Adoptar un animal doméstico implica aceptar una serie de obligaciones para su cuidado y, en los meses de verano, prevenir los golpes de calor debería estar entre las máximas prioridades de los dueños. Es posible, sin embargo, que haya amos que todavía no sean conscientes de que los perros tienen más problemas que nosotros para regular su temperatura corporal al ser incapaces de sudar. Es el caso de una mujer denunciada el 24 de junio en Sevilla por dejar a su Yorkshire, que fue rescatado por la Policía, cuatro horas en el coche a más de 50 ºC.

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La concienciación y el estudio de los golpes de calor en perros se ha dado principalmente en países cálidos. El principal trabajo de referencia se realizó en Israel y tuvo resultados alarmantes: de 126 urgencias veterinarias por este motivo, la mortalidad alcanzó el 53%. Pero el cambio climático ha convertido esta amenaza en un fenómeno global, incluso en las húmedas y tradicionalmente frías Islas Británicas. Investigadores de la Universidad Nottingham Trent de Southwell (Reino Unido) han realizado el primer análisis del país sobre este problema, que publica la revista Scientific Reports.

El equipo, dirigido por la Dra. Emily Hall, investigó la incidencia del golpe de calor en perros británicos usando registros electrónicos anónimos sobre 905.543 mascotas que fueron atendidas en clínicas veterinarias en 2016. 395 de esos casos estaban relacionados con el calor y 56 de ellas terminaron en muerte, una tasa del 14,18%. Los autores recuerdan que en julio de aquél año, cuando se produjeron el 40% de las incidencias, Europa estaba bajo una ola de calor impulsada por el fenómeno de El Niño. Pero desde entonces los récords de temperatura han sido superados año tras año y los episodios de calor extremo son cada vez más frecuentes.

Los signos clínicos para describir un caso de golpe de calor en un perro fueron los siguientes: jadeo excesivo incluso tras cesar la exposición al calor o al ejercicio; colapso físico no atribuible a otras causas, como cardiovasculares; rigidez, letargia o negativa a moverse; problemas gastrointestinales como el exceso de salivación, vómitos y diarrea; disfunciones neuronales como la ataxia, las convulsiones o el coma; y problemas hematológicos como las petequias o la púrpura. 

Lo que descubrieron fue que un perro con un peso en la media de su especie o superior tenía 1,42 más de posibilidades de sufrir enfermedades relacionadas con el calor, en comparación con canes más esbeltos. Los perros que pesaban 50 kilos o más, independientemente de la raza, tenían un riesgo 3,42 veces superior que aquellos que pesaban menos de 10 kilos. Los perros entre los seis y los ocho años, y los mayores de 12, tenían respectivamente aumentos del 1,53 y del 1,75 en las posibilidades de sufrir un golpe de calor en comparación con los de dos años o menos.

Tomando como base al Labrador Retriever, nueve razas de perros demostraron tener un riesgo significativamente más alto: el Chow Chow, el Bulldog, el Bulldog francés, el Dogo de Burdeos, el Lebrel o galgo inglés (Greyhound), el Cavalier King Charles Spaniel, el Carlino o Pug, el Springer Spaniel inglés y el Golden Retriever. Las razas braquicéfalas, es decir, de morro chato y hundido en el rostro, presentaban un riesgo un 2,10 superior de sufrir estas enfermedades. 

Por otro lado, el Golden Retriever demostró sufrir un riesgo un 2,67 mayor que el Labrador Retriever pese a ser de menor tamaño. Los investigadores lo relacionan con el espesor de su pelaje en comparación con su pariente, un problema que comparte con el Chow Chow. Este "perro-oso" demostró estar en mayor peligro de golpe de calor que todos los demás, con 16,17 veces más de probabilidades de sufrirlo en comparación. Pero también tiene un morro corto y aplastado, por lo que los autores concluyen que el pelo es un factor que complica, pero no determina, los problemas respiratorios en las razas predispuestas a ellos por su anatomía.

Las predisposiciones genéticas de las "razas puras" frente a la variabilidad de los cruces, por otra parte, hacen que los 'purasangre' tengan un 1,86 más de probabilidades de sufrir el golpe de calor que los perros sin pedigrí. Además, razas esbeltas de pelo corto y especializadas para correr como el lebrel o galgo inglés se tienden a considerar como prácticamente inmunes a los problemas de calor, pero el estudio apreció que tenían 4,26 posibilidades más de sufrirlos, debido a su alta proporción de masa muscular magra que disipa peor el calor y predispone a la hipertermia post-ejercicio. 

Por otro lado, el aumento de riesgo ligado a la edad se relacionó con la mayor proporción de enfermedades respiratorias que puede contraer el perro al envejecer. El principal factor preventivo, más allá de la prudencia al pasear en días de mucho calor, pasa por cuidar la dieta del can: "Mantener un peso corporal saludable debe ser considerado como una herramienta importante para limitar el riesgo de golpe de calor", concluyen los autores.