Escribía Eduard Punset en La Vanguardia en 2017: La mayor ilusión de mi vida fue el día en que una chica se me acercó en la calle y me dijo: "Quiero que sepa que decidí estudiar Física gracias a Redes". Era un artículo profundamente emotivo en el que repasaba los hitos de su biografía: la pérdida de su madre a temprana edad, el despertar de la conciencia crítica estudiando Derecho en Madrid y repartiendo octavillas para el PCE, el exilio en París y Londres para volcarse en la Economía, el regreso para ser protagonista de la Transición...

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De todo ello, sin embargo, nada le era más grato a Punset que su programa de televisión, uno de esos incombustibles de la televisión pública que aguantó de 1996 a 2014 en un horario insomne y batiendo una heroica meta de más de 600 episodios. Fue ahí donde se cocinó a fuego lento un icono, el sabio de melena crespa y cana y modales abstraídos que recuerdan a los de Albert Einstein, con una reconocible cadencia y un acento marcadamente catalán al hablar. Pocos veían Redes, pero cualquiera era capaz de imitar a Punset en la calle.

En los años 70, el perfil de Eduard Punset i Casals era lo que necesitaba una España que ansiaba salir del blanco y negro pero temía a la revolución: progresista, pero no radical; catalanista, pero con visión de Estado. Y, sobre todo, con un pulcro dominio del inglés y la economía global tras trabajar para la BBC, The Economist y el FMI: Adolfo Suárez hizo de él su embajador para la entrada en Europa nombrándole ministro de Relaciones para las Comunidades Europeas (1980-1981).

Después vino el turno del Parlamento Europeo. Pero su gancho mediático afinado en la prensa británica y su cosmopolitismo desarrollista estaban desaprovechados. En 1996, España pasaba por una crisis política e ideológica que desembocaría en la victoria de José María Aznar y el fin de 14 años de felipismo. En ese contexto nacía Redes, originalmente un programa sobre empresas y nuevas tecnologías. Pero Punset quería algo más, algo literalmente desorbitado.

Así, la introducción al primer programa navega entre circuitos generados por animación digitalizada y aterriza en una cúpula marciana para un coloquio con Carmen Maura y un participante por teleconferencia en una época en la que tales tecnologías eran genuinamente vanguardistas:

Punset gozó durante dieciocho años de carta blanca, y así, el programa fue orillando su enfoque económico para seguir los meandros de su inquietud intelectual. El contenido científico fue imponiéndose, con un cuidada guión que intercalaba segmentos divulgativos con entrevistas para dedicar cada entrega a una temática concreta. Y así, la televisión pública de España pudo dar voz a investigadores de primer nivel internacional: el psicólogo Steven Pinker, los 'padres del ADN' James Watson y Francis Crick, el astrofísico Roger Penrose, los biólogos Lynn Margulis y Stephen Jay Gould, los antropólogos Jane Goodall y Frans de Waal....

Y sin embargo, también había indicios de el entusiasmo omnívoro de Punset era poco escrupuloso: prefería una buena historia y una mejor puesta en escena que una historia rigurosa. Dio pábulo a Phillip Zimbardo, con quien cultivaba amistad: se trata del investigador que llevó a cabo el 'Experimento de la prisión de Stanford', que describió en el bestseller El efecto Lucifer y cuya metodología ha sido considerada dudosa desde hace décadas. Fue a ver al ilusionista Uri Geller ejecutar su famoso número de doblar cucharas: "Tú eras un pionero y ahora esto es ciencia, ciencia pura", exclamó alborozado sobre su demostración de "pensamiento positivo".

El candor de Punset, con todo, desarmaba las criticas, y los deslices no parecían tan graves en comparación a sus aciertos. La eclosión de la televisión privada en una primera etapa y los contenidos online terminarían por desplazar de su lugar a Redes, pero, paradójicamente, estos dos factores catapultaron al presentador a la fama. Como le ocurrió a otro histórico de la pública, Antonio Gasset, todo el mundo le conocía porque era divertido de imitar. Eduard Punset fue elevado a icono de sabio socrático cuando, precisamente gracias a las redes -con minúsculas-, cada vez más voces científicas protestaban por el escaso rigor de sus declaraciones.

El episodio más controvertido tuvo lugar con un anuncio de pan de molde "100% natural" que falseaba el hecho de que no dejaba de ser un producto procesado. Para entonces, Punset ya se declaraba volcado por completo en la autoayuda, con su trilogía del Viaje a la Felicidad y un gabinete de apoyo psicológico online. También en lo político había hecho ciaboga, afirmando en el mismo artículo del comienzo que se preparaba para un nuevo exilio porque, tras el 1-O, España volvía a ser dictatorial.

Un motivo de elogio unánime, sin embargo, fue cómo abordó con transparencia y naturalidad el cáncer de pulmón que se le diagnosticó en 2007, llegando a entrevistar en Redes a su propio oncólogo. "Yo, probablemente, no me moriré nunca"- decía hace unos años. Las redes, sin duda, le brindan la inmortalidad.