Agustín Utrilla vive en una calma tensa. El director médico del Hospital Ramón y Cajal de Madrid consiguió cogerse 15 días de vacaciones al principio de verano y se dejó la segunda quincena para el 1 de septiembre, aunque no tiene claro que se las vaya a poder coger

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Antes ha sido testigo y actor directo de la pandemia de Covid-19,a la que califica como de "proporciones bíblicas", sobre todo en los meses de marzo y abril. El miedo: que se vuelva a vivir una situación similar, sobre todo después de que esta semana la consejera de Salud del Gobierno Vasco, Nekane Murga, afirmara que su región ya había entrado en una segunda ola -algo que los datos y Fernando Simón han desmentido-. 

Asegura que, cuando eso suceda, su hospital -el Piramidón que Joaquín Sabina inmortalizó en su canción Qué demasiaó- estará más preparado que en los meses duros de la pandemia. Aún así, espera que la situación no se replique con la misma intensidad.

¿Cómo ve la situación actual de la Covid-19 en España?

Actualmente vivimos en una enorme incertidumbre. Tan arriesgado es decir que "no pasa nada" como vaticinar cuándo vamos a entrar en una segunda ola. La realidad es que todas las comunidades autónomas están aumentando su número de casos, pero la situación es muy diferente a la de marzo. 

Preocupan mucho los datos de Madrid...

Hay una percepción de alerta por parte de la Consejería de Sanidad de Madrid. Durante la pandemia, hacíamos videoconferencias con el consejero todos los días; después se fueron espaciando hasta hacer una a la semana y ya hemos vuelto a tener tres semanales. En estas reuniones se transmite cierto grado de preocupación, sin histeria ni escándalo, pero preocupación. 

El día 30 de este mes teníamos 1.030 enfermos de Covid y hoy [este jueves] 19, pero hace diez días teníamos 5. Se ve un ascenso de la curva, una subida que evoluciona muy lentamente y de manera no exagerada, pero sí llamativa. 

Pero, ¿hay diferencias positivas?

Estamos viendo a pacientes de menor gravedad, ahora sólo tenemos un caso en la UCI y llegamos a tener 103. Sabemos que esta cifra va a a subir seguro. Pero ahora mismo tenemos 674 camas abiertas y estamos al 70% de ocupación, mientras que en plena pandemia llegamos a tener más de 1.000, añadiendo camas donde apenas cabían. 

La realidad es que los casos están empezando a subir, pero no tanto, aunque en términos relativos sean muchos. El 1 de abril, el 81,46% de nuestros ingresos eran por Covid y el 1 de agosto este porcentaje era del 0,39%. 

¿Su hospital se está preparando para recibir más casos? ¿Cómo?

Cuando se consolidó el descenso de nuevos casos, decidimos mantener una zona de una planta -lo que denominamos un punto de control- de 24 camas reservado para Covid. Decidimos dejarlo así, era como tener un charter menos rentable [bromea]. Ahora mismo, 19 de esas camas ya están ocupadas, así que estamos desalojando la zona adyacente a ésta, el siguiente punto de control, porque es posible que este domingo ya con 24 camas no tengamos suficiente. 

¿Existe algún dato inquietante más allá del aumento de casos? 

Actualmente se hacen muchísimas más PCR que antes, entre otras cosas porque a todo enfermo que ingresa en el hospital por cualquier cosa se le hace el test. Pues bien, las últimas cifras que tenemos en nuestro centro es que de 88 PCR, cinco personas eran positivas. Ese no es un porcentaje muy alto, pero la cosa cambia cuando hablamos de las PCR que nos llegan de centros de atención primaria. De 608 que nos han llegado hoy 48 eran positivos, lo que ya supone un 8% de los casos. 

¿Y qué se puede hacer para evitar que la situación se ponga fea del todo?

Ahora lo más importante es que no se nos escape nadie, porque hay que frenar el crecimiento exponencial. Para ello, es clave el papel de los rastreadores, hacer test y más test y conseguir que se mantengan las cuarentenas de los contactos estrechos de los enfermos, que cada vez más hospitales fijan en 10 días en vez de en 14. Aunque haya pocos rastreadores -la Dirección General de Salud Pública está secuestrando [ríe] a nuestro médicos preventivos, el rastreo los podrían hacer profesionales no sanitarios, como personal administrativo. Pero claro, tiene que haberlo. 

¿Y si se dispusiera de recursos infinitos?

Hombre, lo ideal sería que toda la población se hiciera una PCR cada cuatro días. Pero esto no puede ser. Lo que está claro es que es algo que a la Consejería de Sanidad le preocupa, es lo primero que nos preguntan en las reuniones: "¿cuántas PCR habéis hecho? ¿cuántos positivos hay?". Para mí ahora mismo predominan dos tipos de contagios: el relativo al ocio y el de ámbito familiar, siendo éste último consecuencia del primero. Los jóvenes tienen que saber que pueden contagiar a sus padres y a sus abuelos. 

¿Cree que la situación podrá llegar a asemejarse a la de marzo y abril?

Hay temor, pero nadie cree que vayamos a llegar a la locura de marzo. Se teme una segunda ola, pero no en las proporciones bíblicas de entonces. Aquello fue un espanto. Hoy hay más conciencia de la importancia de la distancia social

¿Cuáles son las fortalezas con las que contamos ahora y con las que no contábamos en la primera ola?

Las más importantes son todo lo que hemos aprendido, aunque haya sido a palos, el concepto de solidaridad de los profesionales, saber que todos volveremos a darlo todo si hace falta, con independencia de nuestra especialidad y que ya conocemos lo que podría volver a pasar. Hay que tener en cuenta que la primera vez nos pilló a todos con el pie cambiado -aunque quizás podríamos haberlo previsto antes, ya que los italianos nos llevaban ocho días de ventaja- y ahora no. Por poner algunos ejemplos prácticos, antes era normal que se infectara alguien de una familia y acabaran ingresados muchos miembros pero ahora, en cuanto alguien presenta el menor síntoma, el aislamiento es mucho más rápido y mejor. También hay más conciencia de la importancia de la distancia social y del uso de mascarilla. Por supuesto, es importante el material: ahora tenemos camas extra guardadas, respiradores, batas y mascarillas; cosas que en su día adquirimos con mucha dificultad y no sólo por falta de dinero, sino porque no había conocimiento. Es decir, también hemos aprendido de lo que hacíamos mal.