio Movistar, en Gran Vía.

Estos dos primeros capítulos abarcan desde una Rocío Mohedano niña y adolescente -henchida de sueños por cumplir, soñadora, salvajemente aguerrida pese a su corta edad- hasta que, ya en el cénit de su carrera, conoce a Pedro Carrasco y enloquece de un amor que culmina en boda.

Se hace hincapié en los episodios -salpicados de material gráfico inédito y de valerosos testimonios de familiares y amigos que conocieron como nadie a la Jurado- en que hay que distinguir a dos Rocíos: a la Mohedano, hija, madre, ama de casa, hermana; y a la estrella rutilante.

En la docuserie queda fielmente reflejado el sufrimiento de Rocío por querer triunfar -esa lucha ciega por anhelar ser alguien, salir del molde-, y que esto siempre llevara aparejada la renuncia, el no hacer familia, el no estar; el ser menos hija y menos madre de lo que le hubiera gustado.

Transgresora. Valiente. Rocío Jurado rompió los estereotipos de la folclórica clásica para ser una mujer libre y reivindicativa. Fue feminista; lo que contaba lo hacía por ella, sí, pero también por todas. Dio voz en tiempos de prudencia y silencio. Para eso se la puso en el mundo.

Antes de zambullirnos en la historia de Rocío, un apunte: la serie documental está narrada, como en voz en off, por la actriz chilena Daniela Vega. Y ahora sí, entramos en el Acto 1, el primer episodio. La música y el flamenco han convivido siempre en casa de Rocío Jurado.

No en vano, su madre cantaba y su padre también se las apañaba con el flamenco. Sabía Rocío que ella tenía un don en la garganta, ese recovedo fecundo, y que tenía que aprovecharlo. Quería ser artista. Sólo había dos frenos: su timidez y la oposición de su padre.

La primera cortapisa lo sorteó diciéndose 'siendo de esta manera, no te van a dar ni para pipas'. "A partir de ahí empiezo a ser Rocío Jurado", cuenta ella. De la segunda traba tristemente se encargó el destino. La abuela de Rocío sí cree en ella y le da 8.000 pesetas para que se vaya a Madrid.

Para que haga una prueba en la gran ciudad. La acompaña su madre. Todo sale mal: madre e hija caen enfermas en una pensión y Rocío no se presenta a la prueba. Ella no se arredra y se pasan días comiendo sólo avecrem con fideos. Finalmente, se vuelven a Chipiona.

Rocío Jurado junto a su hija y Pedro Carrasco.

Rocío Jurado junto a su hija y Pedro Carrasco. Gtres

La Jurado seguía en sus trece. Canta, Rocío, canta. Le demuestra a su madre y a todos que se puede ser artista y "decente", que confíen en ella. Se pone de ejemplo a artistazas como Juanita Reina y Concha Piquer. La osadía de Rocío comenzó a calar.

Hay un pasaje por aquellos días que rompe, destroza a Rocío: la muerte de su padre, a los 36 años. La vida, tal y como se conocía hasta entonces, no volvió a ser la misma. Tocaba trabajar, arrimar el hombro. ¿Cómo? Cantando. Ahí le entró de forma definitiva a Rocío "el meneíllo".

Le hizo una promesa a su padre: que se haría con un nombre y que él se sintiría orgulloso, pese al recelo paterno.

Concha, esposa del torero Bonifacio García 'El Yoni', le da la oportunidad que cambió su vida y la lleva al tablao El Duende, en Madrid. Su voz no pasa inadvertida y pronto Manolo Caracol, cuenta Rocío Carrasco en la docuserie, cae rendido a sus pies. Rocío gana sus primeros cuartos.

300 pesetas diarias y, como haría el resto de su vida, comienza a ayudar en casa. Su ascenso es incontestable: saca su primer disco, debuta en el cine con Manolo Escobar. Se va de gira y un día, en plena actuación, ay, el amor: en primera fila estaba sentado un hombre apuestísimo.

Se trataba de Enrique García Vernetta, el primer gran amor de Rocío. Desde que él la vio, nunca más se separó hasta el quiebre del amor. La siguió por tierra, mar y aire. Rocío, en plena ola, hace sus primeras Américas, nada se le resistía. Hasta que llega el desamor. El primero.

