La vitamina C, un micronutriente que se puede encontrar en frutas ácidas como las naranjas o los kiwis, es considerada casi como un seguro de vida ante los resfriados: se dice que la vitamina C previene o que incluso puede reducir la intensidad de los resfriados.

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Sin embargo, los estudios científicos al respecto han negado de forma continua tal afirmación. Pero, a pesar de todo, el mito sobre la vitamina C sigue vigente en nuestros días.

El origen del mito de la vitamina C

El origen de esta falacia sin fundamento se debe al dos veces premio Nobel, el químico Linus Pauling, el cual ayudó a descubrir la naturaleza de los enlaces químicos e identificó un tipo de anemia -la anemia de células falciformes- como una enfermedad esencialmente molecular. De hecho, actualmente es considerado "padre" de la biología molecular.

Sin embargo, Pauling tuvo un fallo: ayudó a extender el mito de que la vitamina C previene el resfriado común. Aunque el químico no fue el primero en llevar a cabo tal afirmación, sino que el origen de la misma proviene de un hombre llamado Dr. Stone, el cual no era un profesional médico ni tenía los conocimientos médicos para realizar esa afirmación.

Aún así, Pauling y Stone realizaron un ensayo clínico de dudosa calidad para probar su hipótesis sobre la vitamina C; un ensayo clínico que otros investigadores calificaron como defectuoso. En su investigación ni siquiera se llevó a cabo una asignación al azar para tomar o no vitamina C, simplemente se observó si aquellos que tomaban mayores cantidades de alimentos ricos en este micronutriente tenían una mejor salud. Y de hecho, así era, aunque lo que realmente sucedía era que los individuos más saludables eran los que tenían una mayor tendencia a consumir dichos alimentos. Como cabría esperar, con una mejor salud de base, los resultados indicaron que la vitamina C se relacionaba con la prevención del resfriado común.

A pesar de los múltiples defectos del estudio, Pauling publicó un libro en 1970 titulado "La vitamina C y el resfriado común", el cual tuvo un gran éxito en Estados Unidos. Después de todo, el autor del libro era -y sigue siendo- el primer individuo que ha sido capaz de ganar dos premios Nobel no compartidos totalmente, y el único que ha ganado dos Nobel en campos tan diferentes como son la química y la paz.

En su libro, Pauling realizaba afirmaciones tales como que "dosis elevadas de suplementos de vitamina C pueden curarlo todo, desde enfermedades cardíacas a la lepra, e incluso el cáncer". El libro fue rechazado por las sociedades médicas de la época, pero eso no impidió que se vendiese y sus escritos fuesen creídos a rajatabla.

Los estudios sobre la vitamina C

La realidad, según las investigaciones actuales, es que Pauling se equivocó: la vitamina C no previene los resfriados, no previene el cáncer y no es capaz de curar cualquier dolencia.

Si bien algunos estudios sí han encontrado cierta evidencia de que la vitamina C podría acortar el resfriado, la realidad es que tomar suplementos de dicha vitamina cuando ya han empezado los síntomas no sirve para nada.

Asimismo, algunos estudios han encontrado cierta relación entre la toma diaria de vitamina C y las enfermedades cardiovasculares, pero otras investigaciones asegurar que no existe ninguna relación en absoluto.

Por otro lado, estudios más recientes han relacionado la toma de vitamina C y la mejora de enfermedades como el asma o la tuberculosis, pero se trata de resultados débiles que deben ser corroborados con mayor investigación al respecto.

En cuando a la relación entre la toma de vitamina C y el cáncer, algunos estudios sugieren que los suplementos de vitamina C no tienen ningún efecto en absoluto. Por otra parte, algunos pequeños estudios afirman que sí podría ayudar a matar células cancerosas, pero tan solo si se usan dosis altas de vitamina C administrada directamente por vía intravenosa, lo cual dejaría de lado la toma de suplementos en forma de frutas por ejemplo.

Dónde hay vitamina C

La conclusión, teniendo en cuenta la mayoría de los estudios, es que los suplementos de vitamina C no tienen efecto alguno sobre la salud. De hecho, se trata de una vitamina soluble en agua, lo que significa que si se toma en exceso se acaba expulsando por la orina sin mayores efectos sobre el organismo; y, si no se excreta de esta forma, como mayor riesgo pueden sufrirse síntomas como diarrea o problemas intestinales leves.

Si se sufre déficit de vitamina C, sí pueden haber problemas: el escorbuto, una enfermedad producida por la falta de esta vitamina, produce problemas del pelo y la piel, e incluso hematomas y hemorragias. En este caso sí sería necesaria la suplementación de vitamina C, o tomar mayor cantidad de la misma mediante el consumo de alimentos tales como naranjas, fresas, kiwis, ajos, brócoli, perejil, cebolla, manzanas, peras, zanahorias, plátanos, aguacates, ciruelas, moras, hígado de res o pimientos picantes, entre muchos otros.

Finalmente, cabe destacar que la falta de vitamina C no suele producirse de forma aislada, y se suele acompañar de la falta de otros nutrientes. Asimismo, la toma de suplementos tan solo es necesaria cuando se produce este déficit, y en ninguna otra situación. Tomar más vitamina C no mejora la salud.