Su nombre no se ha hecho público, pero es lo de menos. Es uno de los primeros pacientes de COVID-19 que contrajo la enfermedad en el Hospital Universitario Puerta de Hierro, donde se deduce que trabaja. Ahora ya está "mucho mejor" y se ha convertido en una posible vía de escape para otros que todavía no la han superado. 

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Él es uno de los participantes del estudio ConPlas-19, un ensayo clínico controlado promovido por el Hospital Universitario Puerta de Hierro Majadahonda (HUPHM) de la Comunidad de Madrid. 

En el mismo se estudia la eficacia y seguridad del plasma procedente de pacientes curados de la infección por SARS-CoV-2 (plasma hiperinmune) en el tratamiento de pacientes hospitalizados en fase aguda de la enfermedad COVID-19. 

Este médico comenta que él su enfermedad la pasó "afortunadamente" en su casa, pero que no fue fácil ya que tuvo sobre todo "una segunda semana de la infección bastante dura". Sin embargo destaca que lo importante es que "después de todo, uno se recupera, aunque muy despacito". 

Mientras dona la parte líquida de su sangre inmune ya al famoso coronavirus, el voluntario -deducimos que es médico por su uniforme y porque lleva un fonendo colgado del cuello-, el hombre lanza un mensaje a las cámaras que le graban: "Como me imagino que cualquier persona, y no sólo personal sanitario, estoy encantado y repetiré las veces que haga falta". 

El hombre cuenta como, a través del hospital, se pusieron en contacto con él para participar, a lo que accedió encantado una vez que había negativizado. 

Aunque existen diversas moléculas que se están estudiando solas o en combinación frente a la COVID-19, ninguna ha demostrado una eficacia absoluta, por lo que hay que seguir investigando. El plasma de los pacientes curados, que se ha utilizado también frente al ébola, podría ofrecer una buena noticia en este sentido.