Sí, vuelve a casa por estas fechas porque el turrón y la Navidad son casi sinónimos. Hay pocas cosas más tradicionales que la masa de miel, azúcar, almendras y clara de huevo en los hogares españoles. Pero un dulce tan dulce no tiene pinta de ser muy bueno para la salud, ¿verdad? Veamos.

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El turrón tiene unas 500 calorías de media por cada 100 gramos, toda una bomba. Básicamente, tanta energía viene en forma de azúcar y grasa, lo que no es recomendable para nadie, pero menos para personas con diabetes, obesidad o quienes se tienen alguna dolencia cardiovascular.

Aunque un dietista-nutricionista nunca te dirá que el turrón es un alimento sano, hay que tener en cuenta algunos matices. Sí, hay postres mucho peores. Dentro de lo que cabe, los ingredientes que se utilizan en su elaboración tampoco están tan mal. Bueno, básicamente, un ingrediente: las almendras.

Así lo considera la experta Marián García (Boticaria García). En su opinión, las almendras marcan la diferencia, porque hacen que la grasa que contiene este producto sea de buena calidad, con gran cantidad de ácidos grasos insaturados similares a los del aceite de oliva. Esto quiere decir que el turrón, al menos, no tiene colesterol. En el lado positivo, el turrón también tienen proteínas procedentes del huevo, además de vitamina E, calcio, potasio, zinc, magnesio y ácido fólico.

Mejor cuantas más almendras

En cualquier caso, casi todos los beneficios que le podemos atribuir provienen de su alto contenido en almendras así que, cuantas más, mejor. Las dos variedades tradicionales son el turrón de Alicante o turrón duro y el de Jijona o turrón blando. En el primero, vemos claramente las almendras y en el segundo no, pero en realidad están hechos con los mismos ingredientes, solo que en el de Jijona las almendras se trituran.

Así que lo importante en ambos casos es fijarse en la calidad, que viene marcada, precisamente, por la cantidad de almendras. La "categoría suprema" tiene un 60% de almendras. Después están la extra, la estándar y popular. En esta última, las almendras sólo representan el 30%, así que merece la pena gastarse un poco más y apostar por la primera, aunque sea más cara.

¿Y el turrón de chocolate?

Sin embargo, no todos los turrones o los productos que así se denominan tienen el sello de garantía de la Indicación Geográfica Protegida (IGP) y, por lo tanto, se someten al control estricto de sus ingredientes y su receta. De hecho, hay muchos turrones de marca blanca y apariencia tradicional que no tienen esta distinción.

Por otra parte, entre las variedades más populares que se salen de la tradición, triunfa sobre todo el turrón de chocolate, aunque técnicamente este producto no es turrón. Puede llevar almendras o no llevarlas, además de arroz crujiente, guindas, conguitos y otras opciones. En general, el resultado es que tiene aún más azúcar que el turrón normal y casi ninguno de sus beneficios.

Además, en los últimos años han aparecido otros muchos turrones de sabores e ingredientes para todos los gustos: de piña colada, de yogur, de arroz con leche, de frambuesa y, por supuesto… de quinoa. No existen unas especificaciones concretas, pero muchos de estos productos sustituyen las almendras por otros componentes que suelen ser menos saludables.

Ojo al turrón sin azúcar

También tenemos turrón "sin azúcares añadidos", como casi cualquier producto del supermercado. Podríamos pensar que esto quiere decir que son mucho más saludables, pero la cosa no es tan fácil. La Organización de Consumidores de Usuarios (OCU) los ha comparado con los turrones tradicionales y observa que, en efecto, la cantidad de azúcar es mucho menor, un 91%. Sin embargo, tienen casi las mismas calorías (436 frente a las 490 del turrón normal, lo que supone un 11% menos) e incluso mayor cantidad de grasas (4,5% más).

Aunque la reducción de calorías procedentes del azúcar es notable (de 159 a 14), gran parte de ellas se compensan con más calorías procedentes de las grasas (264) y también de otros elementos. En cuanto al componente calórico, el turrón "sin azúcares añadidos" sigue siendo muy potente.

¿Cuánto se puede conservar?

Al hacer la compra de estas fiestas no tenemos medida y más de un sigue comiendo turrón hasta marzo. Pero, ¿podríamos guardar este producto tan navideño hasta el año siguiente? Los expertos no lo recomiendan, ya que el turrón duro suele ponerse rancio, señal de que se ha deteriorado, y el blando incluso puede criar moho.

En definitiva, sería mejor sustituir el turrón por fruta como postre, sobre todo después de las copiosas comidas a las que nos enfrentamos, pero hay algunos argumentos para defender las variedades más tradicionales y auténticas de este producto. Y además, nos podemos quedar con un refrán que viene que ni pintado para estas fechas: una vez al año, no hace daño.