Vista aérea de Peñíscola, en Castellón.

Vista aérea de Peñíscola, en Castellón. iStock

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El pueblo español ideal para una escapada: castillo templario del s.XIII, hogar de un Papa y escenario de 'Juego de Tronos'

Este municipio frente al Mediterráneo es el destino perfecto para quienes buscan playas, rincones con historia y parajes naturales protegidos.

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Conocida popularmente como "la ciudad en el mar", Peñíscola emerge sobre las aguas del Mediterráneo como uno de los destinos más fascinantes y fotogénicos de la Península Ibérica.

Este antiguo pueblo de pescadores, ubicado en la provincia de Castellón, ofrece una propuesta turística inigualable donde la majestuosidad de su patrimonio histórico convive en perfecta armonía con una costa privilegiada y una gastronomía de raíces marineras.

Todo ello la convierte en la opción ideal para una escapada de fin de semana.

Castillo del Papa Luna, en Peñíscola (Castellón).

Castillo del Papa Luna, en Peñíscola (Castellón). iStock

El Castillo del Papa Luna

El indiscutible icono de la silueta urbana de Peñíscola es el Castillo del Papa Luna. Esta imponente fortaleza templaria fue edificada entre los años 1294 y 1307 sobre los cimientos de una antigua alcazaba árabe.

Coronando la zona más elevada del peñón, a 64 metros sobre el nivel del mar, el baluarte regala a los visitantes unas vistas panorámicas impresionantes del litoral levantino.

Su relevancia histórica a nivel internacional es enorme: sirvió de sede pontificia para Benedicto XIII, el célebre Papa Luna, durante los convulsos años del Cisma de Occidente.

En la actualidad, perderse por el entramado de sus salones, caballerizas y terrazas resulta un recorrido imprescindible para cualquier viajero.

A los pies de la fortaleza se despliega el casco antiguo y sus murallas, un histórico núcleo urbano rodeado por fortificaciones construidas en diferentes etapas de la historia, entre las que sobresalen de manera especial las erigidas bajo el reinado de Felipe II.

Peñíscola.

Peñíscola. Pexels.

Adentrarse en él es como retroceder en el tiempo; pasear por sus calles empedradas, estrechas y flanqueadas por pintorescas viviendas de fachadas blancas y ventanas azules constituye una auténtica delicia para los sentidos.

Durante el paseo, el visitante se topará con tres paradas obligatorias. Una de ellas es El Bufador. Se trata de una impresionante brecha natural abierta en la misma roca sobre la que se asienta el pueblo, por la cual el mar "respira" con fuerza, expulsando estruendosos soplos de agua y espuma en los días de fuerte temporal.

Otra es la Casa de las Conchas, una de las fachadas más singulares y fotografiadas del municipio, recubierta en su totalidad por conchas marinas tradicionales.

Por último, el Faro. Edificado en el año 1890, este histórico edificio continúa ejerciendo hoy en día como punto de guía marítima a la vez que sirve de mirador excepcional.

Peñíscola, en Castellón.

Peñíscola, en Castellón. Ramón Perucho (Pexels).

Playas urbanas

El apartado natural de Peñíscola destaca por ofrecer playas y calas para todos los gustos, distribuidas en dos zonas de costa con caracteres radicalmente opuestos.

Por un lado, la Playa Norte se presenta como la gran playa urbana de la localidad; cuenta con más de 5 kilómetros de longitud de arena fina, aguas tranquilas y una completa gama de servicios turísticos, todo ello vigilado por la omnipresente silueta del castillo.

Por otro lado, hacia el sur del peñón, se abre la Playa Sur, una zona mucho más resguardada que da paso a una sucesión de calas salvajes y vírgenes de roca y cantos rodados, como la Cala Volante o la Playa del Russo, enclaves ideales para los entusiastas del esnórquel.

Esta vertiente más salvaje se conecta de manera directa con el Parque Natural de la Sierra de Irta, considerado uno de los últimos reductos de costa virgen que todavía resisten en el Mediterráneo español.

Situado justo en el límite sur del término municipal, este paraje protegido combina abruptos acantilados con recónditas calas y despliega una maravillosa red de caminos acondicionados para el senderismo o las rutas en bicicleta.

En el interior del parque destacan dos tesoros patrimoniales: la Torre Badum, una antigua torre vigía colgada al borde de un acantilado, y la Ermita de San Antonio, un punto estratégico desde el cual se contempla una perspectiva única y privilegiada de toda la comarca.

La Casa de las Conchas, en Peñíscola, con su singular fachada de conchas marinas.

La Casa de las Conchas, en Peñíscola, con su singular fachada de conchas marinas. iStock

Un plató cinematográfico

Los amantes del séptimo arte encontrarán en Peñíscola un motivo extra para su visita, dada su consolidada trayectoria como escenario de cine y televisión.

Sus murallas, plazas y dependencias palaciegas han servido de plató internacional para rodajes tan legendarios como el de la película cinematográfica El Cid (1961), protagonizada por Charlton Heston.

En fechas más recientes, el carisma del municipio encandiló a los productores de la aclamada serie de televisión Juego de Tronos, transformando las históricas piedras de la localidad en las calles de la ciudad de Meereen durante la emisión de su sexta temporada.

Para completar la experiencia, Peñíscola conquista el paladar del viajero a través de su gastronomía marinera, una cocina de herencia pescadora profundamente vinculada a los productos frescos del mar.

Resulta obligado degustar recetas tradicionales como el All i Pebre de rape, los sabrosos arroces marineros (como el arroz a banda o la paella clásica), los populares caragols de mar (caracoles de mar) o el reputado langostino de Peñíscola.

El broche de oro dulce lo ponen los flaons de Peñíscola, unos pasteles tradicionales rellenos de requesón y almendra que se alzan como la gran especialidad repostera de la zona.