José y Javier Moro, en una fotografía tomada en 2019.

José y Javier Moro, en una fotografía tomada en 2019. Gtres

Famosos CAMINOS SEPARADOS

El otro cisma de los bodegueros Moro: el día que los hermanos Javier y José rompieron lazos y hoy se hacen la competencia

En abril de 2022, se hizo efectiva la salida de José de Bodegas Emilio Moro a raíz de "diferencias en la visión estratégica" con el resto de la familia.

Más información: Moro contra Moro: la guerra vinícola entre dos bodegas unidas por el bisabuelo Hipólito y enfrentadas en los tribunales

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1962 fue un año duro y, al mismo tiempo, excelso y bonito para la familia bodeguera Moro. El destino, caprichoso, así lo quiso. A lo largo de aquellos 365 días perdió la vida Emilio Moro, fundador de las Bodegas Emilio Moro, y vino al mundo Javier Moro, actual presidente de las bodegas.

Murió el padre y nació el hijo, para continuar con el vasto y respetado legado de esta familia vallisoletana. Así, con el mundo vitivinícola como telón de fondo, se han traspasado los miembros Moro, generación tras generación, el trabajo, el tesón, la responsabilidad y el amor -por el vino-.

Puede jactarse la familia Moro de haber no sólo seguido el camino que trazó el patriarca de esta saga, sino que han sabido todos encumbrar a nivel internacional la marca Ribera del Duero. Ahí, un dato incontestable: la empresa facturó 40 millones de euros en 2023. Y suma y sigue.

Los hermanos Moro, José -izquierda- y Javier junto al torero José Padilla.

Los hermanos Moro, José -izquierda- y Javier junto al torero José Padilla. Gtres

No obstante, en medio de este escenario, en paralelo, han surgido en torno al buen nombre de Moro suspicacias y problemas legales. Si hace unos días, EL ESPAÑOL destacaba la guerra judicial de la familia con José Moro, propietario de Bodegas Matarromera, ahora la fricción es interna.

De puertas para adentro. Entre hermanos. En concreto, entre José y Javier. Aparte de esta historia quedan Rubi y Fabiola, las otras dos hijas del matrimonio entre Felisa Espinosa y Emilio Moro.

Durante tres décadas, José y Javier Moro fueron el tándem imbatible que llevó el nombre de Emilio Moro a la cima del mundo, pero en la primavera de 2022 el descorche de una crisis interna terminó por quebrar la unidad de la estirpe más mediática de la Ribera del Duero.

En el corazón de Pesquera de Duero, el apellido Moro siempre fue sinónimo de unidad absoluta, una máxima impuesta por el patriarca, Emilio Moro, y que sus hijos respetaron... hasta que surgieron unas discrepancias que, a todas luces, y dados los acontecimientos, resultaron insalvables.

José Moro.

José Moro.

Antes de este quiebre, José Moro ejercía de presidente mientras su hermano Javier trabajaba en la sombra del comercio, recorriendo el mundo. Todo cambió el 1 de abril de 2022. La noticia sacudió los cimientos del sector vitivinícola cuando José abandonó la presidencia de la bodega madre.

La separación de los hermanos Moro no fue fruto del rencor ni nada por el estilo, sino de dos formas opuestas de entender el liderazgo. Se habló entonces de discrepancias, de diferencias "en la visión estratégica".

Hubo desacuerdos de gestión de imagen. Y se rompieron lazos. Las tensiones crecieron hasta hacerse insostenibles. Las juntas de accionistas se transformaron en un pulso por el rumbo de la empresa, hasta que el vínculo -empresarial- se rompió.

Javier asumió la presidencia de Bodegas Emilio Moro y José se marchó para dedicarse por completo a su proyecto independiente, Bodegas Cepa 21. Dicho de una manera algo más coloquial: los hermanos pasaron de aliados a hacerse la competencia.

Para Javier, fue la oportunidad de demostrar su propio liderazgo; para José, la dolorosa salida de la casa que llevaba el nombre de su padre.

Los equipos se repartieron entre dos bandos tácitos: los de Javier, que conservaron el legado y las etiquetas icónicas de la marca madre, y los de José, que se llevaron la innovación y el diseño vanguardista de Cepa 21.

Desde entonces, José volcó toda su energía en este nuevo proyecto, relanzando marcas como Hito y Malabrigo con una identidad propia y sin tener que rendir cuentas ante un consejo familiar.

Javier Moro junto a sus hermanas, Rubi y Fabiola.

Javier Moro junto a sus hermanas, Rubi y Fabiola.

En Cepa 21 encontró su independencia. La escisión transformó a los Moro en dos fuerzas distintas dentro del mismo mercado: uno enfocado en la continuidad y la tradición; el otro, en la modernidad y la reinvención.

Pese al sabotaje sufrido por Cepa 21 en 2024 -que causó la pérdida de miles de litros de vino-, ambas bodegas continúan adelante, separadas por unos pocos kilómetros.

Entonces, en 2022, José hablaba muy ilusionado de Cepa 21: "Me ilusiona ver despegar el proyecto de Cepa21 porque creo que tiene unos vinos con carácter ganador, que están obteniendo unos ratings sobresalientes de los críticos más prestigiosos y que necesitan más presencia en todo el mundo".

"Es un proyecto que lleva la impronta, la pasión y el legado que recibí de mi padre y de mi abuelo. Mi sueño es liderar este proyecto con determinación para seguir haciendo historia", apostilló.

La otra guerra Moro

En otro renglón, está el contencioso que libra la familia Moro con otro Moro, en esta ocasión lejos de la familia: Carlos Moro.

La polémica entre la familia Moro de Bodegas Emilio Moro y Carlos Moro, propietario del grupo Matarromera, tiene su origen en la coincidencia del apellido y en la disputa por el uso de determinadas marcas vinculadas al mundo del vino.

Aunque ambos proceden de ramas familiares distintas y sus bodegas no tienen relación empresarial entre sí, durante años se generó confusión en el mercado y entre los consumidores, lo que llevó a desencuentros legales y tensiones públicas.

Carlos Moro, en una fotografía extraída de la página web de Fundación Carlos Moro de Matarromera.

Carlos Moro, en una fotografía extraída de la página web de Fundación Carlos Moro de Matarromera.

La familia de Emilio Moro defendía que su apellido estaba directamente ligado a la tradición vitivinícola de Pesquera de Duero y que debía protegerse frente a posibles usos que pudieran generar equívocos comerciales.

Por su parte, Carlos Moro -con un proyecto empresarial propio, consolidado y ajeno a la bodega de Pesquera- reivindicó siempre su derecho legítimo a utilizar su apellido en sus marcas y en la identidad de Matarromera.

La disputa derivó en procedimientos administrativos y jurídicos relacionados con el registro de nombres y marcas. Hoy, la guerra sigue abierta en 2026. No existe una resolución definitiva y el conflicto continúa en tribunales.