Alberto Chicote, chef, en un montaje de EL ESPAÑOL.

Alberto Chicote, chef, en un montaje de EL ESPAÑOL.

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Alberto Chicote, chef: "La salsa brava no se hace con tomate, lleva 10 g de pimentón, 100 de ajo y 1 litro de caldo de jamón"

El cocinero y presentador de laSexta revela cuál es su truco para obtener unas patatas bravas dignas de las mejores barras de bar.

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M. A.
Publicada

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Las patatas bravas son, probablemente, la tapa más democrática y reconocible de la gastronomía española. En algunos puntos de nuestra geografía son un plato imprescindible a modo de aperitivo o para acompañar a cualquier tipo de bebida antes de las comidas.

Nacidas al calor de los bares madrileños de posguerra, se han convertido en un termómetro infalible de cualquier barra: si las bravas están buenas, el resto de la carta suele acompañar.

Su aparente sencillez —patata y salsa— oculta un universo de variantes, ortodoxias y herejías que alimenta debates tan encendidos como su propio picante.

En Madrid, por ejemplo, la tradición dice que la patata tiene que tener un corte irregular, y que esta tiene que estar frita hasta lograr un contraste nítido entre el exterior crujiente y un interior meloso.

Es en la salsa donde se libra la principal batalla. Mientras unos apuestan por una base de tomate o una mezcla entre mayonesa y salsa picante, otros reivindican una receta 'secreta' a base de caldo, pimentón y un punto de vinagre.

Es el caso de Alberto Chicote. El cocinero y presentador de laSexta desveló hace unos años su truco para conseguir una salsa brava digna de las mejores barras de la capital.

"He mejorado la salsa, no le pongo tomate, le pongo pimentón, cebolla, ajo y caldo de jamón. Esto es comida de bar", asegura en una de las entregas de Pesadilla en la cocina, formato que volverá muy pronto con una nueva temporada tras varios años en barbecho.

Ingredientes

  • 230 gramos de aceite de oliva virgen extra
  • 100 gramos de ajo
  • 20 guindillas sin pepitas
  • 400 gramos de cebollas rojas
  • 10 gramos de harina
  • 5 gramos de pimentón dulce
  • 5 gramos de pimentón picante
  • 100 gramos de vino blanco
  • 1 litro de caldo de jamón

Paso 1

Poner el aceite en una olla junto con los ajos picados, las guindillas sin pepitas y dejar que se hagan a fuego medio.

Paso 2

A mitad de cocción, añadir las cebollas picadas de tamaño medio y seguir cocinando a fuego medio hasta que estén bien doradas.

Paso 3

Poner los pimentones y la harina a la vez y cocinarlo durante 3-4 minutos

Paso 4

Mojar con el vino blanco y dejamos que evapore durante 2 minutos.

Paso 5

Añadir el caldo de jamón o de cocido, y dejar que cueza tapado durante 30 minutos a fuego suave.

Paso 6

Triturar todo y colarlo. Volverlo a hervir y poner a punto de sal.

Paso 7

Servir por encima de las patatas.

Su último proyecto en televisión ha sido Batalla de restaurantes, un formato en el que hasta cuatro locales compiten entre sí para buscar la excelencia tanto en espacio, servicio, comida y precio.

Lejos de Madrid, las bravas mutan y se adaptan. En Barcelona conviven versiones más sofisticadas, con alioli ahumado o emulsiones casi de alta cocina. Como en Valencia, que se sirven contundentes, muy salseadas y con contraste picante-ajo.

Pese a esta diversidad, hay un consenso tácito: la ración de bravas es un acto social. Se pide al centro, se comparte sin preguntar y funciona como excusa perfecta para alargar una conversación, un vermú o una noche cualquiera.

En tiempos de fusiones y exceso de oferta, pocas tapas resumen tan bien la identidad del bar español como un plato de patatas bravas bien hechas.