Enero y septiembre son los meses en los que mádietas  se inician. Los nuevos cursos y los años nuevos se llenan siempre de buenos y mejores propósitos y uno de los más recurrentes es adelgazar. Sin embargo, no lo hacemos todo lo bien que deberíamos porque siempre acudimos a dietas restrictivas que nos prometen adelgazar todos los kilos que nos sobran. Pero ¿realmente es así? ¿Son estas mejores dietas? Desterremos de una vez estos mitos.

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Lo importante para adelgazar no es hacer dietas imposibles o dietas milagro  sino adquirir buenos hábitos alimenticios. La relación entre salud y mantener una buena alimentación es más que evidente. Aunque a veces esta razón no sea realmente convincente para cambiar nuestros malos hábitos.

"Al principio, intentaba convencer a la gente de la relación que existe entre malos hábitos alimenticios (además de mal descanso, tabaco, estrés, vida sedentaria…) y futuras enfermedades, pero me di cuenta de que esto no era suficiente, así que pasé a convencer con otra táctica y era la de enseñar a los pacientes cómo se sienten a día de hoy", afirma a EL ESPAÑOL Mireia Elías, dietista-nutricionista de Instituto Centta (Madrid). 

Esto es, la alimentación no es sólo adelgazar o el peso de la báscula sino que una buena alimentación, añade la experta, es también sentirse y encontrarse bien con uno mismo, más enérgico y con buen estado de ánimo. También ayuda a regular mejor las digestiones y a ir al baño adecuadamente; a no tener acidez, reflujo, gases, dolores de espalda y de articulaciones; a rendir mejor en el ejercicioY en resumen, a tener mejor calidad de vida. Y es que "la mejor dieta es la de adquirir hábitos alimenticios saludables", asegura.

Siempre dietas individualizadas

Lo importante en las dietas es adaptarlas a la persona. Es decir, una dieta personalizada en cuanto a gustos, ritmo de vida, rutinas, etc. Es posible, afirma Elías, perder peso sin sufrir ni pasar hambre: "Se trata de aprender, de adquirir hábitos alimenticios saludables que la persona que quiera bajar de peso pueda mantener en el tiempo".

"Por ejemplo, si vemos que el paciente tiene hambre física y no hambre emocional o ansiedad, habrá que regular las cantidades. Si fuera al revés, habría que enseñarle a gestionar la parte psicológica con la comida", explica. O bien "si el paciente refiere no tener hambre y ser incapaz de comer hasta la hora de la comida, no tendría sentido obligarle a hacer el desayuno y la media mañana. La dieta se estructuraría en 3 tomas (comida-merienda-cena). Con hidratos incluidos por la noche, no pasaría absolutamente nada", señala.

También puede ocurrir que la persona coma siempre fuera de casa por trabajo o que viaje mucho y siempre tenga que comer donde se encuentre. En este caso -explica- la dieta iría enfocada a enseñarle a esa persona a comer de forma adecuada fuera de casa. O si por ejemplo, le horroriza cocinar y echa mano casi siempre de precocinados, habría que enseñarle a hacer platos fáciles de preparar y que a la vez sean sanos y ricos.

Por todo ello, las dietas restrictivas no sirven. No sólo porque no se adaptan a la persona, sino también por estos 7 motivos que a continuación expone esta profesional.

Problemas a largo plazo

El primer motivo es porque "las dietas restrictivas no están enfocadas a la salud, no cumplen con los requerimientos de nutrientes y pueden acarrear problemas a largo plazo y no tan largo", asegura.

Peligro de atracón

El segundo es que prohíben alimentos, lo cual desemboca en atracones o en comer a escondidas, con grandes sentimientos de culpa y baja autoestima.

Demasiadas pocas calorías

El tercero es que son demasiado bajas en calorías "lo que hace que nuestro metabolismo se ralentice provocando luego el famoso "efecto rebote" y costándonos cada vez más adelgazar", explica.

Más fuerza de voluntad

El cuarto motivo es que, como en estas dietas se come tan poco, el cuerpo responde aumentando la grelina u hormona del hambre y disminuyendo la leptina u hormona de la saciedad (esto implica mayor fuerza de voluntad para controlar las cantidades).

Perder agua y músculo

El quinto motivo para no seguir una dieta restrictiva es que gran parte del peso perdido es agua y músculo. "Y lo beneficioso sería perder grasa, el agua nos mantiene hidratados y el músculo nos da fuerza y sujeción. Si los pierdes, acabarás teniendo problemas de huesos, articulaciones, renales, etc.", indica.

Cambios hormonales

La sexta razón es que provocan cambios hormonales. "Se nos puede desajustar la tiroides, el cortisol, la serotonina y dopamina, los estrógenos y la progesterona en mujeres haciendo que se altere el ciclo menstrual, entre otros. Y el resultado deriva en mayor cansancio, peor estado de ánimo o mala respuesta al ejercicio".

Sólo a corto plazo

Y por último es que se activan genes que ayudan a almacenar grasa y se desactivan aquellos implicados en la quema de grasa. Por todo esto, "las dietas restrictivas no dan resultado a largo plazo", concluye.