Ocurrió a principios de mayo, y fue uno de esos momentos virales, uno de esos 'tremendos zascas' que hemos consumido con tanta fruición en estas semanas de dudas y restricciones. Un periodista holandés aprovechaba la rueda de prensa del ministro de Sanidad, Salvador Illa, para preguntar con destemplanza si "podía dormir por las noches" tras aprobar medidas como uno de los confinamientos más severos de Europa. "Los españoles están más en posición de dar lecciones que de recibirlas", fue la aplaudida respuesta.

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Lo cierto es que, con otro tono y en circunstancias menos volátiles al tener el reparto de ayudas europeas en segundo plano, el planteamiento del reportero de NOS, la televisión pública de Holanda, era perfectamente válido. ¿Por qué, si los españoles ha acatado ejemplarmente las normas del confinamiento severo y el estado de alarma, no se ha optado por el 'confinamiento inteligente' al estilo neerlandés en el que se ofrece información al ciudadano y él toma sus propias decisiones? El sentido común no parece aconsejarlo, pero los datos parecer darle la razón.

Efectivamente, los Países Bajos dejaron libertad a cada cual para decidir si optaban por el teletrabajo -una modalidad que ya estaba mejor implantada que en España antes de la crisis del COVID-19- o si salían a hacer deporte. Incluso a día de hoy y con las recomendaciones actualizadas de la OMS, las mascarillas no son obligatorias fuera del transporte público. Este mismo fin de semana se han producido movilizaciones en Utrecht, donde sí se han ordenado medidas de emergencia a nivel municipal por un brote, en la que no se han visto mascarillas ni en los rostros de los manifestantes ni en los de los policías

La situación recuerda a grandes rasgos al fallido experimento de "confinamiento laxo" en Suecia que ha terminado siendo un desastre epidemiológico, o al dramático repunte en EEUU después de que se mezclaran una reapertura precipitada de la economía con las movilizaciones masivas del Black Lives Matter. Pero no es el caso: Holanda ha conseguido contener por el momento la crisis con datos comparables a los de otros países que tomaron medidas más drásticas, y con una mejor tasa de mortalidad que su país vecino, Bélgica.

Manifestantes y policías sin mascarilla en Utrecht en una protestas contra las medidas contra el COVID-19. EFE

La clave, según un artículo publicado en JAMA Network Open, ha estado en una campaña divulgativa que ha incidido en dos aspectos: el primero, la distancia social; el segundo, la mejora de las medidas de higiene. Estos dos aspectos, señalan los investigadores, habían sido determinantes para atajar los contagios en el epicentro de la pandemia en Wuhan, China, ante la ausencia de vacunas válidas y de tratamientos de probada eficacia contra la enfermedad provocada por el nuevo coronavirus.

Para determinar en primer lugar hasta qué punto los holandeses estaban cumpliendo las recomendaciones, se diseño una encuesta que fue distribuida por un periódico nacional, De Telegraaf, y por un popular influencer y youtuber holandés, Govert Sweep. Este sondeo se distribuyó a mediados de marzo y fue contestado por más de 16.000 personas. La información que reportó a los investigadores es que el hábito de toser y estornudar en el codo estaba correctamente extendido, pero no así las recomendaciones relativas al lavado de manos, distancia social y el evitar tocarse la cara.

Ejemplos de los contenidos creados para la campaña de concienciación de las medidas de higiene.

A partir de ahí, se diseñaron vídeos e infografías para ser distribuidas en el diario y en las redes sociales con ejemplos prácticos de cómo mejorar las medidas de prevención. La pieza en De Telegraaf tuvo más de dos millones de visitas online, mientras que el vídeo del youtuber se reprodujo más de 80.000 veces. Los investigadores destacan que los contenidos se produjeron con el asesoramiento de virólogos, uno de los cuáles fue entrevistado en el canal de Youtube, para hacer frente a la infodemia de bulos e informaciones inexactas que se ha propagado en todo el mundo en las redes.

Una nueva encuesta a finales de marzo -cuando Holanda se enfrentaba a una presión hospitalaria "similar a la del norte de Italia", apuntan- reveló que estos contenidos, especialmente las infografías, habían logrado incentivar los hábitos de prevención en los que los holandeses iban más a la zaga. Notablemente, se habían duplicado las probabilidades de que una persona se lavase correctamente las manos, "en la duración correcta y por todas las partes necesarias".

Es cierto que, por motivos culturales, los holandeses han podido demostrar una mayor responsabilidad personal que otros europeos: el propio primer ministro Mark Rutte cumplió la restricción de no acudir a residencias de ancianos aunque, como se ha sabido ahora, supusiera no poder ver por última vez a su madre antes de que muriese. Pero los estereotipos nacionales se han mezclado a menudo en las observaciones científicas durante la pandemia: los investigadores insisten que una campaña viral de comunicación y concienciación es válida, en cualquier contexto, para aliviar la presión hospitalaria y dar tiempo a la investigación.