Gemma Cuervo y Fernando Guillén, en una imagen de 2011.

Gemma Cuervo y Fernando Guillén, en una imagen de 2011. Gtres

Famosos MUERTES

Gemma Cuervo y Fernando Guillén: un idilio que surgió del flechazo y sobrevivió a una dolorosa separación

La veterana actriz, que ha fallecido a los 91 años, contrajo matrimonio con el mítico intérprete en 1960, seis meses después de haberse conocido.

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La noticia de la muerte de Gemma Cuervo ha sacudido por completo al mundo de las artes escénicas en España. La actriz ha fallecido a los 91 años este sábado, 14 de marzo.

Con su fallecimiento no solo se dice adiós a una de las grandes damas del teatro y la televisión. También la mitad superviviente de una de las historias de amor más largas y complejas de la escena en nuestro país.

En cualquier obituario sobre ella, sería imposible no mirar atrás y enlazar su nombre al de Fernando Guillén, su compañero de vida. Un actor al que siguió evocando hasta el final de sus días como "mi gran amor" y cuya ausencia definió toda su vejez.

La pareja de actores contrajo matrimonio el 18 de julio de 1960.

La pareja de actores contrajo matrimonio el 18 de julio de 1960. Gtres

En los homenajes que seguro acontecerán en los próximos días, es probable que se recuperen sus propias palabras al hablar de su marido, al que perdió en enero de 2013, como consecuencia de una larga enfermedad.

Esas en las que confesaba que, desde que él murió, vivía "con una pena enorme" y que jamás volvió a enamorarse. Porque el amor de su vida, más allá de sus tres hijos y sus nietos, fue su marido.

La historia de amor de Gemma y Fernando empezó como empiezan las grandes películas de amor del teatro: entre focos, ensayos y decorados compartidos.

Se conocieron en la década de los años 60, siendo ambos muy jóvenes y trabajando los dos en el teatro, en plena ebullición artística. La chispa entre ellos fue inmediata.

Coincidieron primero en el entorno del teatro, la compañía Lope de Vega y producciones de José Tamayo. Y, tal y como ha contado la propia Gemma, supieron enseguida que querían pasar el resto de sus vidas juntos.

“Un amigo vino a mi casa y se trajo a Fernando; de ahí, un día nos hicimos novios”. Él era un joven actor barcelonés con ambición, ella una catalana que ya empezaba a despuntar.

En cuestión de meses pasaron de compañeros de reparto a pareja: "Nos conocemos el 8 de enero de 1960 y en julio nos casamos".

Sellaron su compromiso en una boda nada convencional para la época, rodeados de familiares y colegas de profesión. Y con poco protocolo.

La propia Gemma recordaba que fue "mixta socialmente", ya que acudieron compañeros de oficio, y que ella vistió de blanco.

Gemma Cuervo y Fernando Guillén formaron una de las parejas más sólidas del cine español.

Gemma Cuervo y Fernando Guillén formaron una de las parejas más sólidas del cine español. Gtres

Aquel flechazo entre compañeros derivó en festejo nupcial en Barcelona el 18 de julio de 1960. Fue una ceremonia sencilla. "No la típica de los años 60, con tintes más intelectuales".

En su 'sí, quiero' estuvieron rodeados de compañeros de profesión. Cosas de la época, no pensaban aún en la luna de miel. Y es que más bien andaban con las agendas de trabajo llenas: al día siguiente tenían función.

De ese matrimonio nacieron tres hijos que convertirían a los Guillén-Cuervo en una auténtica saga. Primero llegó Natalia; después, Fernando; y en 1969 nació Cayetana, la pequeña, que años más tarde se haría tan popular como sus padres gracias al cine, el teatro y la televisión.

Gemma ha contado que la vida familiar era un equilibrio permanente entre maletas y mochilas del colegio: giras, ensayos, estrenos… y, al mismo tiempo, una casa donde nunca faltaban los libros ni las conversaciones largas.

Ella misma se enorgullecía de haber sacrificado cualquier lujo para darles educación y estabilidad, y resumía su equilibrio vital recordando lo unida que estaba a sus tres hijos.

Durante años formaron una de las parejas más sólidas de la industria del cine. Pero la suya no fue una historia ideal. Ni tampoco perfecta.

Aunque se quisieron con locura, no vivieron un cuento de hadas. En 1975, cuando ambos ya eran figuras reconocidas, Fernando se trasladó a Barcelona por trabajo.

En la ciudad condal iba a grabar la serie La saga de los Rius. Imposible imaginar entonces que aquella cinta iba a alterar la estabilidad familiar.

Con el tiempo, Fernando inició otra relación sentimental. El matrimonio se separó, aunque nunca rompieron del todo el vínculo humano ni el lazo profesional que habían tejido desde 1969 con su propia compañía, la 'Gemma Cuervo – Fernando Guillén'.

Con ella recorrieron España representando textos clásicos y contemporáneos, destacando por su audacia al llevar a escena obras de autores críticos o censurados durante la dictadura, como Albert Camus, Jean-Paul Sartre y Jean Cocteau.

Gemma Cuervo, con sus hijos Natalia y Fernando Guillén, en 2023.

Gemma Cuervo, con sus hijos Natalia y Fernando Guillén, en 2023. Gtres

A pesar de la herida que marcó la separación, ella siempre describió su romance como "una historia de amor maravillosa, en la que primaba la libertad y el respeto" y ha explicado que "nos necesitábamos, él a mí y yo a él. Nunca pedí explicaciones".

Hubo distancia, sí. Y una separación legal. E incluso una relación por parte de él, pero nunca se rompió del todo el hilo invisible que los unía.

Gemma lo explicaba con una mezcla de lucidez y ternura: "Fernando también era muy buena persona, un gran marido y un hombre estupendo. Me dejó una pena enorme al morirse. No me he vuelto a enamorar, estoy solita, y mis grandes amores son mis tres hijos y mis nietos".

Y siempre repetía que "nos necesitábamos, él a mí y yo a él", sin reproches públicos ni afán de ajuste de cuentas.

Ese cariño se vio con claridad en el último acto de la vida de Fernando. Cuando su salud se agravó, Gemma, de acuerdo con sus tres hijos, movió cielo y tierra para que aceptara ser trasladada a un hospital de Madrid y poder acompañarle en sus últimos días.

Allí permaneció, cogiéndole las manos y hablándole al oído, hasta que "su vida se fue apagando", como relataron quienes fueron testigos de aquel triste final.

Desde entonces, ella mantuvo un pequeño ritual íntimo: seguía hablándole, besando sus fotos y llevándole flores a la tumba, siempre que su salud se lo permitía.

Porque hay amores que, según sus palabras, "no entienden de tiempo ni de despedidas definitivas". Y fueron muchas experiencias, buenas y malas, las que superaron juntos.

Por eso, el día que se conoce la muerte de Gemma, muchas miradas se fijarán, inevitablemente, en ese lugar íntimo donde, al fin, la actriz que tanto lloró a su marido se reencontrará—al menos en el imaginario colectivo— con el gran compañero de su vida.