La distracción que provoca usar aparatos tecnológicos durante la comida provoca que tomemos una cantidad inferior de alimento. Cuando 119 jóvenes adultos tomaron su almuerzo mientras jugaban a un videojuego durante 15 minutos, comieron significativamente menos que cuando comieron el mismo menú pero sin distracciones.

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El consumo alimentario de los participantes fue evaluado en dos ocasiones separadas: el día en el que jugaron mientras comían y otro día en el que comieron sin pantallas, según explica la coordinadora del estudio, Carli A. Liguori, investigadora de la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign (EEUU). Los resultados su experimento se publican en la revista Journal of Nutrition.

El juego, denominado 'Procesamiento Rápido de Información Visual' (Rapid Visual Information Processing), pone a prueba la atención visual sostenida del participante y el ejercicio de su memoria. Su utilización está ampliamente extendida para evaluar problemas como la enfermedad de Alzheimer y el trastorno de déficit de atención e hiperactividad (TDAH).

Así, el juego muestra aleatoriamente una serie de dígitos en pantalla a una velocidad de uno por segundo. Los participantes habían recibido instrucciones para pulsar la barra de espacio en un teclado cuando veían aparecer la misma cifra tres veces seguidas

"Es bastante simple, pero distrae lo suficiente como para que tengas que prestarle  atención de verdad para asegurarte de que no se te escapa una cifra y estás llevando la cuenta mentalmente", explica Liquori. Los participantes habían ayunado durante las 10 horas previas a las dos pruebas, y a la hora de comer se les presentó un plato con 10 mini-quiches, de tamaño y peso estandarizado, permitiéndoles comer todas las que quisieran en cada ocasión

Después de descansar 30 minutos, los participantes completaron una encuesta en la que se les pidió que recordasen cuántas quiches habían recibido y cuántas de ellas se habían comido. También debían valorar en qué medida habían disfrutado con la comida y qué sensación de saciedad versus hambre experimentaban. La hipótesis de Liguori era que, en base a investigaciones previas, comer desconcentrados haría que los participantes comiesen más pero no lo recordasen, y disfrutasen menos. 

Y, efectivamente, jugar durante la comida hacía que los sujetos recordasen peor qué y cuánto habían comido. Pero durante el juego, comieron menos, no más. Esto llevó a Liquori a cambiar su hipótesis: se trataría de dos conceptos distintos que frecuentemente se confunden y se intercambian, por un lado el de "comer bajo distracción" y el de "comer inconscientemente" por el otro. Según la investigadora, son dos comportamientos diferentes con "matices" que los diferencian.

Por ejemplo, "comemos inconscientemente" cuando ingerimos alimento sin pretenderlo: cuando cogemos un puñado de dulces del bote que compartimos en la oficina o cuando picoteamos patatas fritas porque la bolsa estaba frente a nosotros. Pero "comemos inconscientemente" cuando nos hemos sentado deliberadamente a comer pero desarrollamos al mismo tiempo una actividad secundaria: responder a mensajes en el teléfono o seguir un programa de televisión.

¿Por qué hay estudios que apuntan a que la gente come más, y no menos, cuando está desarrollando una "alimentación bajo distracción"? Liquori apunta a una serie de variables: de qué tipo de distracción hablamos, si es un esfuerzo intelectual o por ocio; qué comida se está sirviendo; y qué diferencias suponen la edad, la raza, la preferencia alimentaria o la motivación para regular su consumo, por ejemplo a través de una dieta. 

Así, su estudio tenía una limitación principal, que es que solo se realizó únicamente con estudiantes universitarios. Para seguir profundizando en esta línea de investigación, plantea, los siguientes ensayos deberían evaluar los hábitos de consumo en diferente situaciones, con distracción y sin ella, más que comparar la alimentación de miembros de un mismo grupo y en similares circunstancias.