Las tardes de verano son un cucurucho de helado de turrón. O de fresa con nata. O de vainilla. O incluso de yogur. Porque hace algún tiempo que las yogurterías irrumpieron en las plazas de media España como una presunta alternativa saludable a los tradicionales helados, con los que nos hemos relamido durante muchísimo tiempo pero que están cargaditos de azúcar. Los toppings a base de fruta o cereales eran el lavado de cara perfecto para un producto que ni siquiera era yogur en realidad

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Lo denunció la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) en pleno boom, allá por 2015, a través de una publicación en su página web. "El yogur helado o helado de yogur está de moda. La palabra 'yogur' les otorga un halo saludable y ayuda a venderlos mejor, como si fuesen un pecado más venial", advierte. Pero nada más lejos de la realidad: la mayoría de los yogures helados que podemos encontrar en estos establecimientos se parecen más a un helado de turrón o de cheescake que a uno de estos populares lácteos fermentados con Lactobacillus bulgaricus y Streptococcus thermophilus.

¿En qué se diferencian estos productos de un yogur de verdad? Para empezar, su contenido en azúcar es mucho mayor que el de la mayoría de yogures que podemos encontrar en el supermercado. En concreto, algunas variedades llegan a alcanzar hasta un 23% del total, según la OCU. Así, mientras que el contenido calórico de un yogur de fresa o de limón ronda las 80 kilocalorías por cada 100 gramos, en los yogures helados que se venden en los supermercados y en las yogurterías podemos encontrar hasta 140 kilocalorías por ración

Pero la cosa no queda aquí. Pese a que la mayoría de estos productos contienen la grasa propia de la leche, también podemos encontrar variedades con grasa vegetal, mucho menos saludable. "Lo normal son las grasas saturadas y poco cardiosaludables", dice la organización. Así, pese a que todos tienen bacterias lácticas, "su número es muy bajo como para ser considerados yogur". Es decir, nos encontramos ante un producto que se parece más a un helado tradicional que a un yogur. 

"Un helado de yogur mediano (sin topping) tiene 24 gramos de azúcar, equivalente a seis terrones de azúcar. No te engañes: no resulta mucho más sano si le pones fruta”, apuntan desde Sinazucar.org, el proyecto visual en el que se denuncia la cantidad de azúcares libres que esconden productos de distinta índole. "Son un helado que sabe a yogur. Si los consideramos helado, sus cantidades de azúcar y grasas saturadas, no tienen nada de raro", apuntan por su parte desde la Organización de Consumidores. 

Entonces, ¿existe alguna opción saludable? Los especialistas recomiendan huir de las variedades industriales a toda costa y apostar por los helados caseros. ¿Helados caseros de yogur? Sí. Pero, ¿de qué tipo? Es cierto que en el supermercado podemos encontrar una ingente cantidad de opciones: desde los yogures de sabores a los yogures con frutas, pasando por los Bifidus, los yogures con cereales, con mermelada los 0% en materia grasa o los triple zero. En realidad la mejor opción siempre serán los yogures naturales, cuyo consumo ha sido relacionado en distintas investigaciones con la pérdida de peso y es un factor de protección contra la obesidad.

Un estudio publicado hace un par de años en la revista BMJ Open alertaba de que la gran mayoría de yogures contiene una cantidad excesiva de azúcar (la OMS recomienda no tomar más de 25 gramos al día en una ingesta de 2.000 kilocalorías diarias). Sin embargo, la investigación salvaba de la quema a dos variedades: por un lado, los yogures griegos, cuyo porcentaje de grasa (saludable) y proteínas es mayor, y los yogures naturales, que tienen un contenido más reducido de azúcar y un sabor más agrio. 

Estas dos variedades ofrecen beneficios para la salud, pueden consumirse en formato helado sin perder sus propiedades y no acabarán dañando nuestro organismo a la larga. Tampoco un par de helados en todo el verano lo harán, así que uno puede darse un caprichito de vez en cuando. Pero si se realiza un consumo habitual, es mejor apostar por los formatos más saludables. Bon appetit.