Borja Sémper en una imagen de archivo.

Borja Sémper en una imagen de archivo. GTRES

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Borja Sémper: "No quiero ser el del cáncer, pero sé que la enfermedad siempre va a estar ahí por el riesgo de recaída"

El político popular ha hablado como nunca sobre el cáncer de páncreas que le diagnosticaron en verano del pasado año.

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Borja Sémper (50 años), totalmente incorporado a la vida política tras once meses de ausencia por un cáncer de páncreas, ha concedido una de sus entrevistas más íntimas.

El portavoz del Partido Popular acaba de enfrentar uno de los procesos más duros de su vida y ha querido hablar abiertamente sobre la enfermedad y cómo la ha vivido, porque es consciente de que su testimonio reconforta a aquellas personas que están pasando por lo mismo.

Aunque en su caso, su tumor fue detectado a tiempo, ha reconocido que el diagnóstico le sacudió por completo. A pesar de que el cáncer forma parte del imaginario colectivo -más de 300.000 personas lo padecen cada año en España-, vivirlo en primera persona cambia radicalmente la perspectiva.

Borja Sémper junto a su mujer, Bárbara Goenaga.

Borja Sémper junto a su mujer, Bárbara Goenaga. GTRES

"Es una enfermedad muy presente en la sociedad y en nuestras vidas. Yo sabía que el cáncer estaba ahí, de los estragos, a mi familia también le había pasado factura, pero cuando lo vives en directo, la película cambia", asegura en su entrevista a Vanity Fair.

Durante semanas, confiesa, tuvo la sensación de estar viviendo una realidad ajena, como si lo que ocurría no fuera con él. El miedo fue inevitable, sobre todo ante un tipo de cáncer cuya gravedad es bien conocida. "Al principio sentí un miedo extraordinario. Yo me creía inmortal", desliza, evidenciando ese golpe de realidad que acompaña a diagnósticos de este calibre.

Cuando el miedo disminuyó, llegó la pena. "Sentí una profunda pena por dejar de vivir. Pensaba que tenía miedo a la muerte, pero me di cuenta que lo realmente tenía una pena enorme por dejar de vivir". La posibilidad de no ver crecer a sus hijos, de perderse lo cotidiano, de no estar en los pequeños momentos, fue lo que más peso tuvo durante el proceso.

En ese contexto, el político relata una escena aparentemente trivial que se le quedó grabada: una planta trepadora que su mujer, la actriz Bárbara Goenaga, colocó en la terraza de su casa. "En dos años cubrirá la pared", le dijeron. Él, sin embargo, pensó que quizá no llegaría a verlo.

El impacto también alcanzó de lleno a su entorno. Sémper pone el foco en el papel de la familia, especialmente en sus padres, su mujer y sus hijos, quienes vivieron la enfermedad desde otro lugar, cargado de incertidumbre y miedo.

"Mi mujer decidió parar su vida profesional, para todo, para dedicarse a cuidarme. Y mis hijos me dieron una lección de adaptación al momento y de gestión, desde los pequeños hasta los mayores. Intenté que no me vieran llorar, que no me vieran pasarlo mal, que me vieran jodido pero contento. Pero les hablamos siempre con mucha claridad", ha asegurado el popular.

Cómo gestionar ahora su nueva identidad pública tras la enfermedad es una cuestión que no sabe muy bien cómo afrontar, reconoce. No quiere ser "el del cáncer", pero es consciente de que esa experiencia formará parte de él para siempre.

La pareja posando en un photocall.

La pareja posando en un photocall. GTRES

"No quiero ser el del cáncer. Pero, por otro lado, también soy consciente de que siempre voy a ser un enfermo de cáncer, el resto de mis días que espero que sean muchísimos. Siempre voy a ser un enfermo de cáncer porque el riesgo de recaída estará ahí, y porque soy consciente de que esto es una enfermedad que está ahí presente".

Borja Sémper valora más que nunca "la inmensa suerte de estar vivo". "Creo que no valoramos el inmenso milagro que significa que podamos estar aquí. Pasar por una situación así a mí me ha servido para volver a a tocar la vida. He visto la luminosidad que pasar por una enfermedad así te permite ver".