Ferrán Adrià durante un discurso

Ferrán Adrià durante un discurso EFE

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Ferran Adrià, 64 años: "Desayuno 4 galletas, café y fruta pero nunca tomo huevo frito, aunque me encanta"

El mítico chef catalán reivindica la sencillez extrema en su rutina diaria.

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Cualquiera podría imaginar que la rutina alimentaria del hombre que revolucionó la gastronomía mundial está repleta de ingredientes exóticos, técnicas moleculares y elaboraciones complejas.

Sin embargo, la realidad de Ferran Adrià (64 años) es diametralmente opuesta. El artífice de elBulli, el restaurante que cambió para siempre la historia culinaria, ha demostrado que cuando se quita la chaquetilla de chef, sus gustos son tan terrenales y cotidianos como los de cualquier ciudadano de a pie.

Es una época en la que abundan las dietas extremas, los ayunos y los superalimentos de moda, el cocinero catalán apuesta por el pragmatismo absoluto.

Su primera comida del día es toda una declaración de intenciones. Lejos de los abundantes desayunos continentales o los sofisticados brunch de fin de semana, Adrià tiene un menú matutino inamovible y sorprendentemente austero.

"Desayuno 4 galletas, café y fruta", confesó el propio chef, dejando claro que por las mañanas prioriza la rapidez y una digestión ligera frente a los grandes banquetes.

Pero hay un detalle que llama poderosamente la atención en su rutina diaria, una renuncia voluntaria a uno de sus manjares predilectos: "Nunca tomo huevo frito por las mañanas, aunque reconozco que me encanta".

Una decisión que responde al cuidado de la salud, el colesterol y la línea a sus 64 años, reservando los fritos para momentos mucho más puntuales.

El desayuno de Ferran Adrià

Para el chef, separar su incansable labor como investigador gastronómico (actualmente al frente de elBulliFoundation) de su alimentación diaria en casa es fundamental.

En su cocina doméstica no hay sifones, ni texturizantes, ni nitrógeno líquido. Cuando le preguntan por su comida favorita, el cocinero no duda en encumbrar la gastronomía popular y el buen producto sin enmascarar.

Un buen jamón ibérico, unas gambas cocidas en su punto exacto de sal o una excelsa tortilla de patatas figuran siempre en su olimpo personal.

La nostalgia y la memoria gustativa también juegan un papel clave en el paladar del genio de L'Hospitalet de Llobregat. Si hay sabores que le teletransporten de inmediato a su infancia, son los guisos tradicionales y el inconfundible olor a sofrito lento que inundaba la cocina de su madre, Josefa.

Esos estofados, los escabeches y los platos de cuchara a fuego lento (esos mismos que inspiraron el aclamado recetario La comida de la familia, donde desveló los menús diarios del personal de elBulli a un precio asequible) siguen siendo su mayor refugio emocional.

Son el recordatorio constante de que, antes de deconstruir la tortilla de patatas para asombrar al mundo entero, primero aprendió a amarla en su versión más clásica y casera.

Así es el día de un genio que ha sabido madurar con total sabiduría gastronómica. A sus 64 años, Ferran Adrià demuestra que la verdadera vanguardia también consiste en saber disfrutar de lo ordinario y que, muchas veces, el mayor de los lujos es empezar la mañana mojando unas sencillas galletas en una buena taza de café.