Rompe con Enrique, porque ella quería boda y él sólo sabía darle largas. Y Rocío se cansó. Sufrió mucho, y se curó, en parte, gracias al arropo y el hombro de su gran amigo y hermano Juan de la Rosa. "La persona más leal que ha tenido a su lado", dice Rocío Carrasco de Juan.

Rocío Jurado, durante una de sus actuaciones.

Rocío Jurado, durante una de sus actuaciones. Gtres

De la Rosa fue el primer fan que le pidió un autógrafo a Rocío, y ya se quedó en casa para siempre. Volviendo al trabajo, el ritmo de Rocío era elevadísimo, agotador. Y la enfermedad siempre fue una constante a lo largo de su vida; caía enferma con frecuencia.

Era diabética y padecía de alergia. Si a esto se le suma el fuerte estrés al que estaba sometida, un día, en La Línea de la Concepción, se quedó sin voz. Sufrió un colapso, y estuvo a punto de morir. Le pusieron una inyección. Le quitaron unos nódulos y el cirujano le prohibió cantar.

Estuvo 8 meses sin cantar. Ese fue su primer gran susto de salud, después vendrían otros. Comienza ahora el Acto 2. En mayo de 1974, en un festival taurino benéfico en Las Ventas conoció a Pedro Carrasco, el hombre de su vida. Ella está en la grada y él le brinda un novillo.

Todos se voltean y ven a Rocío. Se lía un revuelo tremendo y la Jurado se desmaya. Cuando abre los ojos se encuentra los de Pedro, ese azul tan prístino. Fue aquel un tiempo, unos años dulces, boyantes, bonitos, donde el amor habla. Era la pareja del momento; rezumaban pasión.

Rocío Jurado.

Rocío Jurado.

Aquí empieza, en paralelo, el momento en que Rocío Jurado juega con la censura del momento; luce transparencias y escotes imposibles. Y le canta al desamor, y le dice al hombre que ya no siente nada al hacerlo con él. Rocío es rompedora, disruptiva.

El legendario escote que Rocío Jurado lució en una actuación en Televisión Española en 1974 provocó el cese fulminante de Pío Cabanillas, quien en aquel momento ejercía como ministro de Información y Turismo del régimen franquista. Se lio toda una escandalera.

Rocío Carrasco, muerte y aborto

Entre medias, acontece otro revés de salud en la vida de Rocío. En una gira de verano, se marea y desfallece a causa de una "fuerte hemorragia". Entra en estado de coma, y la declaran "clínicamente muerta". La vida le tenía preparada una sorpresa para después, esta vez grata: su boda.

Rocío y Pedro se casan. Tras el enlace, claro está, llegan los niños. En concreto, Rocío Carrasco, tras un embarazo "querido, vivido y disfrutado". Otra Rocío en la familia. La Mohedano -aquí no cabe la Jurado- es la mujer más feliz del mundo. Ser madre es su gran recital, el único propósito.

La cantante en una imagen captada en 1990.

La cantante en una imagen captada en 1990. Gtres

La felicidad dura poco porque, poco tiempo después de llegar al mundo Rocío hija, muere la madre de Rocío Jurado. El abismo y un hondo dolor se abren paso. Rocío cae en una tristeza infinita, pese a su maternidad. Sólo consigue alzar el vuelo de nuevo gracias a Manuel Alejandro.

Rocío saca otro disco. En Nueva York la definen como la voz del milenio. Rocío resurge. En el plano personal, hay rumores de divorcio con Pedro, pero ellos los acallan. Un día, en Pamplona, la vida vuelve a tambalearse para Rocío: pierde al bebé que esperaba.

Cuenta Rocío Mohedano Jurado en La más grande que esa desgracia pasó durante un concierto en Pamplona, en unos Sanfermines. Llovía a cántaros. El público estaba entregado y ella no quiso irse. Se debía a todos ellos. "No me marché y el agua me caló hasta los huesos".

Le dio un mareo, quedó muy débil "y se fue -el bebé-", contó la Jurado entonces. No esconde la de Chipiona que en aquel trance transitó por depresiones. "He estado a punto de dejarlo todo, pero sería un contradiós", reflexiona Rocío. Y menos mal que no lo dejó.