Las restricciones del estado de alarma provocado por el coronavirus hacen que la vida pase de una fase a otra en cuestión de días. Así, al miedo inicial a no tener comida le siguió la preocupación por engordar, y a ésta cierto estrés por evitarlo siguiendo recomendaciones disponibles en las redes.

La clave, dice en declaraciones a Efe la nutricionista María Sanabdón, es "para qué comemos". "Nutrirme y disfrutar" tendría que ser la respuesta a esta pregunta, comer lo que el cuerpo desea cuando lo necesita y no lo que se le hace desear cuando uno quiere.

Por eso cuando alguien se plantea la comida como forma de "compensar emociones desagradables o negativas, va a entrar en un problema" ya que se comerá, por ejemplo, para superar el aburrimiento del confinamiento o para combatir la ansiedad y el estrés que también genera.

Es entonces cuando surge la preocupación por engordar y para evitarlo, dice, se hace caso de esas recomendaciones "tan estrictas" que de forma "masiva" se dan en las redes sociales: no solo sobre cómo ocupar el tiempo con actividades varias y multitud de cursos sino también sobre ejercicio físico diverso, como tonificación, quemagrasas, cardios o moldeadores.

Una alternativas que, tal y cómo se están planteando, lo que en realidad pueden provocar a juicio de Sanabdón es "más estrés", con el que a su vez se corre el riego de sufrir otros problemas, como alteraciones del sueño y del carácter.

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En este sentido apunta que si una actividad física ligera y a diario es positiva, sucede lo contrario cuando el reto es difícil porque, si ya el sistema nervioso está algo alterado por las circunstancias, marcarse ahora como objetivo el adelgazar "es absolutamente contraproducente" ya que hará sentir "un mayor control externo" y "más angustia".

De ahí que esta especialista apueste por poder controlar la relación entre la alimentación y lo emocional para determinar "por qué como y cómo como", explica, y recomiende para no engordar y evitar futuros trastornos de la conducta alimentaria seguir "como siempre" la dieta mediterránea.

Una dieta que pasa por frutas y verduras a diario, pesado, carne, marisco y huevos 2o 3 días por semana, legumbres de 1 a 3, cereales (arroz y pasta mejor integrales), frutos secos con moderación, lácteos sin azúcares ni grasas añadidos y sin abusar, y aceite de oliva.

Son "el aporte de fibra, vitaminas y minerales para que nuestro sistema inmune funcione bien", asegura, y señala que el complemento adecuado es "un poquito de sol cada día, 15 minutos saliendo a la ventana" si el tiempo acompaña, para aportar vitamina D al cuerpo.

Se trata de una vitamina, aclara, que "ni previene ni cura el coronavirus" pero que el organismo necesita y que también se encuentra, básicamente, en el pescado y los huevos.

"No hace falta suplementar sino mantener una dieta equilibrada", afirma María Sanabdón, y advierte contra el énfasis excesivo que por ejemplo ahora se pone en las propiedades que para las defensas tienen determinados alimentos, y es que hacerlo, sostiene, "es imprudente y puede ser contraproducente".

De hecho asevera que ante la pandemia de coronavirus "no hay ningún alimento, nutriente o dieta que pueda prevenir el contagio de este virus", más allá de que se sabe que algunos pescados aportan omega-3 y se conocen las bondades de las vitaminas.

Por Rosana Redondo.