Quizás nos suene esta historia. A una chica le gusta un chico: es atractivo, popular, arrebatador, un verdadero Don Juan. A nuestra protagonista le surgen dudas, pero tiene un hombro sobre el que apoyarse: un amigo más timidín, cohibido, que sabe escuchar y se mantiene fiel aunque los demás le llamen pagafantas. Sí, adivinamos el final porque es el argumento manido de mil comedias románticas: ella acabará pasando del ligón que no sabe valorarla y se quedará con el que siempre estuvo ahí.

Las relaciones interpersonales están regidas por multitud de clichés que tienen una fácil explotación en la ficción: que los 'extremos opuestos se atraen', que 'los chicos malos son más atractivos' y que 'hombres y mujeres no pueden ser solo amigos' porque si la amistad es verdadera, es inevitable que surja la atracción romántica. Y si estos estereotipos de película de Richard Gere triunfan sin falta es porque contienen cierta dosis de veracidad, que la psicología trata de explicar metodológicamente.

El último de estos trabajos ha sido desarrollado por investigadores de dos universidades estadounidenses, la de Virginia y la James Madison, y ha sido publicado en Child Development, la revista de la Sociedad para la Investigación del Desarrollo Infantil. Y debería servir de consuelo para millones de adolescentes que atraviesan una época emocional turbulenta. ¿Tienes buenos amigos de tu mismo sexo, pero se te da fatal ligar con el opuesto? No te preocupes, lo estás haciendo bien.

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Las cualidades que se desarrollan al cultivar amistades íntimas sin componente romántico desde la primera adolescencia serán las que predispondrán a una vida sentimental más satisfactoria en cuanto se llegue a la edad adulta, coinciden los autores tras observar a 165 chicos y chicas a partir de los 13 años. Al comienzo del estudio, observaron, la principal ocupación y preocupación de sus sujetos de estudio tenían que ver con el despertar sexual y sus muchos enigmas. Pero a medida que se hacían mayores, sus prioridades y necesidades maduraban con ellos.

Los jóvenes -de origen social y étnico diverso- debían valorar puntualmente su satisfacción con la calidad de las relaciones sociales y románticas que estaban manteniendo. También ofrecían una valoración en esos campos sobre los individuos a quienes consideraban como sus mejores amigos. La recolección de datos se prolongó cada tres años, culminando en una horquilla entre los 27 y los 30 años. Alcanzada esa edad, aquellos que habían logrado desarrollar aptitudes sociales claves en la adolescencia también demostraban mayores habilidades en el ámbito amoroso.

"Por mucho énfasis que le pongan los adolescentes a las relaciones románticas, resulta que ése no es el factor predictivo más relevante para el futuro"- explica Joseph P. Allen, investigador principal y ducho en los eufemismos referidos a la ebullición hormonal. "En realidad, son las habilidades aprendidas en las relaciones de amistad con pares del mismo género las que se corresponden de forma más precisa con las que se necesitan para tener éxito en una relación romántica adulta: asertividad, estabilidad, valoración de la intimidad y competencias sociales".

Por otro lado, ninguna de los rasgos que tradicionalmente asociamos al éxito a la hora de 'ligar' incidía a largo plazo sobre el éxito de su vida amorosa: ni el atractivo físico, ni el número de parejas, ni la edad a la que se comenzaban a tener relaciones sexuales, indistintamente del hecho que fueran de tipo heterosexual u homosexual. "Las relaciones románticas tienden a ser efímeras en la adolescencia, y no parecen ser el modo en el que los chavales aprenden a desarrollar las habilidades que necesitarán en el futuro"- explica Rachel K. Narr, coautora del estudio.

Así, con 13 años, las mejores expectativas las tenían quienes estaban mejor predispuestos a entablar relaciones positivas con personas de su mismo sexo, y mostraban capacidades para la asertividad, es decir, para negociar sin conflicto. Para los 15 años, esas relaciones se habrían diversificado manteniendo al mismo tiempo un núcleo de amistades íntimas. Y al alcanzar entre 16 y 18 años, haber desarrollado la capacidad para mantener las antiguas amistades mientras se establecen nuevas se consideraba el mejor factor predictivo del éxito en el amor.

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    Así que, sí: la persona más sexy del local no es forzosamente la mejor elección. Esa otra, con su panda de amistades fraternales de toda la vida a cuestas, puede ser la joya oculta. Sí, incluso si lo que buscamos es un rollo casual y no una relación de pareja. Después de todo, las cualidades que garantizan una mayor satisfacción sexual no son anatómicas, sino que tienen que ver con la empatía y la capacidad comunicativa