Anabel Forte, investigadora del Departamento de Estadística e Investigación Operativa de la Universitat de València, ha llegado al Instituto de Ciencias Matemáticas (ICMAT) de Madrid con ojeras de campeonato: su hijo pequeño está malo y ha dado mala noche. Pero sus grandes ojos castaños se iluminan cuando habla de sus alumnos. Bastan unos minutos de charla para saber a ciencia cierta que ella es la profesora que habría conseguido que hasta los más zotes en cálculo terminasen el curso amando las matemáticas.

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Forte ha venido a hablar ante los 200 matemáticos que participan en el congreso BYMAT (Bringing Young Mathematicians Together) que se organiza con la colaboración de la Fundación BBVA. Atentos al título de la charla: ¿Dónde huir cuando atacan los zombis? La estadística entre la realidad y el modelo. La conversación invita a la risa pero ocurre en un día triste para científicos y divulgadores: ha fallecido Eduard Punset. "Pongo sus vídeos sobre estadística en clase", recuerda con tristeza. Nos consolamos pensando en su legado. "Se está haciendo un montón de divulgación en redes sociales. Hay iniciativas como Famelab, Eduardo Sáenz de Cabezón está haciendo Órbita Laika... Hay cantera, vaya".

A ver si lo he entendido: ¿En The Walking Dead no hay matemáticos porque la serie acabaría en el primer capítulo, verdad?

Básicamente [Ríe]. La idea de la charla nació cuando la serie estaba de moda y salieron un par de artículos especulando sobre cómo se moverían los zombis, a qué velocidad, dónde habría que esconderse... Pero lo que tenían detrás era un modelo matemático basado en ecuaciones diferenciales que intenta explicar cómo se extienden las epidemias. Los zombis nos llaman mucho la atención, pero el modelo serviría para cualquier epidemia. Y no solo para eso: también para decidir qué dosis de un medicamento vas a tomar, por ejemplo. Hay un modelo que trata el cuerpo como "cajas" separadas. Lo que vemos es cómo se comporta el flujo entre una caja y otra, cuánto tardaríamos en procesarlo y eliminarlo.

Si pensamos en una peli de zombis clásica, primero hay un 'infectado' entre una mayoría de 'sanos', pero después son dos, luego cuatro, y al final la minoría son los supervivientes.

En realidad, en este modelo, las "cajas" son el tipo de persona. Tendríamos la caja de sanos, en la que en principio estaría todo el mundo. Después, la caja de infectados, que son poquitos. Y están en contacto. La clave es cómo se pasa de un estado a otro, y en el caso de los zombis es muy divertido porque puedes contar con variables como si corren o se arrastran, si el mordisco es intenso o superficial... De ahí al paso de infectado a muerto, y de muerto a revivido y nuevamente infectado, ect...

La riqueza de la línea de investigación en la que trabaja está en abarcar múltiples factores para determinar qué hipótesis son las más probables.

En realidad, son modelizaciones para explicar un proceso real: cómo se extiende una epidemia, cómo funciona un corazón, cómo se expande el flujo piroclástico de un volcán... Como nuestro conocimiento es reducido, siempre queda un hueco entre la realidad y el modelo. Lo que yo hago es intentar rellenar ese hueco utilizando la estadística y la probabilidad. Intentamos dar mejores herramientas para mejorar las predicciones. Por ejemplo, para saber dónde huir en caso de epidemia zombi [Risas].

Y hablamos de zombis y epidemias, pero podríamos estar hablando del cáncer. La progresión de una metástasis tiene algo que ver con estos modelos.

Sí, se trataría de ver cómo se producen los movimientos de células dentro del cuerpo humano y entender como se comportan. Hay varios modelos fisiológicos, nosotros hemos empezado a ver cuál es el modelo matemático detrás del latido del corazón. Una vez tienes datos sobre pacientes sanos y enfermos, puedes intentar entender qué diferencias hay entre unos estados y otros. Consiste en realidad en modelizar mediante las matemáticas los procesos y completarlo con modelización estadística para llegar a entender mejor qué está pasando. 

¿Estos modelos tienen otras aplicaciones más allá de las ciencias, como en la economía?

