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Cuece media docena de huevos o más de una sola vez, guárdalos con cáscara en la nevera y aguantarán siete días perfectamente. Es una de las costumbres que más rentabiliza una nevera de verano.
Un huevo duro son seis gramos de proteína listos en cero segundos que sirve para rescatar una ensalada sosa, convertir un plato de verdura en una comida completa o, incluso, como snack saludable para tapar ese hueco de hambre que aparece a media tarde.
Tener huevos duros listos para usar permite, por ejemplo, preparar recetas como este paté proteico de sardinas que propone Blanca García-Orea en menos de 5 minutos, perfecto para una cena de picoteo saludable o un aperitivo elegante.
Blanca, nutricionista y divulgadora en su perfil de Instagram @blancanutri, la compartió en un vídeo en su canal y la describe como "una bomba de omega 3, calcio y proteína de alta calidad", y solo hacen falta tres ingredientes y una batidora.
Al ser muy saciante, es perfecta para una cena que nos permita irnos a la cama sin hambre y sin sensación de pesadez.
El truco: sardinas de lata con sus espinas
"Hemos triturado también las espinas de las sardinas, esto es una bomba de calcio", explica la nutricionista en el vídeo.
Puede sonar extraño, pero la conserva se fabrica con un tratamiento térmico a presión que ablanda las raspas hasta casi deshacerlas; por eso las espinas de las sardinas en lata se pueden triturar sin dificultad, cosa que no ocurre con una sardina fresca cocinada.
El calcio del pescado está justamente en el esqueleto y las conservas de pescado azul pequeño consumidas con espina son de las pocas fuentes de calcio relevantes fuera de los lácteos.
Al pasarlas por la batidora, además, es que ni se notan y queda una crema lisa como si las espinas nunca hubieran estado ahí.
¿Cómo se hace el paté de sardinas?
Ingredientes
- Sardinas en aceite de oliva virgen extra, 130 g escurridas
- Huevos duros, 2 ud
- Tomate mediano, 1 ud
- Aceite de la conserva, 1 cucharadita
- Sal, al gusto
- Semillas de sésamo, cantidad necesaria para terminar, opcional
Paso 1
Escurrimos la lata de sardinas reservando solo un chorrito de su aceite. El resto lo guardamos en un tarro para aliñar una ensalada o un plato de pasta.
Paso 2
Lavamos el tomate y lo troceamos grueso, sin pelar. No hace falta despepitarlo.
Paso 3
Ponemos en un bol las sardinas enteras con sus espinas, los huevos, el tomate y el chorrito de aceite reservado.
Paso 4
Trituramos con la batidora de mano hasta obtener una crema homogénea y sin grumos. Probamos y ajustamos de sal si es necesario.
¿Qué comer con paté de sardinas?
Una rebanada de pan tostado bien crujiente con una capa generosa es perfecta. Pero Blanca propone una alternativa que resulta más refrescante para las noches de agosto y es perfecta para quienes no quieran tomar carbohidratos en la cena.
Su recomendación es servirlo sobre rodajas gruesas de pepino, a modo de cuchara comestible, y rematarlo con unas semillas de sésamo. El frescor y el crujido del pepino contrarrestan la untuosidad del paté y el sésamo aporta ese toque crunchy que lo hace todo más irresistible.
A partir de ahí, el paté admite una gran cantidad de toppings diferentes como unas huevas de salmón, unos aros de cebolla morada en vinagre, unas alcaparras o un golpe de pimentón.
También es un relleno perfecto para unos pimientos del piquillo o unos tomatitos cherry vaciados, si la ocasión pide presentarlo de manera más elegante.
¿Por qué el paté de sardinas es saludable?
La nutricionista comparte también en su publicación el desglose de nutrientes aproximado de la receta. Por cada 100 gramos de paté salen entre 120 y 130 kilocalorías, de 12 a 13 gramos de proteína, entre 7 y 8 gramos de grasa y apenas 1,5 o 2 gramos de hidratos.
Es decir, estamos ante un dip o crema untable con un perfil nutricional parecido al de una ración de pescado, que nada tiene que ver con los patés que se venden preparados, donde el pescado suele venir acompañado de almidones, aceites refinados y estabilizantes.
La grasa, además, es de la buena, pues tenemos el omega 3 del pescado azul y el aceite de oliva virgen extra de la conserva. Y las proteínas del huevo y la sardina son de alto valor biológico.
Otros patés con conservas para tener resuelta la cena
Con una conserva, algo que aporte frescor y un ingrediente que aporte cremosidad, las posibilidades que ofrece la despensa son infinitas. A continuación, te dejo algunas ideas:
Paté de caballa y aguacate. Una lata de caballa escurrida, medio aguacate maduro, el zumo de media lima y un poco de cebolleta. Se tritura todo junto y sale una crema que es la prima proteica del guacamole. Hay que comerla el mismo día, porque el aguacate se oxida.
Paté de atún y requesón. Sustituye la mayonesa del clásico paté de atún por 100 gramos de requesón o queso batido. Con el cambio, se reduce la grasa y sube la proteína. Le va bien un toque de mostaza de Dijon y unas alcaparras picadas por encima a la hora de servirlo.
Paté de mejillones en escabeche. Los mejillones de lata, triturados con un huevo duro y una cucharada de queso de untar, dan una crema que es perfecta para todo tipo de canapés y aperitivos.
Hummus de berberechos. Medio bote de garbanzos cocidos, una lata pequeña de berberechos con parte de su agua, una cucharada de tahini y un diente de ajo. Es la versión marinera del hummus que aporta hierro por partida doble, el de la legumbre y el del molusco.
Crema de anchoas y huevo duro. A medio camino entre un paté, un dip y una mayonesa, con cuatro filetes con dos huevos duros y dos cucharadas de yogur griego bien triturados tenemos una crema que resulta deliciosa como base para poner encima unos tomates cherry asados.
