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Si piensas que empezar un domingo con un desayuno de película es algo que da mucho trabajo, quédate porque esta receta es para ti.

Hemos crecido viendo montañas de tortitas en las películas americanas y las hemos visto en infinidad de ocasiones en los desayunos cuquis de las redes sociales, eso sí, con permiso de las tostadas de aguacate.

Pero es posible que muchos en casa aún no les hayan dado la oportunidad que se merecen. Y, para hacerlo, nada mejor que esta receta de la cocinera Ana Mateoni.

Ana es una creadora de contenido gastronómico de origen rumano afincada en Roquetas de Mar (Almería) que comparte sus recetas en @la_cocinadeani, su perfil de Instagram.

Es, además, una experta en hortalizas y empresaria del sector agrícola, propietaria de Rociani, una empresa dedicada al cultivo y la distribución de hortalizas.

Estas tortitas son el desayuno que prepara a su familia los domingos, cuando se sientan los cuatro a la mesa sin las prisas de entre semana. "Esto se lo preparo prácticamente todos los domingos", cuenta en el vídeo.

El truco del buttermilk

El buttermilk , o suero de mantequilla, era en origen el líquido que queda después de batir la nata para obtener mantequilla. El que se vende hoy en los países anglosajones se elabora fermentando leche con cultivos bacterianos, y es espeso y ácido.

En la repostería estadounidense se usa por dos motivos. El primero es que su acidez reacciona con el bicarbonato sódico y libera dióxido de carbono, el gas que forma las burbujas y hace subir la masa.

El segundo es que los ácidos debilitan la red de gluten de la harina, por lo que la miga queda más tierna y esponjosa que con leche normal.

En España no es un producto habitual en los supermercados, pero se puede preparar una versión casera acidificando la leche con zumo de limón o vinagre y dejándola reposar unos minutos, hasta que se corta ligeramente.

Receta fácil de tortitas con arándanos

Ingredientes

  • Huevos, 4 ud
  • Leche, 400 ml
  • Zumo de limón, 15 ml
  • Azúcar avainillado, 1 cucharada
  • Miel, 1 cucharada
  • Harina de trigo común, 300-350 g
  • Levadura química, 16 g
  • Sal, 1 g
  • Arándanos (opcional), 125 g
  • Aceite para engrasar, 2 cucharaditas

Paso 1

Mezclamos la leche con el zumo de limón y dejamos reposar 5 minutos.

Paso 2

En un bol, batimos los huevos con el azúcar avainillado y la miel hasta que estén espumosos.

Paso 3

Añadimos el buttermilk a los huevos y mezclamos con cuidado para que no pierdan volumen.

Paso 4

En otro bol, mezclamos 300 g de harina, la levadura química y la sal.

Paso 5

Incorporamos la mezcla líquida a los ingredientes secos y removemos con movimientos suaves hasta integrarlos. Si la masa queda muy líquida, añadimos poco a poco la harina restante.

Paso 6

Lavamos los arándanos, los cortamos por la mitad si son grandes y los añadimos a la masa.

Paso 7

Tapamos el bol y dejamos reposar la masa 10 minutos.

Paso 8

Calentamos una sartén antiadherente a fuego bajo durante 3 minutos y la pincelamos con un poco de aceite.

Paso 9

Vertemos unos 50 ml de masa por tortita, tapamos la sartén y cocinamos entre 2 y 3 minutos, hasta que aparezcan burbujas en la superficie.

Paso 10

Damos la vuelta a las tortitas y cocinamos 30 segundos más. Repetimos con el resto de la masa, engrasando la sartén entre cada tanda.

Arándanos: mucho más que una golosina vegetal

A la masa de las tortitas se le pueden añadir tropezones y Ana ha elegido ponerles a las suyas unos deliciosos arándanos.

Unas bayas que en los últimos años se han convertido en una de las frutas más valoradas dentro de una alimentación saludable.

Su característico color azul violáceo se debe a las antocianinas, unos compuestos antioxidantes que ayudan a proteger las células frente al estrés oxidativo y que también podrían contribuir a reducir procesos inflamatorios en el organismo.

Además, los arándanos aportan fibra, vitamina C, vitamina K y manganeso. La fibra favorece la salud intestinal y puede contribuir al equilibrio de la microbiota. A pesar de su sabor dulce, los arándanos enteros presentan una carga glucémica moderada, por lo que resultan una opción interesante dentro de una dieta equilibrada.

Y un apunte para el momento de comprarlos, la capa blanquecina que cubre muchos arándanos se llama pruina.

Según el doctor en Ciencia y Tecnología de los Alimentos Miguel Ángel Lurueña, conocido en redes sociales como @gominolasdepetroleo, es una cera que produce el propio fruto y que forma cristales microscópicos que dispersan la luz, lo que da a la piel ese aspecto mate y empolvado.

No es suciedad, moho ni mucho menos restos de pesticidas que haya que hacer desaparecer.

Esta cera protege el fruto de la radiación ultravioleta y de los hongos, y reduce la pérdida de agua, lo que ayuda a que se mantenga durante más tiempo en buenas condiciones.

Por eso, Lurueña considera su presencia una señal de calidad y de buena conservación desde la recolección, y recomienda lavar los arándanos con agua, sin frotarlos, justo antes de consumirlos.