Estrella Morente y Salobreña en un montaje de JALEOS. Gtres/Pexels
El refugio de Estrella Morente: el mejor pueblo de la Costa Tropical con Castillo Árabe del siglo X y a 2 km de la playa
La artista encuentra en el Mirador Enrique Morente un espacio de memoria, en un enclave dominado por el histórico Castillo de Salobreña.
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En lo alto de un peñón blanco que cae en picado hacia el Mediterráneo, el silencio solo se rompe por el viento suave que sube desde la vega.
Allí, en uno de los miradores más discretos y evocadores de la Costa Tropical, Estrella Morente encuentra un refugio íntimo que va mucho más allá del verano: un lugar de memoria, arte y raíces familiares.
El enclave no es otro que Salobreña, el pueblo que su padre, el legendario Enrique Morente, convirtió en paisaje emocional propio hace décadas.
A día de hoy, la familia conserva una casa en el casco antiguo, alejada de los focos y de cualquier lujo ostentoso, donde el verdadero privilegio es el silencio de las calles encaladas y la cercanía del vecino de toda la vida.
En el Mirador Enrique Morente, suspendido sobre el acantilado, Estrella ha definido este lugar como su espacio de "paz y creación", un balcón natural donde el cante parece dialogar con el mar.
Pero si hay un elemento que define la silueta de Salobreña es su imponente Castillo de Salobreña, una fortaleza de origen califal del siglo X que domina el casco histórico.
Reformado en época nazarí y posteriormente por los cristianos, el castillo fue mucho más que una defensa: llegó a ser una peculiar "prisión de lujo" donde estuvieron cautivos reyes como Yusuf III o Muhammad VII.
Salobreña, pueblo de Granada. Envato Elements.
Lejos de las celdas oscuras, aquellos monarcas vivieron entre patios, estancias abiertas al mar y una sorprendente sensación de esplendor contenido.
El conjunto fortificado se estructura en tres recintos y conserva torres emblemáticas como la del Homenaje o la de la Inquisición, recordando su importancia estratégica en la historia del Reino de Granada. Desde sus muros, la vista se abre a un paisaje que explica por sí solo la singularidad del lugar.
Salobreña no se entiende sin su geografía escalonada. El casco histórico se asienta sobre un enorme peñón, separado del mar por apenas dos kilómetros de vega fértil.
Ese tramo, conocido como la Vega del Guadalfeo, fue durante siglos un mar de caña de azúcar -el último cultivo tradicional de este tipo en Europa- y hoy se ha transformado en un mosaico de frutos subtropicales como aguacates, mangos o chirimoyas.
Al final del recorrido aparecen las playas de La Guardia y La Charca, amplias, de arena oscura y aguas cristalinas, vigiladas por el icónico peñón que se adentra en el mar.
El Castillo de Salobreña Wikipedia Commons
El paseo por el barrio antiguo, con calles como la Bóveda o la Estación, recuerda a un pequeño laberinto blanco de herencia nazarí donde la luz deslumbra al mediodía.
Entre tapas incluidas -como las espichás o el pulpo a la contramesa- y una temperatura media envidiable gracias a la protección de Sierra Nevada, la vida fluye sin prisa.
Iglesias mudéjares, puertas históricas como el Postigo o jardines como el Paseo de las Flores completan un conjunto que ha sido escenario de cine y reconocido como uno de los pueblos más bellos de España en múltiples ocasiones.
Pero más allá de los reconocimientos, Salobreña sigue siendo, para Estrella Morente y su familia, un lugar donde el arte no se exhibe: se respira.