José Luis López Vázquez, en 2006.

José Luis López Vázquez, en 2006. GTRES

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José Luis López Vázquez, hace 45 años: "Cuando era niño iba a la carnicería con 30 céntimos y te daban un filete tan grande que lo compartía con mi madre"

El actor, fallecido en 2009, padecía una timidez casi patológica fuera de las cámaras. George Cukor cayó rendido a su talento, pero rechazó trabajar en Hollywood.

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Para entender la historia del cine español es obligatorio detenerse en la figura de José Luis López Vázquez (1922-2009). Con una fisonomía de hombre común, una voz inconfundible y una capacidad interpretativa camaleónica, se convirtió en el mejor representante del séptimo arte patrio del siglo XX.

Capaz de transitar magistralmente entre la comedia más desgarrada y el drama más perturbador, dejó una huella imborrable en más de 200 películas.

El intérprete madrileño saltó a la fama a finales de los años 50 y principios de los 60 gracias a sus colaboraciones con maestros como Luis García Berlanga y Marco Ferreri en obras maestras imperecederas como El pisito (1959) y El cochecito (1960).

Su consagración popular llegó con títulos como Atraco a las tres (1962) o la inolvidable La gran familia (1962).

José Luis López Vázquez, en 2001.

José Luis López Vázquez, en 2001. GTRES

Un "fiel funcionario de la vida"

Además de su innegable vis cómica, demostró su inmensa valía dramática en joyas como Peppermint frappé (1967), de Carlos Saura, y, de forma cumbre, en el mediometraje televisivo La cabina (1972) de Antonio Mercero, coescrito por él mismo junto con José Luis Garci (82). Una asfixiante alegoría que dio la vuelta al mundo y le valió un premio Emmy (se lo llevó la cinta, en 1973, en la categoría al mejor telefilm).

En lo personal, López Vázquez fue un hombre de carácter sumamente reservado, alejado de las estridencias de los focos.

Su fallecimiento en Madrid en noviembre de 2009, a los 87 años tras una larga enfermedad, dejó un vacío irremplazable, despidiendo al que muchos críticos consideran, simple y llanamente, el mejor actor de la historia del cine español.

En 1981, en la cúspide de su madurez profesional, López Vázquez se sentó frente al periodista Joaquín Soler Serrano en el prestigioso programa A fondo, de TVE.

El resultado fue una entrevista histórica donde el actor ofreció reflexiones muy profundas sobre su personalidad, su oficio y sus vivencias.

Lejos de la soberbia intelectual de otros compañeros de profesión, López Vázquez definió su método interpretativo desde la humildad y el respeto: "Mi profesión es la de escuchar, yo adquiero conocimientos de la observación, de la escucha, pero nunca de la dialéctica".

Aseguraba que, más que exponer su verbo, se alimentaba del entorno para construir a sus personajes.

Al ser preguntado sobre cuántos hombres habitaban dentro de él debido a la inmensa cantidad de papeles interpretados, esquivó el elogio: "Yo creo que son los que me atribuye el público porque yo propiamente ya no he propuesto hacer ninguno... es un producto del público que ejerce una magia sobre la interpretación".

'José Luis López Vázquez. ¡Qué disparate!'

'José Luis López Vázquez. ¡Qué disparate!'

Un "niño introvertido", "melancólico" e hijo único

Confesó entonces que su reticencia a conceder entrevistas era puramente instintiva: "Posiblemente sea un hombre tímido, yo me he educado en un medio muy modesto, muy resignado", subrayaba.

Y argumentaba que su seriedad aparente era solo "un acento de reserva o de defensa". Asimismo, se autodefinió como un "fiel funcionario de la vida", atribuyendo su longevidad en la industria a la constancia: "Yo soy a base de una aplicación, y si aún se aplica, aplicado".

El actor se describió en su niñez como un niño "muy introvertido, muy melancólico, sensitivo, muy encerrado dentro de mí mismo, hijo único además, que es tremendo".

'La Cabina'

'La Cabina'

"Para mí, la crisis es una evasión"

Aunque la separación de sus padres no le supuso un trauma infantil, de adulto confesaba cierta factura emocional: "Ahora sí me resiento y echo en falta quizá que yo creo que debería haber sido mucho mejor de lo que soy si hubiera tenido un entorno familiar como es debido".

Sorprendentemente, la llegada de la Guerra Civil, que vivió con apenas 14 años, supuso para él un inesperado refugio: "Para mí la crisis es una evasión, es una evasión porque... me encuentro con una aventura terrible, siniestra, peligrosísima".

"Pero que yo no vivo esa tragedia en mi carne ni me perjudica en absoluto porque, al contrario, lo que hace es desarrollar en mí una serie de posibilidades", matizaba.

Fue precisamente en ese periodo convulso donde comenzó a interesarse por el arte, destinando lo poco que ganaba a comprar literatura y libros de teatro.

José Luis López Vázquez y Antonio Mercero en una imagen del archivo del rodaje de 'La Cabina'.

José Luis López Vázquez y Antonio Mercero en una imagen del archivo del rodaje de 'La Cabina'.

El valor del dinero

Durante la charla, López Vázquez recordó con precisión quirúrgica el valor del dinero en sus primeros años de juventud, cuando compaginaba sus inquietudes artísticas con su primer empleo en un laboratorio farmacéutico.

