Pedro Ruiz, en 2023

Pedro Ruiz, en 2023 Jesus Briones / GTRES

Corazón

Pedro Ruiz, 78 años: "Tuve una infancia humilde. Era un niño de campo, salía a cazar lagartijas y a coger higos. Mi madre era pescadera y mi padre chófer"

El veterano comunicador se sinceró sobre algunos detalles desconocidos de su niñez.

Más información: Jesús Castro: "Antes de ser actor trabajé como churrero y electricista por tener una salida, pero no me gustaba".

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Conocemos al Pedro Ruiz presentador, al actor, al escritor de verbo afilado y, para muchos, al genio incomprendido de la televisión española.

A sus 78 años, su figura pública está ineludiblemente ligada al éxito, a los grandes teatros y a un carácter arrollador que no deja a nadie indiferente. Sin embargo, detrás del artista que se codea con la élite cultural, se esconde un pasado marcado por la escasez, el trabajo duro y las calles sin asfaltar.

Lejos de los focos y del ego que a menudo se le atribuye, el verdadero origen de Pedro Ruiz es el de una familia trabajadora que luchaba por salir adelante en la España de la posguerra.

Para entender al hombre, hay que mirar al niño. Y el pequeño Pedro no soñaba con cámaras ni aplausos, sino que vivía pegado a la tierra. Él mismo lo relata con una honestidad desarmarte cuando echa la vista atrás: "Tuve una infancia humilde. Éramos niños de campo, salíamos a cazar lagartijas y a coger higos".

"Yo acompañaba a mi abuelo, que tenía una jaca con la que acudía cargado a los mercados. Aquello me instaló en la sencillez, en la vida humilde marcada por el esfuerzo. De mi madre aprendí la dignidad, la mejor herencia que nadie pudiera hacerme", continuó explicando en una entrevista en ABC.

Esa libertad salvaje de las afueras forjó un espíritu independiente que le acompañaría toda su vida. No había lujos en su casa, pero sí una ética de trabajo inquebrantable heredada directamente de sus progenitores. "Mi madre era pescadera y mi padre chófer", confiesa el artista con el orgullo de quien sabe lo que cuesta ganar cada peseta.

La estrechez económica en su hogar obligó a Pedro a madurar de golpe. La educación no era un derecho garantizado, sino un lujo que había que sudar. Lejos de acomodarse, el joven arrimó el hombro desde muy temprano en el negocio materno.

"Trabajé con mi madre en una tienda de bacalao y verduras para poder estudiar", recuerda. Aquellas madrugadas entre el olor a salazón, el frío del mostrador y el trato directo con la clientela del barrio fueron su primera gran escuela.

Allí aprendió no solo el valor del dinero, sino también a observar a la gente, captar sus acentos, sus miserias y su humor; un máster en sociología callejera que más tarde volcaría en sus monólogos y personajes televisivos.

Los orígenes de Pedro Ruiz

Pero si hay un momento que define la insólita madurez de aquel niño de campo, es una determinación que tomó cuando apenas levantaba un palmo del suelo. Mientras otros niños jugaban a las canicas sin pensar en el mañana, Pedro Ruiz ya estaba diseñando su futuro con una claridad pasmosa.

Tal y como ha revelado en sus entrevistas más íntimas, a los nueve años tomó la firme decisión de no tener hijos. Una elección vital insólita para un crío de esas edad, motivada quizá por su desbordante mundo interior o por la prematura consciencia de las dificultades de la vida.

Hoy, a sus 78 años, aquel niño que cazaba lagartijas y vendía bacalao sigue vivo en el interior del showman.

Un hombre que se construyó a sí mismo desde cero, protegiendo su independencia por encima de todo y demostrando que, a veces, las lecciones más valiosas para triunfar en la vida se aprenden detrás de un modesto mostrador de ultramarinos.