Seguro que alguna vez has ido a echar mano a una cebolla para cocinar y te la has encontrado con brotes o con una textura blanda que te ha llevado a rechazarla por lo que pudiera pasar.
Y si están amontonadas en un cesto o en un cajón, rara vez cae sola. Cuando una cebolla empieza a pudrirse, suele arrastrar consigo a las que tiene al lado.
Evitar ese efecto dominó es, justamente, lo que promete el truco que ha compartido en Instagram la creadora de contenido Laura López (@laura.lopez.mon).
En su vídeo, propone una forma de almacenamiento que ella misma califica de infalible y con la que las cebollas se mantienen frescas y firmes durante mucho más tiempo.
No hace falta comprar ningún utensilio. El único material necesario es una media vieja o rota, eso sí, bien limpia, así que el truco es también "una forma excelente de reciclar" esas prendas que ya no vamos a usar.
¿Por qué les salen brotes a las cebollas?
La respuesta corta es que la germinación forma parte del ciclo natural de la planta. La cebolla es un bulbo y, como tal, está diseñada para brotar y reproducirse. Pase lo que pase, cuando transcurra el tiempo suficiente desde la cosecha, empezará a echar tallos e incluso podría llegar a florecer.
Lo que sí podemos controlar es cuánto tarda en ocurrir, porque ahí influyen varios factores:
- Temperatura. Por encima de los 15 ºC, las posibilidades de una germinación temprana se disparan. Por debajo de los 5 ºC, los brotes se retrasan.
- Humedad. Un ambiente húmedo permite que la cebolla absorba agua, y eso favorece la brotación.
- Luz. La exposición directa al sol también estimula el crecimiento de los tallos.
A esto se suma la propia cebolla. Hay variedades con más tendencia a brotar pronto, y las piezas golpeadas o con cicatrices germinan antes que las que están intactas.
¿Hay que tirar una cebolla con brotes?
No necesariamente. A diferencia de lo que ocurre con las patatas, los brotes de la cebolla no suponen un riesgo serio para la salud. Aun así, conviene tener claras algunas cosas.
Que una cebolla brote es la señal inequívoca de que ya es vieja y ha perdido buena parte de su frescura. Los tallos no son tóxicos, pero tanto ellos como el propio bulbo adquieren un sabor más amargo y menos agradable.
Además, el brote crece alimentándose de los azúcares y nutrientes de la cebolla. Cuanto más desarrollado esté, menos nutrientes quedarán y más blanda será su textura. Si el brote es pequeño y la cebolla sigue firme, se puede aprovechar.
Otra cosa muy distinta es que aparezcan manchas, moho u olores extraños. Son indicios de bacterias y toxinas que podrían provocar problemas gastrointestinales, y en ese caso la cebolla debe ir directa a la basura.
El truco para que las cebollas duren meses sin estropearse
Es tan fácil como meter una cebolla en la media y empujarla hasta el fondo. Justo por encima, se hace un nudo bien apretado que la deja aislada, como si fuera una pequeña bolsa individual.
A continuación, se mete la siguiente cebolla, se vuelve a anudar y así sucesivamente, hasta completar la media. El resultado es una especie de ristra moderna en la que cada pieza queda separada de la de al lado por un nudo.
Después, solo queda colgarla en la despensa, en un rincón fresco, seco y lo más resguardado posible de la luz. Cuando haga falta una cebolla, se corta la media con las tijeras justo por debajo del nudo que sujeta la de abajo, y las demás siguen bien cerradas en su sitio.
Obviamente, para que el método funcione, las cebollas tienen que estar en perfectas condiciones. Si alguna ya está tocada cuando la metemos en la media, no hay truco que la salve.
Además, deben ser cebollas secas, las de piel fina y crujiente. Las cebolletas y las cebollas tiernas, con mucha más agua, se conservan mejor en la nevera y durante mucho menos tiempo.
El sistema recuerda a las ristras de cebollas y ajos que colgaban en las cocinas y despensas de nuestras abuelas, y se basa en el mismo principio: que el aire circule. El tejido de la media deja respirar a cada bulbo y evita que la humedad se acumule a su alrededor.
Los errores más comunes al guardar cebollas en casa
Aunque no siempre podremos evitar que broten, sí podemos retrasar al máximo su deterioro esquivando estos fallos:
- Dejarlas en la bolsa de plástico del supermercado. Retiene la humedad y no deja pasar el aire, el caldo de cultivo perfecto para el moho.
- Amontonarlas en un cajón cerrado o en un cesto a rebosar. Sin ventilación y en contacto unas con otras, basta una cebolla en mal estado para echar a perder el resto.
- Guardarlas junto a las patatas. Es una de las parejas más habituales en la despensa y una de las peores combinaciones, porque la humedad y los gases que desprenden las cebollas aceleran el deterioro de las patatas.
- Almacenarlas cerca de fuentes de calor o luz. Junto al horno, la vitrocerámica o la ventana, los brotes aparecerán mucho antes. Si no tienes un rincón oscuro, una caja de cartón con agujeros de ventilación es una solución al alcance de cualquiera.
