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Salud

Por qué los hombres se suicidan más que las mujeres desde los 15 años: la otra brecha de género

Las cifras de defunciones empiezan a separarse a partir de esa edad y alcanza su apogeo en la franja de 40 a 49 años.

9 marzo, 2023 02:55

La alarma social en torno al suicidio adolescente no ha hecho más que crecer en los últimos meses. Casos mediáticos como la tragedia de Sallent solo son el ejemplo de unos números, los de 2021 (últimos disponibles), que son los más altos desde que se tienen registros. Era el primer año completo tras la irrupción de la Covid-19 y constataba, además, un aumento insólito en las defunciones infantiles y adolescentes: 22 entre los menores de 15 años, ocho más que en 2020. Dos de cada tres fueron de chicos.

Esto implicaba algo relativamente nuevo. El número de suicidios en esa franja de edad suele ser bajo: durante el lustro anterior, la cifra oscilaba entre 7 y 14, pero apenas había diferencias entre sexos.

Tradicionalmente hay muchos más suicidios entre hombres que entre mujeres: por cada 100.000 personas, suele haber 12 defunciones entre los hombres frente a menos de cuatro en mujeres. Esta diferencia comienza a los 15 años y se hace más patente en la franja de entre 40 y 49 años.

"Se ha argumentado que la mayor mortalidad suicida del hombre estaba asociada a una mayor intencionalidad suicida (más determinación), a utilización de métodos suicidas más letales, al mayor consumo de drogas del hombre, a una mayor agresividad-hostilidad-impulsividad o incluso a una menor capacidad para pedir ayudar", explica Miguel Guerrero, coordinador de la Unidad de Salud Mental Comunitaria de Marbella.

"Sin embargo, se habla menos de cómo vivimos en nuestra cultura la masculinidad, el rol de género asociado al hombre, los patrones de socialización que recibimos o las diferencias en las estrategias de afrontamiento al estrés", apunta, recordando que la mayor prevalencia del suicidio entre los hombres se conoce desde finales del siglo XIX. "Algo no estamos haciendo bien y conviene cuestionar todas estas hipótesis".

Esta brecha de género a partir de los 15 años tampoco es algo único de España. Un estudio publicado en 2020 sobre riesgo de suicidio en adolescentes del Reino Unido marcaba unas cifras similares.

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Entre 2014 y 2016, murieron por suicidio en total de 595 personas menores de 20 años, unas 200 por año: 425 hombres y 170 mujeres, siendo el 74% de las muertes ocurridas entre los 17 y los 19 años. Mientras que la incidencia en los hombres aumentaba hasta los 18 años, en mujeres no se incrementaba significativamente desde los 15 años.

De hecho, las cifras de muertes entre hombres y mujeres son similares hasta esa edad. A partir de ahí, el número de defunciones en varones se incrementa: 48 con 16 años, 77 con 17 años, 188 con 18 años, 141 con 19 años. En mujeres, se pasa de 27 a 43.

A pesar de estos datos, era en las mujeres donde habían más factores de riesgo, como antecedes de trastornos mentales en la familia o de violencia doméstica, abuso, acoso escolar o autolesiones. Los únicos que eran más comunes en hombres era el consumo de drogas y problemas en el lugar de trabajo.

Un periodo de cambio

Durante la adolescencia emergen presiones, retos y amenazas "en un momento donde la gestión emocional, los procesos de autorregulación y toma de decisiones o la capacidad para resolver conflictos no están suficientemente desarrolladas", explica Guerrero.

Una mayor impulsividad, la mayor prevalencia de problemas psicológicos como la depresión, la ansiedad o los trastornos de la alimentación, unido a una mayor probabilidad de efectos adversos como el bullying, la presión por los estudios, la mayor conflictividad con la familia, etc. pueden dar lugar a más conductas autolesivas y motivaciones suicidas.

Con todo, el psicólogo cree que "hay más preguntas que respuestas" sobre la incidencia del suicidio a estas edades, sobre todo con el especial impacto en varones. "Me preocupa las escasas estrategias o planes de prevención del suicidio aplicadas al varón (sin decir que con esto debamos despreocuparnos del suicidio en mujeres).

