Hay electrodomésticos de cocina que quedan mejor en la foto de una revista que en una casa real. Las campanas extractoras a la vista son un buen ejemplo.
En las fotos de los catálogos se ven limpias, como chimeneas modernas; resultan preciosas hasta que uno se las instala en casa y empiezan a acumular grasa y polvo en cada centímetro de su superficie.
Entonces dejan de ser un bonito elemento decorativo y pasan a convertirse en una de las zonas más ingratas de limpiar.
La arquitecta de interiores Claudia López Pella lo reconoce sin rodeos y confiesa que, si hoy volviera a reformar su cocina, escondería la campana dentro de un mueble.
El diseñador de cocinas Pol Caneda también la incluye entre las cosas que evitaría en su propia casa, precisamente por el mantenimiento que exige y por lo rápido que pierde ese aspecto impecable que tiene cuando la instalas.
Los expertos desaconsejan las campanas a la vista
En su vídeo publicado en Instagram (@caudialp), Claudia López Pella enumera lo que instalaría si reformase su cocina hoy "sin ningún límite de presupuesto" y solo a su gusto.
Entre otras recomendaciones, la experta propone un cambio de campana. Ahora la tiene vista y reconoce que se le ensucia demasiado, así que se decantaría por otra fórmula.
"Yo la campana la taparía […], la pondría oculta en un armarito", explica. La experiencia la ha hecho cambiar de opinión sobre un elemento que durante años ha sido casi un símbolo de cocina moderna. Y no está sola.
En TikTok, Pol Caneda (@cuina_cocinas) llega al mismo punto por otro camino, el estético.
Entre las cinco cosas que nunca pondría en su cocina sitúa las campanas decorativas tipo chimenea.
"Están totalmente pasadas de moda", sentencia, antes de proponer dos alternativas concretas como "una campana integrada en el mueble, que te permite tener incluso un almacenaje extra, o una campana de superficie de las que quedan justo a nivel de la encimera".
Integrada en el mueble: la opción discreta
Una vez descartada la campana vista, conviene conocer cuáles son las mejores alternativas.
La opción más frecuente y la que nunca pasa de moda es la campana encastrada que se aloja dentro de un mueble alto y deja a la vista poco más que una línea de extracción o un frontal extraíble que se acciona al cocinar.
Al quedar el cuerpo del aparato protegido por el mueble, la superficie expuesta a la grasa se reduce drásticamente y la limpieza se concentra en los filtros metálicos, aptos para lavavajillas en la mayoría de los modelos.
Es la solución más razonable para quien cocina a diario, hace frituras o guisos largos y quiere potencia sin renunciar al almacenaje.
A ras de encimera: elegante, pero exigente
El extractor de encimera o downdraft se oculta junto a la placa y emerge verticalmente al encenderlo. Capta los humos desde su origen, lo que lo convierte en la gran baza de las cocinas abiertas y las islas sin muebles altos.
Ahora bien, conviene conocer la letra pequeña, pues el motor ocupa espacio bajo la encimera y resta capacidad de almacenaje, no todos los modelos son compatibles con cocinas de gas, sus filtros se ensucian antes por la exposición directa y suele ser la alternativa más cara.
¿Cómo decidir sin arrepentirse?
La pregunta que hay que hacerse no es cuál queda mejor, sino cuánto se cocina. Si la cocina es un espacio de uso intensivo y cerrado, la integrada en mueble gana por comodidad y mantenimiento.
Si es un espacio abierto al salón donde priman las líneas limpias, con islas o sin muebles altos, y se cocina de forma más ligera, el downdraft compensa.
En ambos casos, es importante elegir un modelo con una potencia de extracción adecuada para el tamaño de la cocina en la que se va a instalar.
