Marc Puig.

Marc Puig. Getty

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El secreto del apellido Puig: discreción, fidelidad a la Corona y una fusión milmillonaria con los Lauder

La alianza entre la multinacional catalana y el gigante estadounidense creará un coloso de 20.000 millones de ingresos, uniendo a dos dinastías.

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Dos de los apellidos más famosos vinculados al sector de la belleza firmarán en pocas semanas un acuerdo de fusión que les convertirá en los más poderosos de la industria. Se trata de los estadounidenses Lauder -propietarios de Estée Lauder- y los catalanes Puig, de la multinacional Puig.

Juntos obtendrían 20.000 millones de ingresos anuales. Según Forbes, en 2025 los Puig fueron la cuarta familia más rica de España con un patrimonio de 8.500 millones de euros, mientras que el de los Lauder asciende a los 14.500 millones. En ambas, la tercera generación está al frente del milmillonario negocio.

Aunque parezca un cuento, el origen de los Puig fue tremendamente humilde en una época en la que Europa convulsionaba por diferentes factores sociales.

Los hermanos Manuel Puig y Marc Puig.

Los hermanos Manuel Puig y Marc Puig.

Hay que trasladarse a Vilassar de Dalt (Barcelona) donde Simón Puig era un abnegado agricultor que trabajaba de sol a sombra. Con su esfuerzo, la calidad de la tierra y los beneficios del clima consiguió convertirse en un próspero comerciante de patatas.

Consciente de lo esclavo que era el campo, aconsejó a su único hijo, Antonio Puig Castelló, que se matriculara en la universidad para poder controlar mejor su futuro.

Estudió Comercio en Barcelona y, al acabar, se marchó a Londres durante dos años para completar sus conocimientos. En tierras de la Corona Británica, el joven Puig empezó a reinventarse.

También lo hicieron los Windsor ya que el rey Jorge V -abuelo de Isabel II- tomó prestado ese apellido del castillo de Windsor para olvidar el origen germánico del Sajonia-Coburgo-Gotha. En la sociedad británica existía un profundo sentimiento anti alemán por la I Guerra Mundial.

A su regreso a Cataluña, Antonio invirtió en un negocio de representación de libros, caucho y perfumes, como los de la firma francesa D’Orsay, entre otros objetos, que enviaba al extranjero en barco.

Un submarino alemán torpedeó una de sus naves y, al perder la mercancía, prácticamente cayó en bancarrota. Aquello no le amilanó. Sabía que podía reflotar su negocio, pero decidió centrarse únicamente en los perfumes.

Durante su estancia en Londres se había enamorado de ese universo de los olores, por lo que en 1914 decidió fundar la empresa Antonio Puig S.A. cuya fábrica estaba ubicada en el sótano y los bajos de un edificio de la calle Valencia, en pleno Eixample barcelonés.

Desde el principio, su esposa Julia Planas Cabot, con quien tuvo cuatro hijos, Antonio, Mariano, José María y Enrique, fue un gran apoyo.

En 1922 dieron el primer pelotazo al comercializar Milady, el primer pintalabios fabricado en España gracias a su empresa Industrias Metálicas, encargada de hacer los tubos metálicos.

Carolina Herrera, Marc Puig y Anna Wintour.

Carolina Herrera, Marc Puig y Anna Wintour. Getty

Tres décadas después, los Puig decidieron rebautizar a esta última como Flamagas, con la que diversificó el negocio gracias a los mecheros Clipper.

El pintalabios fue el pilar sobre el que se construyó el imperio de los Puig, que siguió innovando con el lanzamiento de Agua Lavanda Puig a partir de una fórmula que le había proporcionado el perfumista judeo-francés Isaac Segal a base de bergamota, lavanda y romero.

Con este aroma empezaron a competir a nivel estatal con otras empresas establecidas como Perfumería Gal (1901), Parera (1914) o Myrurgia (1916) y, sobre todo, les permitió exportar con éxito a varios países.

El éxito económico les permitió cambiar de sede por una mucho más señorial en la Travessera de Gràcia de Barcelona que llamaba la atención por su majestuosa escalera interior. La nueva sede de los Puig les catapultaría a lo más alto.

Mariano Puig Planas reveló hace muchos años que cuando Edwin Rüschmeyer, alto ejecutivo de una de las firmas que representaban vio el nuevo local, exclamó: "¡Esta es una jaula muy grande para un pájaro muy pequeño!".

