Habitualmente, el primer grupo de alimentos que se recomienda evitar, o al menos reducir su consumo, son los carbohidratos complejos de alto índice glucémico: pasta, arroz o patata suelen ser los "villanos" de cara a sufrir enfermedades crónicas como la diabetes o la obesidad. Y en España, tendemos a consumirlos en exceso.

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El problema empeora más si cabe por la noche, cuando el control del azúcar sanguíneo empeora en aquellos individuos que ya sufren cierta resistencia a la insulina, y de forma más grave todavía cuando ya se sufre diabetes mellitus tipo 2. Lo cual, a su vez, no quiere decir que comer carbohidratos por la noche engorde o sea perjudicial de por sí; recordemos que eso es un mito y hay que mirar las cosas con más perspectiva.

Sin embargo, un reciente ensayo clínico ha querido indagar de forma más específica sobre los carbohidratos de alto índice glucémico y la diabetes tipo 2: las patatas por la noche no serían tan perjudiciales como se pensaba.

Según este nuevo trabajo, publicado en Clinical Nutrition, el índice glucémico no sería un parámetro tan exacto para medir la respuesta glucémica de un individuo respecto al consumo de un alimento durante la cena. De hecho, en este pequeño ensayo donde participaron 24 voluntarios con diagnóstico de diabetes tipo 2, aquellos que consumieron patatas para cenar tuvieron una mejor respuesta glucémica en comparación a los que consumieron otro carbohidrato con un índice glucémico menor, como es el arroz basmati.

Como bien recuerda la Dra. Brooke Devlin, investigadora principal del estudio, de la Universidad Católica Australiana (Melbourne), habitualmente se usa el índice glucémico como sinónimo de control glucémico o respuesta glucémica de un individuo tras el consumo de determinados alimentos.

Sin embargo, si bien es cierto que este parámetro puede ser muy específico al consumir un alimento de forma aislada en condiciones ideales de laboratorio, en la vida real no se suelen comer alimentos de esa forma: hay que tener en cuenta con qué alimentos se mezclan o a qué hora del día se consumen, entre otros factores.

Teniendo esto en cuenta, Brooke y sus colegas realizaron un pequeño ensayo clínico. En ese caso se proporcionó a los participantes el mismo desayuno y la misma comida, pero se les asignó al azar una de las cuatro cenas preparadas: en tres de ellas había patatas sin piel preparadas de tres formas diferentes (hervidas, asadas, o hervidas enfriadas y posteriormente recalentadas), y en la cuarta cena no había patatas sino el arroz como comida de control.

Todos los participantes repitieron el experimento para poder probar las cuatro cenas, dejando 9 días de descanso entre cada experimento. En todos los casos se les tomó muestras de sangre de forma protocolizada, inmediatamente después de comer y cada 30 minutos durante 2 horas. Además, también usaron un monitor de glucosa continuo durante la noche para rastrear los cambios de niveles de azúcar sanguíneos mientras dormían.

Según los hallazgos del estudio, no hubo diferencias entre las comidas respecto a su respuesta de glucosa sanguínea tras la cena, ya fuese tras comer patatas o arroz basmati. Sin embargo, la respuesta glucémica durante la noche fue más favorable en aquellos que consumieron patatas, en cualquiera de sus formas, que aquellos que consumieron arroz basmati, a pesar de que este último tiene un índice glucémico menor.

Los investigadores recuerdan que estos hallazgos son contrarios a los que se producían en los estudios observacionales tradicionales, donde se daba por supuesto que los alimentos con alto índice glucémico producirían una respuesta glucémica peor con el paso de las horas, o incluso de forma inmediata. Pero no fue el caso: si las patatas se consumen dentro de una cena saludable, no afectarían a la respuesta glucémica inmediata, ni tampoco tardía.