Sí. Se conocen como modelos SIR: Succeptible, Infected y la R puede ser de Recovered o Removed, 'eliminado'. Y se aplican para entender los flujos monetarios entre otras cosas. Muchas veces se hace un modelo muy complejo que intenta explicar lo mejor posible una realidad, pero luego resulta que hay mucha incertidumbre. Se trata de entender qué te están intentando decir los datos y el modelo no consigue reflejar. Más que procesar como tal, en nuestro campo queremos explicar cómo funciona el proceso que genera los datos. En el modelo que estudia los volcanes, por ejemplo, trabaja gente de física y de materiales para valorar el tipo de montaña, cómo descenderá el flujo piroclástico... y se generan modelos muy, muy complejos que son muy interesantes. Luego, los datos te servirán para confirmar ese modelo. 

La idea de ambientar la charla con los zombis parte de los proyectos de divulgación en los que está involucrada, ¿no es cierto?

Sí, me parecía muy interesante porque es una manera de enganchar a gente. Salió porque en Valencia participamos en la iniciativa Databeers y me ofrecieron ir a dar una charla. Pero lo que yo hago es difícil de contar, y me acordé del modelo sobre la epidemia zombi que se había publicado. Se lo había enseñado a mis alumnos cuando les explicaba ecuaciones diferenciales, que son justo lo que se utiliza en esos modelos, porque me había parecido súper interesante: "Mirad, mirad para qué valen". Ahora lo utilizo mucho. El otro día puse un examen de probabilidad y cayeron los zombis otra vez [Risas].

¿Ellos lo agradecen?

Cuando tratas las matemáticas así, con cosas que son divertidas, enganchas más. En el nuevo grado de Ciencia de Datos, en el que estamos dando Probabilidad en primero y ellos la ven como la más "matemática" de todas, les cuesta. Pero con una historia que explica cómo la probabilidad ayuda a resolver un montón de cosas les ayudas a interiorizarlo y a entender su utilidad.

Pero son alumnos mayores, universitarios. ¿No había que empezar antes, con niños y adolescentes?

Sí, totalmente... Otro de los proyectos de divulgación que llevo dentro de la Red Española de Bioestadísitica (Biostatnet) es el Stat Wars. Empezó aquí, en Madrid, en la noche de los investigadores. Tengo la charla en todos los tamaños y para todas las edades, lo mismo voy a contarla a niños de sexto como de 4º de la ESO... adolescentes [Risas]. Dependiendo del público que tengas tienes que adaptarte, pero les ayudas a ver la importancia de las matemáticas, de la ciencia de datos que es ahora el futuro y está por todas partes, y por qué hay que prepararse para ellos. Pero estoy completamente de acuerdo: cuanto más pequeñitos, mejor. 

¿Cómo se ilusiona a los adolescentes cuando reciben con el gesto tan suyo de "vas a contarme un rollo pero no cuela, esto es un hueso"?

Fui a una clase de sexto de Primaria en el colegio al que van mis hijos sabiendo que es durillo, porque hay casos en los que no prestan atención...  Y yo veía a la profesora que alucinaba: "¡No se han movido!". Consiste también en moverles. Cuando les tengo que explicar combinatorias, les pongo en grupos de tres y les pregunto: "¿Cuántas parejas podéis hacer?" Te dicen, "Pos solo dos". Y les respondo que no, les muestro físicamente que con tres personas se pueden hacer tres parejas diferentes. Y con cuatro, seis. Entienden cosas que sentados en una mesa, con un algoritmo, no van a entender porque no tienen ganas de estudiarlo. Eso sí que es un hueso.

Los algoritmos forman parte hoy en día de todo, en efecto: de las redes sociales, de la publicidad que vemos, incluso de lo que votamos... ¿Estamos transmitiendo bien la importancia de las matemáticas en nuestra vida?

