La microbiota, la comunidad de microorganismos que habita en nuestro sistema gastrointestinal, es una inquilina muy agradecida: mantenerla abundante y en buen estado de salud tiene beneficios para la prevención de la obesidad y de multitud de enfermedades, incluso algunas de tipo psiquiátrico. Pero, para ser buenos caseros, tendremos que seguir una alimentación adecuada que incentive a las poblaciones de bacterias beneficiosas manteniendo a raya a los indeseables del vecindario.

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Ahora, un trabajo presentado en la semana de la United European Gastroenterology (UEG) 2009 celebrada en Barcelona ha identificado qué tipos de alimentación son las más adecuadas para favorecer el desarrollo de una microbiota saludable, y cuáles la perjudican. Una dieta adecuada, además, ejerce un efecto antiinflamatorio sobre los intestinos, lo que mantiene a raya a determinadas enfermedades intestinales que perjudican gravemente la calidad de vida.

Los investigadores del Centro Médico Universitario Groningen (Holanda) han identificado como alimentos más interesantes a la hora de hacer "bacterias amigas" a las legumbres, el pescado y las nueces. También al pan y al vino tinto; no obstante, el consenso nutricional es que el consumo de estos dos productos debe privilegiar el integral en el primer caso y ser lo mínimo, cuando no inexistente, para el segundo.

Estas comidas se asocian a una mayor población de microorganismos que ayudan a realizar la biosíntesis de los nutrientes esenciales y a producir ácidos grasos de cadena corta que suponen la principal fuente de energía para el colon. Estos hallazgos, apuntan los investigadores, sugieren que la modulación de la microbiota a través de la dieta podría no ser solo una estrategia de prevención, sino también una forma de tratamiento de las enfermedades intestinales.

Para determinarlo, los especialistas trabajaron con cuatro grupos: uno de población general y otros tres de pacientes con la enfermedad de Crohn, colitis ulcerosa y Síndrome del Intestino Irritable (SII) respectivamente. Se analizaron las heces de cada participante para averiguar cómo estaba compuesta su microbiota y se contrastaron los resultados con las encuestas de hábitos alimentarios que realizaron. Así, se identificaron 61 alimentos relacionados con el florecer de microorganismos y 49 correlaciones entre grupos microbianos y dietas.

De este modo se pudo identificar a las legumbres, los vegetales, las frutas, los cereales, el pescado y las nueces como los principales impulsores de las funciones bacterianas beneficiosas para la salud, así como de un mayor efecto antiinflamatorio. Todo lo contrario que la carne, los carbohidratos habituales de la comida rápida y los azúcares refinados, que empeoraron la calidad de la microbiota y aumentaron la inflamación intestinal.

Los alimentos buenos para la salud intestinal tuvieron un efecto protector contra las bacterias aerobias, potencialmente dañinas. Especialmente las legumbres, vegetales, grano entero y frutos secos: la dieta basada en plantas fue la que produjo un mayor nivel de ácidos grasos de cadena corta, facilitando el trabajo del colon. La proteína vegetal contribuyó a su vez a la biosíntesis de las vitaminas y los aminoácidos, así como a la metabolización de los alcoholes de azúcar y la excreción de amonio. El efecto de la proteína animal, como en el caso anterior, fue el opuesto.

"Lo que hicimos fue investigar en profundidad la relación entre los patrones de la dieta, los alimentos individuales y la microbiota intestinal", explica Laura Bolte, jefa del estudio. Entre las recomendaciones que incluyen en las conclusiones al estudio, destaca un nombre propio: la Dieta Mediterránea, al tener una base de proteínas vegetales en forma de legumbres, verduras, frutos secos y grano, y siendo rica en pescado.

"Una dieta caracterizada por las nueces, la fruta, un mayor consumo de verduras y legumbres por encima de la proteína animal; combinada con una ingesta moderada de alimentos de origen animal como el pescado, la carne magra, las aves, los lácteos fermentados bajos en grasa y el vino tinto; y con el mínimo consumo de carne roja, carne procesada y dulces se relaciona con beneficios del ecosistema de nuestros intestinos según nuestro estudio", afirma la investigadora.

Hasta la fecha, la microbiota humana ha sido vinculada a trastornos en el sistema inmune, metabólicos e incluso neurológicos. Se la relaciona con la enfermedad inflamatoria intestinal (EII), la artritis psoriasica, la diabetes, el eczema atópico, la celiaquía y la rigidez arterial. Esto se traduce, indican, en un coste de 5.600 millones de euros para atender a los tres millones de europeos que sufren EII. Si la obesidad, que sufre el 50% de la población en Europa, entra en la ecuación, el coste de cuidar mal los intestinos aumenta a 81.000 millones de euros anuales.

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