Su hermano José María Puig dijo que "después de ver la escalera, te miraban de otra forma. No necesitabas más tarjeta de presentación". En 1948 lanzaron L’Air du Temps de Nina Ricci, un éxito imperecedero.

Con la llegada de 1950, la segunda generación de los Puig se puso al frente de la empresa. Antonio se centró en la creación, Mariano en la expansión, José María en la diversificación y Enrique en las relaciones internacionales.

El patriarca les dio un sabio consejo formado por cinco etapas: "En la primera hay que aprender a hacer; la segunda es hacer; la tercera enseñar a hacer; la cuarta hacer y la quinta, dejar hacer".

Esta segunda generación, con una excelente formación académica y profesional, consiguió posicionar aquella pequeña empresa nacida en un sótano en un ejemplo de crecimiento sostenido y de internacionalización.

Aunque parezca increíble, fue un profesor asociado español de neurología en la New York University llamado Fernando Aleu quien gracias a un comentario logró que el Agua Lavanda Puig se comercializara en Estados Unidos. Escribió a Mariano Puig para que le enviara un lote de fragancias para uso personal y para venderlas en el campus de estudiantes.

"Como Mariano quería expandir su negocio a América y nos entendimos tan bien, decidí aprovechar el año sabático de la universidad para ayudarle. Al volver a la facultad me reuní con el decano para abandonar mi trabajo como docente y dedicarme a los perfumes", explicó en una entrevista.

Marc Puig junto a los Reyes, Letizia y Felipe.

Marc Puig junto a los Reyes, Letizia y Felipe. Getty

Fernando se convirtió en el representante de Puig en Estados Unidos donde en 1962 se establecieron las primeras oficinas. Todo ese movimiento empresarial permitió a la familia catalana tener un contrato en exclusiva para la distribución en España de Max Factor, el maquillaje de las estrellas del Hollywood clásico.

A partir de mediados de los sesenta, los Puig fueron convirtiéndose en líderes del cuidado de la piel -en 1966 crearon los geles de baño y ducha Moana- y en 1968 crearon la división de perfumería de Paco Rabanne en Francia (Calandre, Paco Rabanne pour Homme). Ese mismo año, la familia creó su propia formulación para la fragancia Agua Brava.

En 1987 se quedaron también con la división de moda y accesorios de Paco Rabanne, quién poco antes de morir confesó que "si soy Paco Rabanne es gracias a Mariano Puig" ya que se había convertido en un segundo padre tras el fusilamiento de su progenitor en la Guerra Civil.

Ya entrados en la década de los noventa, la tercera generación de los Puig aunó fuerzas para convertir su empresa en un referente mundial con la adquisición de algunas de las marcas de lujo más famosas del mundo.

Bajo su mandato se incorporaron las marcas Carolina Herrera, Jean Paul Gaultier, Myrurgia, Charlotte Tilbury o Dries Van Notten. Asimismo, obtuvieron licencias de Prada, Christian Louboutin y Comme des Garçons.

En la actualidad, el clan de los Puig lo conforman cuatro ramas que controlan el 25% cada una. A diferencia de otras grandes familias en las que ha habido puñaladas por la espalda para hacerse con el control de alguna multinacional, en el caso de los Puig siempre ha reinado la calma. Han seguido a rajatabla las premisas del fundador.

Estas cuatro ramas son los Puig-Rocha, los Puig-Guash, los Puig Alsina (hijos de Enrique Puig) y los Puig Alsina, descendientes de José María Puig, el último de la segunda generación en fallecer en 2014, justo el año en el que la multinacional salió a bolsa.

Todos y cada uno de los miembros de esta distinguida familia de la burguesía catalana venera la finca Les Ginesteres, la finca de Vilassar de Dalt convertida en el germen de un imperio que tiene más de 110 años de vida.

En sintonía con la mayoría de industriales catalanes, los Puig huyen de los eventos sociales, se desconoce dónde se ubican sus mansiones y pisos palaciegos y son tremendamente herméticos y discretos en cuanto a su vida amorosa.

Sí se sabe que no son independentistas y que apoyan a la Familia Real. De hecho, dos meses antes de la abdicación de Juan Carlos I (88), los entonces príncipes de Asturias inauguraron la nueva sede corporativa en L’Hospitalet de Llobregat (Barcelona) denominada Torre Puig.