Es muy complejo. Muchas veces, en las primeras etapas, las matemáticas nos las enseña alguien a quien no les gustaban las matemáticas de antes. Hace falta incidir en los primeros años. Pero también hacen falta referentes. Yo digo que hacen falta mujeres referentes en todas partes, pero es que en matemáticas, también faltan los hombres. Si le preguntas a un alumno a cuántos matemáticos conoce, a lo mejor contesta que a Pitágoras. Las matemáticas, y sobre todo la estadística, son la ciencia detrás de la ciencia. Casi todas las necesitan, pero no se ve. Cuando se desarrolla una herramienta que codifica un medicamento, se recibe como un avance en salud, pero la aportación de las matemáticas a los ensayos y el protocolo falta. Hay que enseñar mates de otra manera, pero también tener referentes que muestren para qué.

¿Usted siempre quiso hacer matemáticas?

[Risas] Ehm, no... Siempre me gustaron mucho. En un momento determinado quise hacer arquitectura, pero me dijeron en algún momento, pese a que soy relativamente joven, eso de: "Es una carrera de hombres". Además, tenía buena mano para el dibujo técnico pero la parte creativa, en esa época, me faltaba un poco. Me dije, "matemáticas dicen que se me da bien", y tuve profesoras de matemáticas que me marcaron mucho. Tenía la idea de ser profesora yo también pero luego entré en la carrera y me di cuenta de que me gustaba mucho, de que quería ser investigadora.

¿Es ahora matemáticas una carrera un poco más de chicas?

Yo estoy muy contenta. En las aulas es un 50-50, cuando no un 40-60. Ahora bien: en Ciencia de Datos, que se da en una Facultad de Ingeniería e Informática, tenemos un 20-80. Ahí es donde tenemos que hacer un esfuerzo porque es ahí donde las chicas ya no van.

¿Por qué ocurre esto? ¿Se enfocan más a ser profesoras?

No lo sé, no lo termino de entender... Sí creo que se enfoca al bagaje que recibimos las mujeres de que "tenemos que cuidar", y nos tendemos a decantar por carreras así. Pero me sorprende en el hecho de las matemáticas. En Valencia no detectas diferencias de género, pero por qué no quieren ingeniería, de verdad que no lo sé. Estamos llevando a cabo distintas iniciativas para que vengan, que no se sientan intimidadas y, sobre todo, que se mantengan. Si no hay chicas, no vendrán chicas. 

A menudo, cuando los periodistas hablamos con investigadoras, sale a colación la conciliación. Pero creo que lo planteamos mal: habría que preguntarse por la paridad, por si hacemos todos lo suficiente por la conciliación familiar.

Ahí le has dado. Ser investigador, en sí mismo, requiere de una pareja detrás que te apoye, con independencia de géneros. Llegado un momento, tienes que empezar a salir fuera, y eso es imposible de conciliar. Sí, hay hombres dentro de mi generación que se toman la baja, pero son una minoría todavía. No es la norma a la hora de tomar decisiones como ir a congresos. Yo estoy saliendo mucho este año, pero he pasado cinco prácticamente sin salir hasta que nuestros dos hijos han sido más mayores. Por mucho que los dos querramos involucrarnos, en su trabajo no está bien visto que falte, y en el tuyo se da por hecho que vas a faltar. Porque eres la madre. En los departamentos lo ves: hasta dónde llegan ellos, y hasta dónde llegan ellas. 

Ahora que parece que el proyecto de reforma del Estatuto del Investigador  va a seguir adelante, ¿qué puede hacer el Ministerio de Ciencia por mejorar su vida?

Algo muy importante es que deberían tener en cuenta los cuidados, no solo de niños pequeños sino de personas mayores y dependientes, para todos los investigadores en general y procesos como la acreditación en ANECA, sexenios... Yo tengo compañeras a las que les han reprochado tener periodos de dos años en los que no han publicado nada. Y es verdad, pero porque llega un momento en el que no puedes con todo. Cuando yo tuve a los pequeños, publiqué más que nunca, pero porque venía de todo el trabajo anterior. Ahora es cuando me doy cuenta de que tengo un parón porque tuve que bajar el ritmo. Como no coincide con la crianza como tal, no se termina de ver. Y que se simplifiquen los procesos. Si tienes que presentar tu CV en 27 formatos diferentes, ¿a qué le quitas el tiempo? ¿A la docencia, a la investigación, a tus hijos?