Richard Gere, en Berlín, el pasado 4 de junio.

Richard Gere, en Berlín, el pasado 4 de junio. GTRES

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El barrio donde Richard Gere rodó un documental en España: 121.000 habitantes y joya Patrimonio de la Humanidad

El actor se convierte en embajador del barrio de Gràcia en 'La vida es Verdi', un documental que rinde homenaje al centenario de sus míticos cines.

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Uno de los últimos y más singulares trabajos del célebre actor estadounidense Richard Gere (76 años) ha tomado como escenario las calles de España.

Se trata del largometraje documental híbrido La vida es Verdi, una producción que se rodó íntegramente en la ciudad de Barcelona, situando un foco absoluto en el carismático barrio de Gràcia.

La cinta, dirigida por la cineasta Berta García Lacht, se concibió para conmemorar el centenario de los emblemáticos Cines Verdi, la sala cinematográfica en activo más antigua de la capital catalana, y ha terminado por convertirse en una radiografía social y artística de una de las comunidades más vibrantes de la geografía nacional.

Una carta de amor al cine

Tras un exitoso paso por el circuito de festivales a principios de año, incluyendo proyecciones destacadas en el Festival de Málaga y en el BCN Film Fest, el estreno oficial del documental en las salas de exhibición de toda España se fijó finalmente para el pasado 19 de junio.

Aunque inicialmente la distribuidora había programado el lanzamiento para el mes de marzo, se tomó la decisión estratégica de trasladar la fecha al inicio del verano para hacerlo coincidir plenamente con las celebraciones oficiales del centenario de este mítico templo del séptimo arte barcelonés.

La vida es Verdi funciona en su esencia como una profunda "carta de amor a la gran pantalla" y una firme reivindicación de la experiencia colectiva de acudir a las salas de cine frente al imparable auge de las plataformas de streaming.

Lo verdaderamente magnético de la propuesta radica en su estructura formal: una mezcla de realidad con sutiles toques de ficción guionizada donde el hilo conductor recae en Yanira y Séfora, dos niñas de la comunidad gitana de Gràcia.

Las pequeñas juegan a ser directoras de cine y recorren el vecindario realizando un improvisado casting e interrogando al ecosistema que rodea a los Verdi.

A través de sus ojos, el espectador descubre los testimonios de quienes hacen posible la magia cotidiana, desde las trabajadoras de la limpieza -que relatan con humor los objetos más insólitos hallados entre las butacas tras las proyecciones- hasta vecinos centenarios y directores consagrados de la cinematografía española como J.A. Bayona, Isabel Coixet y Albert Serra.

Al ser un metraje que rinde homenaje directo a una comunidad y a unas salas tan específicas, las localizaciones reales se erigen como el alma de la película.

Fotograma del documental 'La vida es Verdi', en el que participa Richar Gere.

Fotograma del documental 'La vida es Verdi', en el que participa Richar Gere. A CONTRACORRIENTE FILMS, S.L.

La aportación estelar de Richard Gere

El rodaje capturó con fidelidad la vida en el interior de los Cines Verdi (Calle Verdi, 32), filmando en sus pasillos, vestíbulos y salas, donde el propio Richard Gere comparte butaca con la pequeña Yanira.

Asimismo, las cámaras se integraron en el latir diario de las estrechas calles peatonales y las plazas adyacentes que dotan al barrio de su atmósfera inconfundible.

La aparición de la estrella de Hollywood constituye uno de los momentos más llamativos y entrañables del documental.

Gere participa en calidad de invitado estelar y testimonio de excepción. En su escena cumbre, comparte la proyección de un filme en la penumbra de la sala junto a Yanira.

Mirando a la cámara, el actor estadounidense reflexiona sobre el valor intrínseco del cine.

Así, apela de forma directa a la "experiencia mágica" que supone dejarse atrapar por una historia en pantalla grande y rodeado de desconocidos, sumando así su prestigio internacional a la romántica tesis que defiende la cinta.

Calles del barrio de Gracia, en Barcelona.

