La botella de agua más cara del mundo se vendió en el año 2017 por unos 834.000 euros. Por este exorbitado precio se puede adquirir un piso de unos 100m2 con vistas a la Bahía de la Concha de Donostia, un reloj Richard Mille del exclusivo modelo con el que Nadal ganó su décimo Ronald Garros o un Ferrari 250 GT Drogo. 

En este caso, el envase fue el culpable del abultado precio, ya que está hecho con oro de 24 quilates y 113 diamantes. Aunque este sea un caso aislado, en los supermercados de España hay gente dispuesta pagar precios considerablemente altos por tomar unos tragos de agua. Por ejemplo: la marca Voss vende agua embotellada por unos 10 euros el litro; un litro de la marca Fiji (según el etiquetado, procede de las islas situadas en el sur del Océano Pacífico) tiene un coste de unos siete euros; y el agua natural mineral Armani ronda los cinco euros el litro.

Aparte de estos ejemplos, también se pueden encontrar más envases de H2O a un precio que un trabajador con un salario medio no podría permitirse a diario. "En algunos casos hay aguas de lujo en las que pagas la botella en la que se guarda el liquido. En otros, el precio se debe al esnobismo de que sea agua que viene de países que están a 10.000 kilómetros, es una forma que tiene la gente de decir que se lo puede permitir", valora Miguel Ángel Lurueña, doctor en Ciencia y Tecnología de los Alimentos y divulgador a través de su blog Gominolas de Petróleo.

El experto matiza que estas botellas, más allá del H2O que es común a todas (también la del grifo), "pueden tener elementos disueltos, en suspensión o diferente composición de sales minerales". "Esto le da diferentes sabores y propiedades", lo que podría explicar que la gente recurra a cualquier agua envasada (las más baratas incluidas). 

Para el divulgador consumir agua embotellada -tenga el precio que tenga- puede tener sentido "en ciertas circunstancias cuando no tengamos agua corriente a mano o si no nos gusta el sabor del agua del grifo". Pero aclara que "el agua del grifo es segura, otra cosa es que tenga más o menos dureza y que al ciudadano le pueda saber mejor o peor, pero el agua del grifo no nos va a hacer enfermar".

Lurueña hace hincapié en que "el agua del grifo es segura". "Más allá de eso, si a la gente no le gusta su sabor o prefieren cargar con garrafas de agua, esa ya es su elección", añade. 

Por otro lado, además de los matices que pueda tener al paladar cada agua envasada, el experto justifica que hay "personas con patologías concretas que pueden necesitar tomar, por ejemplo, aguas de mineralización débil por lo que recurren a algún tipo de agua del supermercado". 

Una opinión parecida mostraba José Miguel Mulet, profesor de Biotecnología de la Universidad Politécnica de Valencia, en esta entrevista de EL ESPAÑOL: "El agua embotellada no es mejor que la del grifo. Para nada. El agua embotellada, si te gusta el sabor o la tienes que llevar a algún sitio, está bien. Pero para la salud el agua del grifo es perfectamente aceptable y buena. Porque si no lo fuera, no saldría por el grifo. Tan fácil. Beber agua embotellada no tiene ningún efecto para la salud. Es cierto que si te vas a un país exótico, es mejor beberla embotellada porque el agua del grifo no tiene las condiciones sanitarias adecuadas. Pero en un país occidental beber agua embotellada no tiene demasiado sentido".

Coste ecológico  

El coste ecológico de consumir el líquido embotellado es uno de los problema de acercarse al supermercado y acarrear agua. Si recurres al grifo: "No tienes que emplear envases, ni utilizar transporte para llevar estas botellas, con la consiguiente contaminación".

Asimismo, Lurueña explica que si se consume agua directamente del grifo no se generan residuos y se ahorra el gasto energético de fabricar un envase y toda la contaminación que lo rodea. También se evitan los residuos que genera, el camión de la basura y el reciclaje.

En el caso de que el consumidor quiera llevar agua a algún sitio donde no tenga cerca una fuente de agua, el experto recomienda comprar una botella de cristal y rellenarla.

El peligro de rellenar botellas de plástico

Para Lurueña existen tres situaciones que pueden dar lugar a problemas por reutilizar botellas de plástico. "Aunque parezca una tontería, todos los años hay casos de gente que rellena las botellas de agua con una sustancia que no es agua y puede ser peligrosa si se consume". Por ejemplo, ha sucedido en bares donde meten lavavajillas industrial en una botella, se produce una confusión y un cliente se lo bebe pensando que es una bebida normal".

El experto también destaca que, a la larga, se van deteriorando estos envases y en su interior pueden crecer microorganismos patógenos. Además, "se pueden desprender sustancias que están en la propia botella que, a la larga, dan problemas de mal sabor e incluso que podrían suponer un riesgo para la salud". 

Ante estas situaciones el experto apela al sentido común: "Como cualquier otro envase, está pensado para un determinado número de usos. A nadie se le ocurre utilizar una botella 40 veces. Con un uso lógico y normal no tiene porque existir ningún problema".