Jardines del Palacio Real de La Granja de San Ildefonso
Parece Versalles, pero es España: palacio de lujo del siglo XVIII, espectaculares jardines y fuentes monumentales
Este enclave cuenta con una gran laguna que recoge agua y abastece a las más de 20 fuentes escultóricas.
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Si uno piensa en Versalles, inmediatamente se le viene a la mente la imagen del lujo desbordante: palacios infinitos, lámparas de cristal e inmensos jardines. Todo respira grandeza, como un eco del poder que una vez lo habitó.
Galerías majestuosas, techos elevados y bóvedas que narran historias de dominio absoluto se entrelazan en una arquitectura donde el barroco y lo clásico dialogan con armonía. Cada detalle es un reflejo de opulencia, de orden y de belleza calculada.
En el Real Sitio de La Granja de San Ildefonso, coloquialmente conocido como el "Versalles español", ese lugar cobra vida en suelo español. Caminar por sus estancias y jardines es adentrarse en un mundo donde la historia y la realeza aún parecen susurrar entre fuentes y senderos.
Palacio nevado de La Granja de San Ildefonso, Segovia, España
Y no es para menos, en su creación, el palacio y los jardines franceses fueron concebidos a imitación del modelo de esta ciudad francesa, adaptado en sí a la monarquía borbónica española de ese momento.
En un principio, el lugar empezó como lugar de caza de los Reyes Católicos. Más tarde pasó a manos de los monjes jerónimos, que construyeron una hospedería y una granja, y, en 1720, Felipe V decidió convertirlo en su residencia de verano y retiro personal.
Algo que fácilmente experimenta quien hoy visita sus alrededores, con cerca de unas 146 hectáreas de bosques, estanques, fuentes y laberintos.
A lo largo de todo el enclave se presentan decenas de fuentes escultóricas con temática mitológica que solo entran en funcionamiento en fechas señaladas.
Las fuentes siguen funcionando hoy en día gracias a un sistema sin bombas. El agua llega desde embalses y tuberías ocultas en la sierra, con desniveles que generan la presión suficiente para que algunos chorros alcancen decenas de metros.
Si paseas por la Granja te darás cuenta que en el punto más alto hay una gran laguna. Este, conocido como el "mar de La Granja", es un estanque artificial para recoger agua y así abastecer a las fuentes.
Hay que destacar que fue un proyecto de ingeniería avanzado para la época, con canalizaciones pensadas incluso para separar entre el agua limpia y sucia, algo muy poco habitual en el siglo XVIII.
Residencia de la monarquía
Si visitas La Granja no puedes irte sin entrar en el Palacio Real de la Granja de San Ildefonso. Es una de las residencias históricas de la monarquía. El edificio tiene planta de U, con dos patios internos — el de los Coches y el de la Herradura—.
La fachada combina estilo barroco español con influencias italianas. Destaca su piedra rosácea de Sepúlveda y sus ventanas alineadas con una decoración sobria, pero muy elegante, pensada para enmarcar el jardín francés.
Palacio de La Granja de San Ildefonso, Segovia, España
El Palacio es mucho más que un simple edificio, es la combinación de arquitectura, pintura, decoración y tapicería.
En su interior, algunas de sus salas más destacadas son el dormitorio de sus Majestades, la Galería de Retratos o el Gabinete de Espejos.
El palacio también alberga el Museo de Tapices de La Granja, una de las mayores colecciones de paños flamencos. Además de tapices, llama la atención también sus lámparas de cristal, relojes de lujo, lacas japonesas, tibores orientales o pinturas de autores flamencos e italianos.
Sala de mármoles, Palacio de La Granja
Adosada al Palacio está la Real Colegiata de la Santísima Trinidad, que sirve como capilla real y alberga los sepulcros de Felipe V e Isabel de Farnesio, algo muy poco habitual, ya que la mayoría de los monarcas Borbones y Habsburgo están enterrados en El Escorial.
Tu última parada en este lugar tan fascinante debe ser la Real Fábrica de Cristales, que nació como ambición de los primeros borbones de romper el monopolio francés e italiano sobre espejos y lámparas de lujo.
Hoy en día se puede visitar para ver cómo se trabaja el vidrio de forma artesanal, casi como en el siglo XVIII.