Pocas cosas huelen tanto a otoño como un cucurucho de castañas recién asadas.
Lo malo viene después, cuando compras un kilo en el mercado, lo dejas en la bolsa encima de la encimera y a la semana te encuentras la mitad con moho. Pasa en muchas casas, pero tiene arreglo.
Las castañas están consideradas frutos secos, pero se parecen más a una fruta fresca que otros. Contienen más agua y almidón que las nueces o las almendras y mucha menos grasa.
Por eso duran bastante menos en la despensa y necesitan un poco más de cuidado.
Son el fruto del castaño (Castanea sativa), un árbol que en España crece sobre todo en Galicia, Asturias, El Bierzo, el norte de Extremadura y el valle del Genal, en Málaga.
Su temporada va de octubre a diciembre y durante estas semanas es cuando podemos encontrarlas en fruterías, en los pocos puestos callejeros que aún quedan o en las fiestas que se celebran en su honor.
Galicia celebra el magosto hacia San Martín, con castañas asadas al fuego. En Cataluña no hay castanyada sin ellas, junto a los panellets y los boniatos, la víspera de Todos los Santos.
¿Cómo evitar que se estropeen las castañas?
Si compras castañas con la intención de consumirlas pronto, nunca las guardes en una bolsa de plástico. Lo recomendable es un cestillo bien aireado, para que no cojan humedad.
Otra manera, si tienes mucho espacio, es dejarlas en un sitio sin humedad colocadas sin amontonarlas sobre un trapo de cocina. Yo recuerdo que, de pequeña, mi madre las dejaba siempre sobre un mantel en la mesa del comedor que solo se usaba los días de fiesta.
¿Y si quieres comprar una buena cantidad para seguir disfrutándolas en enero, en febrero o en marzo? En ese caso, el congelador es el mejor aliado. Las castañas congeladas conservan sus propiedades si se congelan enteras en un táper o en una bolsa.
Se congelan sin pelar, solo hay que cerrar bien la bolsa y al congelador. Así aguantan hasta un año. Cuando las necesites, las descongelas y las cocinas como más te guste.
Truco: como conservar castañas a largo plazo
Mucho más que castañas asadas
Las castañas asadas son el clásico indiscutible, pero no es la única forma de comerlas.
Cocidas con sal y un poco de anís fueron durante siglos un alimento básico en el norte peninsular, y en Galicia todavía hay quien prepara el caldo de castañas, que se consumía mucho antes de que el caldo gallego llevara patatas.
En la cocina actual, muchos cocineros la preparan en purés para acompañar carnes de caza, en rellenos de aves o convertidas en harina para elaborar productos sin gluten.
Y en repostería son famosos el marron glacé, la castaña confitada y glaseada de tradición francesa, o la Castiñeira, el emblema más dulce de la ciudad de Ferrol.
Los errores que no hay que cometer
Dejarlas en la bolsa del súper. Con las prisas, es el fallo más habitual. Cerrada y a temperatura ambiente, la bolsa retiene la humedad y el moho aparece en pocos días.
Guardarlas sin echarles un vistazo. Antes de pasarlas al cesto o al congelador merece la pena apartar las que tengan agujeros, que suelen ser señal de gusano, o la cáscara arrugada o que pesen poco para su tamaño.
Lavarlas y guardarlas húmedas. Si las mojas, sécalas muy bien antes de guardarlas. Cualquier resto de agua favorece la aparición de moho.