Al ser preguntado por Soler Serrano si le pagaban a céntimos la ficha, el actor asintió confirmando la precariedad de la época: "Sí, sí, pero eso era cobrando sueldo, era ese, no, muy poco".

Ese exiguo sueldo cobraba un valor inmenso en una España de posguerra sedienta de cultura y supervivencia. El intérprete detalló exactamente cómo administraba sus ingresos: "Gano dinero poco y no tengo que gastarlo. Entonces me compro libros... Puedo comprarme libros de teatro y esta vez a estudiar y a sentir y a leer las novelas y literatura y el teatro y ver películas".

Para ilustrar de forma gráfica la economía de aquellos años, López Vázquez recordó que "iba a la carnicería a comprar un filete de 30 céntimos y te daban un buen filete, una buena carne, que lo partíamos. Era tan grande que (mi madre y yo) lo partíamos para los dos".

Esa misma cantidad, 30 céntimos, era también el precio de sus escasos momentos de ocio juvenil, los cuales evocaba con una sonrisa: "Esa bicicleta que alquilaba que me costaba 30 céntimos".

José Luis López Vázquez, en 'A fondo', en RTVE.

José Luis López Vázquez, en 'A fondo', en RTVE. RTVE

Expulsado por "burrólogo"

No toda la juventud del actor estuvo marcada por la melancolía. López Vázquez demostró que su característico sentido del humor, la sorna y la ironía ya estaban muy despiertos desde su adolescencia al rememorar una desternillante anécdota ocurrida en la biblioteca municipal de su distrito.

El actor relató que frecuentaba mucho el lugar con unos amigos y que un buen día, aburridos, decidieron gastar una broma al rellenar los datos de inscripción del centro: "Pusimos en la ficha, ponía un nombre, profesión, y pusimos 'burrólogo'".

La ocurrencia de autodenominarse con dicho término no sentó nada bien a las estrictas autoridades de la época.

"Nos echaron inmediatamente. Me llamó el director, nos apartó, nos echó un sermón muy grande que nosotros nos quedamos a falta de sentido del humor", explicaba con gracia.

El castigo no se hizo esperar: "Nos prohibió durante una semana. Nos retiró el carné para que no pudiéramos... los burrólogos estaban prohibidos durante la semana".

El director de cine George Cukor, con Tony Curtis y Audrey Hepburn, durante el rodaje de 'My Fair Lady'.

El director de cine George Cukor, con Tony Curtis y Audrey Hepburn, durante el rodaje de 'My Fair Lady'. GTRES

El rechazo al sueño americano

Uno de los pasajes más fascinantes de la entrevista fue el análisis de su relación con el mítico director de Hollywood George Cukor (My Fair Lady, Historias de Filadelfia), quien quedó prendado del talento del madrileño tras rodar juntos en España la película Viajes con mi tía (1972).

Soler Serrano desveló en el programa que el propio Cukor le había confesado en Hollywood que López Vázquez era uno de los actores más extraordinarios que había conocido en su vida.

El realizador lamentó profundamente que no quisiera aprender inglés para dar el salto a Estados Unidos, donde, según expresó, habría sido "el número uno del mundo".

Cukor estaba convencido de que, en caso de haber dado el salto a la Meca del Cine, López Vázquez se hubiera convertido en una gran estrella: "Hemos perdido a un gran actor mundial".

Lo asombroso de aquella filmación es que se comunicaban más allá del lenguaje. Cukor no hablaba español y López Vázquez no dominaba el inglés, pero el cineasta aseguraba que el actor captaba a la perfección lo que él quería y lo ejecutaba incluso mejor de lo que él mismo había imaginado.

Por esa asombrosa capacidad de expresión gestual, Cukor llegó a definirle como un "poeta" que no necesitaba escribir un solo verso.

'El pisito'

'El pisito'

Huésped de honor en un Rolls-Royce

El respeto era mutuo. López Vázquez reconoció guardar un "altísimo recuerdo" de la gentileza del director.

Así, rememoró un detalle profesional que jamás olvidaría: "Es la primera vez que un director ha subido al camerino después de hacer una escena para decirme 'estoy muy satisfecho de usted, muchas gracias'", un gesto insólito en el cine español de la época.

Años más tarde, cuando el actor viajó a Los Ángeles, Cukor lo trató como a un auténtico rey. El intérprete recordaba con asombro la vitalidad del director, quien fue a esperarle personalmente al aeropuerto a bordo de su Rolls-Royce para ofrecerle una semana que describió como "asombrosa e insólita".

José Luis López Vázquez, en 'Mi querida señorita'.

José Luis López Vázquez, en 'Mi querida señorita'. GTRES

"Manchego acérrimo"

A pesar de los cantos de sirena de Hollywood y de la insistencia de Cukor para que estudiara el idioma, López Vázquez se mantuvo firme en su negativa a emigrar, respondiendo con su habitual retranca e ironía: "Será en otra reencarnación si es que la hay porque yo soy manchego acérrimo, no hay manera. Tengo una atonía idiomática total".

El actor justificó también su rechazo a dirigir o a aceptar papeles puramente trágicos ("No, no, no, se sufre muchísimo... acabaría teniendo el infarto de miocardio").

Y sentenció su filosofía de vida y su renuncia al estrellato mundial con una metáfora tan humilde como poética: "Yo soy como el árbol: ahí donde crece, allí se realiza". España, por fortuna para nuestra cultura, fue la tierra donde aquel árbol dio sus mejores frutos.