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La pechuga de pollo tiene una fama poco merecida de carne seca y aburrida. La culpa, casi siempre, no es de la pechuga, sino de que casi siempre la cocinamos rápido y sin nada que le dé un poco de alegría.

La realidad es que es una carne asequible y versátil que se adapta a muchas formas de cocinar porque su sabor suave hace que combine bien con especias, hierbas, salsas y verduras muy distintas.

Lo mismo funciona en un guiso de los de toda la vida que en una receta con sabores más intensos o menos habituales, por eso se ha convertido en una de las carnes más consumidas en muchas casas en España.

Para una comida rápida entre semana, unas pechugas de pollo con tomate son un buen ejemplo de todo lo que se puede hacer con pocos ingredientes.

Ni siquiera hace falta tener demasiada experiencia en la cocina para en media hora tener listo un plato casero, completo y tan bueno como para repetirlo cualquier día.

Pechugas con tomate: receta para menú de plato único

La receta es de Loli Domínguez, la cocinera al frente de los fogones del canal de YouTube La cocina de Loli Domínguez.

La receta no tiene ninguna complicación, aunque la cocinera señala algunos detalles que ayudan a mejorar el resultado.

Su primer truco consiste en pelar previamente los pimientos con un pelador de verduras. Así se evita que durante la cocción la piel se separe de la pulpa y aparezcan esas pequeñas tiras que luego es imposible retirar.

Loli insiste también en no desperdiciar lo que queda adherido al fondo de la cazuela después de dorar el pollo. Esos jugos caramelizados concentran una buena parte del sabor de la carne y, al incorporarlos de nuevo al guiso, ayudan a enriquecer la salsa.

El último paso consiste en fundir el queso que cubre el pollo y lo ideal es hacerlo con un gratinado rápido en el horno para que quede ligeramente dorado.

Si no hay horno o simplemente no apetece encenderlo, basta con tapar la cazuela unos minutos y dejar que el propio calor del guiso derrita el queso.

Receta de pechugas de pollo con tomate

Ingredientes

  • Pechuga de pollo en filetes, 600 g
  • Pimiento rojo, 1 ud
  • Pimiento verde, 1 ud
  • Cebolla, 1 ud
  • Ajo, 3 dientes
  • Patatas, 3 o 4 ud (según tamaño)
  • Tomate frito estilo casero, 400 g
  • Perejil fresco, al gusto
  • Hierbas aromáticas secas (orégano, tomillo, albahaca), 1 cucharada
  • Sal, al gusto
  • Pimienta negra molida, al gusto
  • Aceite de oliva virgen extra, cantidad necesaria
  • Queso rallado (mezcla de gouda y cheddar o mozzarella), 100 g

Paso 1

Picamos finamente la cebolla y los dientes de ajo, podemos hacerlo con una picadora para agilizar el proceso. Retiramos las semillas y los filamentos blancos de los pimientos; los pelamos con un pelador de patatas para evitar que se desprenda la piel durante la cocción y los cortamos en trozos medianos.

Paso 2

Pelamos, lavamos y cortamos las patatas en rebanadas gruesas y luego en trozos medianos. Picamos el perejil fresco y lo reservamos. Salpimentamos los filetes de pechuga de pollo por ambos lados al gusto.

Paso 3

En una sartén o cazuela amplia, calentamos un poco de aceite de oliva virgen extra y doramos los filetes de pollo a fuego alto por ambas caras. Las retiramos y las reservamos en un plato.

Paso 4

En la misma sartén, añadimos una cucharada adicional de aceite y pochamos la cebolla y el ajo con una pizca de sal durante unos 4 minutos, removiendo bien para aprovechar el fondo de cocción del pollo. Incorporamos las patatas y los pimientos, tapamos y cocinamos a fuego medio durante unos 15 minutos, removiendo de vez en cuando para evitar que se pegue.

Paso 5

Cuando las patatas estén casi cocidas, añadimos el tomate frito, el perejil picado, las hierbas aromáticas y ajustamos de sal. Mezclamos todo y, cuando comience a hervir, tapamos y cocinamos durante 10 minutos más o hasta que las patatas estén tiernas al pincharlas. Rectificamos de sal si es necesario.

Paso 6

Colocamos los filetes de pollo en la cazuela, hundiéndolos ligeramente en la salsa para que se impregnen bien.

Paso 7

Cubrimos con el queso rallado. Podemos optar por tapar la cazuela y dejar que el queso se funda con el calor residual o gratinar en horno precalentado a 200 °C con calor arriba y abajo durante 10 minutos si la cazuela es apta. Al finalizar, espolvoreamos un poco más de perejil fresco y servimos caliente.

Pollo con tomate de Loli Domínguez

Preguntas frecuentes sobre el pollo

¿Por qué la pechuga de pollo queda seca con tanta facilidad? La pechuga tiene poca grasa y puede perder jugosidad si se cocina demasiado, sobre todo a la plancha o al horno.

Cocinarla con una salsa ayuda a protegerla durante la cocción y aporta humedad, por lo que resulta más fácil conseguir una carne tierna y jugosa.

¿Hay que lavar el pollo antes de cocinarlo? No. Lavar el pollo crudo puede dispersar bacterias por el fregadero, la encimera y otros utensilios mediante las salpicaduras. La forma segura de eliminar los microorganismos es cocinar bien la carne, no pasarla previamente por agua.

¿Cómo saber si el pollo está bien cocinado? Lo más fiable es medir la temperatura interior con un termómetro de cocina. La parte más gruesa debe alcanzar unos 74 ºC.

¿Se puede congelar el pollo cocinado? Sí, siempre que se enfríe y se guarde correctamente. Conviene congelarlo en recipientes herméticos y en porciones pequeñas para que después sea más fácil descongelar solo lo necesario.

Las recetas con salsa suelen conservar mejor la jugosidad, pero en una como la de hoy es mejor congelar sin las patatas, pues las patatas guisadas no se llevan bien con el congelador.

¿Es mejor cocinar el pollo con piel o sin ella? Depende de la receta. La piel aporta grasa, sabor y ayuda a proteger la carne durante la cocción, especialmente en el horno.

¿Por qué hay que dorar el pollo antes de guisarlo? El dorado desarrolla nuevos aromas y sabores gracias a las reacciones que se producen en la superficie de la carne con el calor.

Además, los jugos caramelizados que quedan en la cazuela pueden incorporarse después a la salsa para darle más sabor.

¿Se puede cocinar pollo directamente congelado? Lo más recomendable es descongelarlo previamente en la nevera, especialmente cuando se trata de piezas gruesas, para evitar que el exterior se haga antes que el centro.