Rioja Alavesa vive un momento de especial efervescencia. A la solidez de una tradición centenaria se suma hoy una mirada contemporánea que pone el foco en el origen, la sostenibilidad y la expresión del terroir.
El impulso institucional, con la Diputación Foral de Álava reforzando la proyección nacional e internacional de sus vinos, y la aparición de nuevos polos de conocimiento como EDA Drinks & Wine Campus —que el próximo 4 de febrero celebrará el acto de colocación de la primera piedra de su sede en Vitoria-Gazteiz— están acelerando una transformación silenciosa pero profunda.
En un territorio definido por la sierra de Toloño-Cantabria y el río Ebro, por suelos arcillo-calcáreos y un mosaico de pequeñas parcelas que conforman “una comarca, quince realidades”, algunos vinos se han convertido en auténticos catalizadores del cambio.
Estos cinco que dio a conocer Iñaki Suárez, sumiller y director técnico de la DO Bizkaiko Txakolina, a los que se refiere como "pequeños grandes embajadores", son un buen ejemplo de cómo Rioja Alavesa está redefiniendo su relato.
1. Cifras Garnacha, de Bodegas Exeo
Cifras, de Bodegas Exeo.
La garnacha ha pasado de ser secundaria a reivindicarse como variedad capaz de contar el paisaje alavés con voz propia. Nace de dos parcelas diferentes que trabaja Carlos Fernández en Labastida.
Cifras Garnacha es un vino preciso y honesto, nacido de viñedos trabajados desde el respeto al entorno y con una clara vocación de autenticidad. Fermentado en huevo de hormigón, su frescura y finura desafían tópicos y muestran el enorme potencial de esta uva en suelos pobres y bien drenados, especialmente cuando se trabaja desde el minifundio y el conocimiento parcelario.
2. Los Corrillos Blanco 2022, de Tentenublo Wines
Los Corrillos de Tentenublo.
Los blancos de Rioja Alavesa ya no son una rareza, sino una de las grandes revoluciones de la comarca y este es, como define Suárez, un "vino de puerta abierta", que elabora Roberto Oliván en tinas abiertas con hollejos, con jaén blanca (90%) y viura (10%).
Los Corrillos Blanco, de Bodega Tentenublo, es un vino que habla de viñedo viejo, de suelos calcáreos y de una elaboración que busca tensión y profundidad más que exuberancia. Un blanco gastronómico, con identidad, que conecta con un consumidor atento al origen y a la personalidad del vino.
3. Polus Vendimia Tardía 2016, de Bodegas Loli Casado
Polus, el vendimia tardía de Bodegas Loli Casado.
La vendimia tardía sigue siendo un territorio poco explorado en Rioja Alavesa, y precisamente ahí reside su atractivo. Ese 100% viura, es un blanco dulce que huye de la obviedad: equilibrado, complejo y con una acidez que sostiene el conjunto.
Un vino que demuestra que la innovación también pasa por reinterpretar estilos clásicos desde Lapuebla de Labarca, donde se ubica esta bodega de 3ª generación enraizada en Rioja Alavesa.
4. Calma, de Javier San Pedro Ortega
Calma, de Javier San Pedro Ortega.
Calma es fiel a su nombre. Un vino que viene "del país de nuinca jamás, ahí donde nadie envejece", porque aunque nace de viñedos ubicados en Laguardia, se cria en Sanlúcar de Barrameda en una bota de 500 litros de manzanilla bajo velo de flor durante cinco meses.
Un vino de Erasmus, como lo cataloga Suárez, porque nace en el norte y es educado en el sur.
5. Viñas de Gain Blanco, de Artadi
Viñas de Gain Blanco de Artadi.
Artadi ha sido históricamente una de las bodegas que mejor ha sabido leer el cambio de paradigma en Rioja Alavesa. Viñas de Gain Blanco es un ejemplo de cómo un gran blanco puede nacer de un enfoque parcelario y de una interpretación contemporánea del territorio. Complejo, preciso y con capacidad de guarda, simboliza la ambición cualitativa de la comarca y su proyección internacional.
Estos cinco vinos no solo destacan por su calidad, sino porque encarnan un modelo vitivinícola singular: pequeñas parcelas, viñedo viejo, diversidad de suelos y una clara orientación hacia la sostenibilidad, con más de 1.600 hectáreas ya certificadas en ecológico. Rioja Alavesa se consolida así como un destino enológico y gastronómico de referencia, donde tradición e innovación no compiten, sino que se refuerzan mutuamente en cada copa.
