Ya lo advertía este sábado la delegación canaria de la Agencia Española de Meteorología (Aemet) en Twitter. "La visibilidad por presencia de calima podrá ser inferior a los 3.000 m durante todo el día y localmente podrá bajar de 1.500 m.", informaba. Las previsiones se han cumplido a lo grande. Al cierre de esta edición, las islas están inmersas en la mayor tormenta de arena del siglo, que ha llevado al cierre de aeropuertos y a la multiplicación de incendios en Gran Canaria, Tenerife y Lanzarote. 

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La calima, un término muy familiar para los residentes en las islas -y para los fans de Indiana Jones y el templo maldito-, es para muchos turistas algo anecdótico. Silvia, que llegó este miércoles a Tenerife, no ha notado la situación que acapara los medios de comunicación hasta este domingo, cuando ha visto que desde la ventana de su hotel se veía "todo sepia". "Impresiona, porque es como verlo todo con un filtro y hay arena en todos sitios", cuenta a este diario. 

Pero detrás de este fenómeno curioso en lo visual, hay una situación que puede provocar el caos porque, al contrario que la niebla, que también reduce la visibilidad, la calima no viene sola, sino cargada de polvo en suspensión, que es muy superior al normalmente observado. La que se está produciendo estos días en las islas está más cargada que nunca, como confirma María Luisa, residente en Fuerteventura. "En 33 años que llevo viviendo aquí no he visto nada igual", señala. 

Según se explica en la web eltiempo.com, se considera que hay calima cuando el polvo en suspensión presente en el aire es muy superior al normalmente observado. Se trata de partículas secas extremadamente pequeñas, invisibles para el ojo humano, pero a veces tan numerosas como para enturbiar la visión del cielo y reducir de forma significativa la visibilidad. Deben ir acompañadas de una humedad relativa inferior al 70%.

La diferencia entre la calima y los otros fenómenos con los que se suele confundir, sobre todo la niebla y la bruma, es la composición de las partículas que reducen la visibilidad. Mientras que en la bruma y la niebla son partículas de agua condensada formando nubes, en la calima son motas de polvo, arena, cenizas e incluso arcilla.

Pero el polvo en suspensión no viene de la nada. Hay un culpable situado muy cerca de las Islas Canarias que tiene un nombre propio muy familiarizado con España: el desierto del Sahara

Como explican desde meteorologianenred, en España, la calima es bastante frecuente en invierno. "Sobre todo, nos la encontramos en las Canarias, concretamente en Lanzarote y Fuerteventura. Este fenómeno tiene lugar a causa de las direcciones en las que sopla el viento. Cuando sopla con dirección oeste, arrastra todo el polvo del desierto del Sáhara hasta el archipiélago, provocando que la visibilidad se reduzca considerablemente y sea peligroso respirarlo. Además, los coches aparecen llenos de barro", señalan.

Por esta razón, existe un importante impacto en la salud de este fenómeno meteorológico. "Las afecciones más recurrentes derivadas de la calima son la obstrucción nasal y el picor de ojos. Las grandes concentraciones de polvo en suspensión en el aire pueden llegar a agravar, también, los problemas respiratorios. Las partículas al ser tan pequeñas son respirables, llegando hasta nuestros pulmones y algunas al riego sanguíneo. Cuando la calima permanece a lo largo de varios días se registra un aumento de los pacientes con dolor torácico y asma", resumen en eltiempo.com.

El valor umbral por contaminación de PM10 (las partículas de aire mencionadas) propuesto por la Organización Mundial de la Salud (OMS) es de 50 ug/m3, cualquier cifra que supere este 'límite' se considera perjudicial. Las islas de Lanzarote, Fuerteventura o Gran Canaria están registrando concentraciones veinte veces más elevadas.

Pero eso tiene un remedio relativamente sencillo: no salir de casa siempre y cuando no sea imprescindible. Mucho más difícil de controlar es el impacto que tiene sobre las infraestructuras, sobre todo los aeropuertos. La falta de visibilidad hace muy difícil a las aeronaves poder despegar y aterrizar y de ahí los cierres selectivos de algunos aeródromos de la isla. También el viento asociado y esa falta de visibilidad hace difícil desplazarse a los focos de incendios y, por lo tanto sofocarlos. También se han registrado caídas del tendido eléctrico, que han llevado a cortes selectivos de carreteras.

La buena noticia es que a partir del martes está previsto que empiece a disiparse lentamente. Las temperaturas serán elevadas, en algunas zonas de hasta 28 ºC, y el viento será intenso. En puntos altos las rachas podrán superar los 120 km/h. Entre mañana y el miércoles se podrán registrar algunos chubascos acompañados de barro, especialmente en las islas más orientales. Hasta entonces, las alertas de la AEMET están plenamente justificadas y no salir de casa, o del hotel, también.