El acto de rechinar los dientes, ya sea de día o mientras se duerme, recibe el nombre de bruxismo. Además de hipersensibilidad dental y dolor constante en los músculos faciales y en los dientes, el bruxismo puede provocar otros problemas como: Hipersensibilidad aguda. Al rechinar los dientes, las piezas dentales se desgastan, astillan y rompen produciendo dolor en la zona mandibular.

Tipos de bruxismo

El tipo de bruxismo más habitual es el que se relaciona con el sueño y se produce de noche. Además, es el más difícil de controlar. Algunos especialistas distinguen hasta cinco tipos de bruxismo diferentes:

  • De apretamiento: cuando se aprietan los dientes mientras hay contracción muscular.

  • De frotamiento: cuando se friccionan los dientes y los músculos se contraen y se relajan produciendo un desgaste dental.

  • Diurno: relacionado con hábitos como apretar los labios entre los dientes o morderse las uñas.

  • Nocturno: se produce de noche y, al día siguiente, el paciente presenta cansancio muscular.

  • Diurno y nocturno: bruxismo crónico tanto de día como de noche.

Causas del bruxismo

Los especialistas difieren sobre las causas que originan el bruxismo aunque todo apunta al estrés y la incapacidad de la persona para la relajación. No obstante, hay otras causas que se citan y que pueden ser una alineación inadecuada de los dientes, factores alimenticios que sigue el paciente, una mala postura al dormir, malos hábitos en el sueño, la presencia de trastornos respiratorios durante el sueño, etc.

Dependiendo de la causa que lo produzca, el bruxismo es diferente en cada caso. De ahí que haya que recibir el diagnóstico más adecuado a través de un especialista.

Síntomas del bruxismo

Hay muchas personas que sufren de bruxismo y, en realidad, no presentan ningún tipo de molestias. Hasta el punto de que solo son capaces de descubrirlo cuando alguien les comenta que les rechinan los dientes por las noches. En el bruxismo, los dientes ejercen una presión excesiva en los músculos, los tejidos y las estructuras que rodean la mandíbula. Es muy importante detectarlo a tiempo y tratar de ponerle freno nada más aparezcan los primeros síntomas, ya que de lo contrario si se prolonga en el tiempo puede causar importantes problemas en la articulación temporomandibular. 

Los principales síntomas del bruxismo se asocian a la ansiedad, el estrés, la depresión, el dolor de oído y de cabeza, sensibilidad muscular y a las cosas calientes, frías y dulces, trastornos en la alimentación, dolor y/o inflamación de la mandíbula e insomnio.

Tratamiento del bruxismo

Las terapias para tratar el bruxismo tienen como objetivo reducir el dolor, prevenir el desgaste de las piezas dentales y evitar más daños permanentes en la mandíbula del paciente. Para ello, se suelen prescribir unos protectores dentales y férulas que el paciente deberá llevar mientras duerme. Este sistema ayuda precisamente a prevenir los daños en los dientes y los problemas que se puedan generar en la articulación temporomandibular.

La férula trata de proteger la dentadura de la presión que se ejerce cuando apretamos y rechinamos los dientes. Por lo general, se emplea una férula rígida de resina que ayuda a mantener la mandíbula mucho más relajada. No obstante, estos protectores dentales y férulas no eliminan el problema, de ahí que si se dejan de usar es muy probable que el bruxismo se reproduzca.

Otras medidas que suelen tomar los especialistas es eliminar de la dieta del paciente los alimentos duros y los dulces. Además, es muy recomendable realizar ejercicios de relajación que ayuden a reducir el estrés. También se puede aplicar paños calientes o hielo en la zona donde se produce dolor. Otras opciones son masajear la zona afectada, dormir las horas recomendadas, beber mucha agua o realizar una ortodoncia para alinear los dientes.

En último caso, y en aquellas situaciones en las que ninguno de los anteriores tratamientos ha resultado efectivo, el especialista puede tomar la determinación de realizar una cirugía en el paciente.

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