- Total: 15 min
- Comensales: 2
Si te pasa como a mí, que me encantan los calamares fritos crujientes; pero evito hacerlos en casa porque siempre me acabo quemando con alguna salpicadura de aceite, toma nota porque esta receta es para ti.
La firma la cocinera Cristina Fernández, conocida en Instagram como @petit_fit, donde reúne a 1,3 millones de seguidores gracias a recetas que reinterpretan platos de toda la vida en versión ligera.
Y un buen ejemplo es esta receta para preparar una de las tapas más icónicas del recetario español, pero sin frituras y sin apenas nada de grasa.
Adiós sartén, hola calamares crujientes
En esta ocasión, el truco es recordar que la freidora de aire sirve para algo más que para freír patatas y cocinar alitas de pollo. El resultado, asegura, es igual de crujiente que la fritura clásica, pero mucho más ligero.
Para conseguirlo, solo hay que tener en cuenta dos pasos que son claves.
El primero, secar los calamares a conciencia con papel de cocina antes de enharinarlos, porque la humedad de la superficie es la enemiga número uno de cualquier rebozado crujiente.
El segundo, sacudir el exceso de harina para que quede una película muy ligera y no una masa que quede como papilla al cocinarse.
Cómo conseguir que los calamares queden tiernos
Aparte de las salpicaduras, el gran temor de cualquiera que cocina calamares en casa es que acaben con una textura correosa o gomosa.
La razón es que la carne del calamar tiene mucho colágeno, que se contrae y endurece a los pocos minutos de empezar a recibir calor y no se ablanda hasta pasado un buen rato.
Por eso se dice que el calamar tiene dos puntos de cocción distintos, uno muy rápido y a temperatura alta, como en la fritura o la plancha, y otro más lento y a temperatura moderada, como en un guiso. El punto de en medio es justo el que hay que evitar.
Un alioli ligero para mojar
En vez del alioli tradicional a base de aceite y ajo emulsionados, Cristina Fernández propone una salsa cremosa que se monta triturando un huevo cocido con yogur natural, un poco de ajo, unas gotas de limón y sal.
Queda una textura fina y untuosa para mojar, con mucha menos grasa que el alioli de siempre.
Ingredientes
Para los calamares
- Calamares limpios en anillas, 500 g
- Harina de avena, arroz o garbanzo, 50 g
- Aceite de oliva virgen extra en spray, al gusto
- Sal, una pizca
Para el alioli ligero
- Huevo cocido, 1 ud
- Yogur natural, 60 g
- Diente de ajo, ½ ud
- Zumo de limón, 5 ml
- Sal, una pizca
Paso 1
Preparamos el alioli ligero, para ello trituramos en un vaso batidor el huevo cocido, el yogur natural, el ajo, el zumo de limón y la sal hasta obtener una crema sin grumos, y la reservamos en la nevera.
Paso 2
Secamos muy bien las anillas de calamar con papel de cocina para retirar todo el exceso de humedad.
Paso 3
Las pasamos a un bol, añadimos la sal y la harina elegida y mezclamos hasta que queden ligeramente rebozadas.
Paso 4
Sacudimos el exceso de harina -será muy fácil si usamos un colador grande- y colocamos los calamares en la cesta de la freidora de aire, repartidos y sin amontonar.
Paso 5
Pulverizamos un poco de aceite de oliva virgen extra por encima y cocinamos a 190 ºC durante 14 minutos.
Paso 6
Servimos los calamares recién hechos con el alioli ligero al lado.
Otras recetas con calamares para triunfar
Si los calamares fritos, o su versión sin frituras, te han abierto el apetito, sigue leyendo porque el juego que da este molusco en la cocina no acaba ahí.
La más inmediata quizá sea el calamar a la plancha, que resuelve una comida en pocos minutos con una plancha bien caliente, un chorro de aceite, ajo picado y perejil, y que respeta como pocas el sabor del producto fresco.
Es la fórmula ideal cuando el calamar es de buena calidad y no queremos taparlo con nada, como mucho un toque de limón al servir.
Un paso más allá están los calamares encebollados, un guiso humilde y agradecido en el que las anillas se cocinan a fuego suave con abundante cebolla pochada y un poco de vino blanco hasta tener un guiso muy meloso.
Para una comida más festiva merece la pena atreverse con los calamares rellenos que, aunque parezcan de restaurante, son más sencillos de lo que aparentan.
Basta con picar los tentáculos junto a jamón, huevo o verduras, rellenar los cuerpos limpios, cerrarlos con un palillo y guisarlos en una salsa de tomate o de cebolla.
El truco está en no rellenarlos demasiado, porque el calamar encoge al cocinarse y podría reventar.
Quien busque un plato único encontrará en el arroz con calamares una opción redonda y económica, en la que el cefalópodo cede todo su sabor al caldo para que el arroz terminado tenga muchísimo sabor.
Y, para los más aventureros, siempre quedan los chipirones en su tinta, simplemente espectaculares, con esa salsa oscura y profunda tan típica del norte.