"Las diferencias entre hombres y mujeres son muy significativas y el crecimiento diferencial es exponencial a partir de los 15 años", comenta. "Podemos pensar que la sociedad comienza a esperar de un chico de 15 años que se comporte como lo que se espera de él o de ella", apunta. Pero "no todos los jóvenes pueden estar preparados para responder y ajustarse según el patrón de género esperado o no quieran responder por no identificarse con un rol u otro".

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Es posible un efecto protector de familia y entorno antes de esa edad, "dado que no esperamos que respondan a nada más que seguir siendo niños", pero a partir de los 15 años sería "donde comienzan a jugarse estos factores culturales y los jóvenes empiezan a ser conscientes de estas, entre otras cosas por el desarrollo madurativo que se inicia en esta etapa vital".

Guerrero se muestra especialmente escéptico con ciertos mitos sobre los hombres, como no saber pedir ayuda o tender al aislamiento. "Me pregunto si, quizá, no estamos sabiendo reconocer sus peticiones de ayuda, no conseguimos responder a las demandas del hombre de una forma efectiva, no identificamos señales o indicadores de alarma en el varón, tenemos miedo a mostrar nuestra vulnerabilidad o no tenemos una baja necesidad percibida de ayuda".

Hay campo de actuación en la mejora al abordaje de la salud mental adolescente y la prevención del suicidio en varones jóvenes. Guerrero llama a "re-pensar el suicidio", una tarea "urgente" que pasa por la alfabetización en salud mental y en aumentar la investigación sobre las causas específicas que explican el suicidio en esta franja de edad y los factores de prevención.

Porque si hay factores de riesgo, también hay otros de resiliencia de los que se puede aprender. Una revisión de 2014 ya identificaba variables intrínsecas y extrínsecas de resiliencia. El autocontrol emocional, la autoestima, la perseverancia, la empatía o la capacidad de expresar emociones y gestionar conflictos eran algunos de los factores inernos.

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Más interesante pueden ser la claves externas identificadas. Por ejemplo, las experiencias tempranas de resolución de conflictos no violentos entre iguales, las relaciones positivas con familia y compañeros y profesores de instituto; tener unas redes sociales estructuradas; el activismo social, la disponibilidad y el fácil acceso a los servicios de salud mental, o la formación en diversidad sexual y étnica en los profesionales.

David Sánchez Teruel, psicólogo de la Universidad de Granada y uno de los autores del estudio, explica que, en la actualidad, los planes de prevención del suicidio entre adolescentes se desarrollan de forma desigual entre autonomías y se presta atención a grupos vulnerables como inmigrantes y LGTBI, pero no a características específicas de género. 

"Hay otras variables que son más determinantes, pero a lo mejor lo que se debería hacer es adaptar algunas de las acciones". Esto es complejo de hacer porque quienes aplican los programas son los profesores de instituto, que son formados por los expertos pero que muchas veces no se sienten con la seguridad suficiente para salir de la estructura básica del programa.

Sin plan nacional de prevención del suicidio

Al igual que Herrero, Sánchez Teruel habla de la capacidad de regulación emocional de los adolescentes y la dificultad para pedir ayuda, pero también advierte que los últimos estudios no son concluyentes a la hora de establecer las causas.

Pese a que cada vez hay más conciencia social, sigue sin haber un programa de prevención del suicidio a nivel nacional. "Lo llevamos pidiendo desde 2007", recuerda el psicólogo. "La línea de atención a la conducta suicida (el número de teléfono 024) ha sido todo un acierto pero no es suficiente".

La pandemia ha jugado un papel relevante para visibilizar este problema. En 2021 se superó por primera vez las 4.000 defunciones por suicidio. Pero sigue sin haber un plan nacional. "Vamos tarde, y eso hace que se pierdan vidas. Es importante que se empiecen a implementar políticas públicas a nivel estatal". Porque hay medidas de intervención eficaces para atajar este problema, pero hay que aplicarlas.

En España existen líneas telefónicas de ayuda como el 024, el Teléfono de la Esperanza (717 003 717) o el Teléfono Contra el Suicidio (911 385 385), así como diversas páginas web con recursos y guías de ayuda, como Papageno y la Confederación Salud Mental España.