La duquesa de Alba y Jackie Kennedy en Sevilla en 1966. EL ESPAÑOL
La amistad entre la duquesa de Alba y Jackie Kennedy que ahora revela la faceta más íntima de la Primera Dama
La aristócrata y la Primera Dama se conocieron en 1966 durante la Feria de Abril de Sevilla. Cayetana acogió a la viuda de Kennedy en el Palacio de Las Dueñas.
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La amistad entre Cayetana de Alba y Jackie Kennedy surgió en la primavera de 1966, cuando la Primera Dama viajó a Sevilla para pasar una semana invitada por la duquesa y su marido, Luis Martínez de Irujo.
La estadounidense seguía de luto por el asesinato de su esposo, el presidente John F. Kennedy, y buscaba un entorno más amable que el que vivía en Estados Unidos.
Aquella visita coincidía con la Feria de Abril, así que la aristócrata se ofreció a ser la anfitriona de la americana y la acogió en el Palacio de Las Dueñas. Las imágenes de ambas a caballo, en la feria, en corridas de toros o paseando por los maravillosos jardines de palacio han quedado grabadas en la memoria pública.
Una de las fotografías que se exponen en el Palacio de Las Dueñas. EL ESPAÑOL
"¿No es extraño lo mucho que se puede vivir en seis días? Porque debes poder imaginar lo que fue para mí vivir en Las Dueñas en ese ambiente de siglos y belleza en la época de Feria...", escribió Jackie Kennedy a la duquesa más tarde en una carta de agradecimiento.
La relación entre ambas no se quedó en esta visita, continuó en los años. Muestra de ello es la correspondencia que las dos mujeres se intercambiaron y que ahora se puede ver en la exposición homenaje a Cayetana de Alba por el centenario de su nacimiento en su casa sevillana.
Una exposición que además revela una de las facetas más íntimas de la que fuera Primera Dama de los Estados Unidos. En otra misiva de cinco páginas, enviada por Jackie, ésta adjunta una acuarela dibujada con sus propias manos.
La imagen muestra uno de los salones del Palacio de Las Dueñas, que tanto fascinó a la esposa de Kennedy. Jackie combina en ella lavados suaves de violeta, verde y azul con líneas finas en tinta o lápiz, creando una atmósfera romántica y serena. No busca una reproducción exacta del espacio, sino capturar su sensación: un interior noble, tranquilo y refinado.
En la parte inferior se lee la dedicatoria manuscrita: “Las Dueñas. Eugenia’s sitting room, which I loved so much. For Cayetana, with love from Jackie (El salón de Eugenia, que tanto me gustaba. Para Cayetana, con cariño de Jackie)”. Esa frase convierte la obra en algo más que una pintura: es también un testimonio de amistad y admiración personal.
Su gusto por la pintura y las artes decorativas encaja con la imagen de una mujer muy sensible a la estética, algo que también se reflejó en su papel como Primera Dama y en la manera en que cuidó los espacios que habitó.
Ella fue la gran responsable de la gran renovación estética de la Casa Blanca entre 1961 y 1963, cuando impulsó una restauración histórica para recuperar muebles y obras de arte. Su objetivo no era modernizar por capricho, sino devolver al edificio una identidad histórica y cultural.
Volviendo a la pintura, Jackie Kennedy disfrutaba creando paisajes y escenas cotidianas con acuarelas. Se sabe que le gustaba sentarse a pintar junto a su hija Caroline. Incluso pintó una hermosa acuarela del edificio de la Casa Blanca con el río Potomac de fondo, la cual fue donada a la Biblioteca y Museo Presidencial John F. Kennedy.
Su interés por las artes era solo un pasatiempo, aunque se graduó en Arte y Literatura Francesa por la Universidad George Washington en 1951.
Nunca se dedicó a ello de manera profesional, solo desarrolló esta pasión de manera privada. Jackie tendía a un estilo muy libre, casi de boceto, con colores suaves y sin obsesión por el detalle académico.
Acuarela de Jackie Kennedy.
Además de la acuarela del Palacio de Las Dueñas, otra de las obras que se conocen de Jacqueline es una acuarela de 1963, que muestra a su cuñado Stanislaw Radziwill caminando junto a un amigo.
La obra no es un gran cuadro de salón, sino una acuarela de pequeño formato, de unos 16 x 20 centímetros aproximadamente. Eso ya dice mucho de su carácter: no estaba pensada para exhibirse como una obra solemne, sino como un detalle personal.
La escena conmemora una caminata de más de 80 kilómetros que Radziwill realizó dentro de la iniciativa de ejercicio impulsada por John F. Kennedy, y Jackie se unió brevemente a ese recorrido.
La primera Dama la pintó como un gesto de afecto hacia su cuñado. Radziwill le devolvió el obsequio con un reloj Cartier
La pintura fue subastada en Nueva York por Christie's en 2017 junto con el reloj Cartier que usó por años.