Calles del barrio de Gracia, en Barcelona. iStock

Gràcia: el pueblo de los 126.000 habitantes

El distrito de Gràcia es, sin lugar a dudas, uno de los rincones con mayor identidad y personalidad de Barcelona.

Pasear por su entramado urbano evoca antes la tranquilidad y cercanía de un pequeño pueblo que el bullicio de una gran metrópolis.

Esta particularidad responde a una sólida razón histórica: Gràcia funcionó como un municipio independiente y soberano hasta que el crecimiento de la Ciudad Condal terminó por anexionárselo a finales del siglo XIX.

Un sentimiento de pertenencia e independencia cultural que sigue muy vivo entre los vecinos de toda la vida, quienes popularmente afirman que cuando descienden hacia Plaza Cataluña no dicen "voy al centro", sino "voy a Barcelona".

A pesar de ser el distrito más pequeño en extensión territorial de Barcelona (apenas unos 4,19 kilómetros cuadrados), Gràcia cuenta exactamente con 126.052 habitantes, lo que lo sitúa como una de las zonas con mayor densidad demográfica de todo el continente europeo.

En los últimos años, el distrito ha experimentado un notable auge impulsado por el "efecto internacional", atrayendo a nuevos residentes extranjeros que ya representan el 24% del total de la población del barrio, destacando la comunidad italiana como la más numerosa, seguida muy de cerca por la francesa.

El Park Güell se encuentra en el límite norte del barrio de Gràcia.

El Park Güell se encuentra en el límite norte del barrio de Gràcia. Pexels.

Arquitectura de vanguardia y raíces culturales

La zona equilibra con maestría el patrimonio arquitectónico más relevante con la vida bohemia de sus plazas.

Entre sus joyas imprescindibles destaca la Casa Vicens, construida entre 1883 y 1885 como la primera obra residencial de envergadura de Antoni Gaudí, cuyo estilo neomudéjar y espectacular fachada de azulejos verdes y blancos maravillan a los visitantes.

Asimismo, la memoria histórica se preserva en el Refugio Antiaéreo de la Plaza del Diamant; excavado a doce metros bajo tierra durante la Guerra Civil Española, es uno de los mejor conservados del país y servía para proteger a doscientas personas de los bombardeos.

El corazón administrativo e histórico lo marca la Plaza del Reloj (Plaça de la Vila de Gràcia), presidida por una imponente torre de 31 metros de altura, mientras que el universal Park Güell, diseñado también por Gaudí, abraza el límite norte del distrito influyendo directamente en su idiosincrasia.

Más allá de sus monumentos, la identidad de Gràcia se define por sus hitos populares.

Cada mes de agosto, el barrio se transforma radicalmente durante las célebres Fiestas de Gràcia, un evento donde los vecinos compiten decorando sus vías con materiales reciclados temáticos espectaculares, haciendo que el distrito pase de sus 120.000 residentes habituales a recibir a más de un millón de visitantes en una sola semana.

A ello se suma su peso musical: Gràcia tiene un arraigo histórico inmenso con la comunidad gitana y es considerada, junto al barrio de El Portal, la auténtica cuna de la Rumba Catalana en las décadas de los 50 y 60, con figuras míticas que desde la calle de la Fraternitat revolucionaron y dieron ritmo al género.

Richard Gere y Alejandra Silva en el décimo aniversario de Open Arms en Barcelona.

Richard Gere y Alejandra Silva en el décimo aniversario de Open Arms en Barcelona. Europa Press

La vida de Gere y Alejandra Silva a Barcelona

La estrecha relación de Richard Gere con este rincón barcelonés y sus salas de exhibición no es, sin embargo, una casualidad de producción.

Cabe recordar que el oscarizado actor y su esposa, Alejandra Silva, visitaron Barcelona a finales de abril de 2025 para asistir a la novena edición del BCN Film Fest.

Durante aquella estancia, la pareja acudió precisamente a los Cines Verdi para presentar el documental Sabiduría y felicidad, un proyecto producido por el propio Gere y protagonizado por el Dalái Lama.

Además, participaron activamente en un emotivo evento solidario en colaboración con la ONG Open Arms, consolidando un idilio con el histórico barrio que ahora queda inmortalizado en el celuloide.