A pesar de que últimamente las administraciones públicas y los medios de comunicación parecen haberse tomado en serio la lucha contra las pseudoterapias, se habla poco de una de las más alucinantes: el toque terapéutico o sanación a distancia.

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Probablemente, se debe a que se parece al reiki, que está más de moda, pero son prácticas diferentes. Las dos tienen en común la creencia de que existen canales energéticos que el terapeuta puede manipular, pero el toque terapéutico es una variante que se inventó en los años 70 y en la que ni siquiera hay un contacto físico: basta aproximar las manos al paciente.

La idea es que toda persona tiene un campo de energía vital más allá de los límites de su cuerpo, es decir, un aura, que está relacionada con la energía del universo (también llamada chi, qi o prana) y que se puede desequilibrar.

Los sanadores dicen que pueden sentir y manipular ese campo de energía o transferir la suya al paciente realizando una especie de masaje en el aire a pocos centímetros del cuerpo. Como en el caso del reiki, se ofrece para todo tipo de tratamientos, incluido el cáncer.

Este tipo de medicina energética tiene raíces orientales, pero la definición concreta de esta práctica fue obra de la escritora Dora Kunz y de la enfermera Dolores Krieger. Su método tuvo bastante éxito entre el personal sanitario estadounidense y comenzó a gozar de gran popularidad. A finales de los 90, unas 100.000 personas habían recibido formación en Estados Unidos.

Sin embargo, los estudios clínicos serios muestran que esta terapia no tiene ningún efecto significativo sobre la salud. Lo cierto es que no es imposible encontrar otros artículos científicos que sí informan de resultados positivos, pero resulta que contienen errores metodológicos graves o directamente han hecho trampas, según una revisión de estas investigaciones publicada en 2003.

En cualquier caso, el problema es que "no hay evidencias sobre la existencia de una energía vital modificable capaz de influir en el estado de salud, y esta afirmación está en contra de todo el conocimiento acumulado sobre el tratamiento de enfermedades", según la Asociación para Proteger al Enfermo de Terapias Pseudocientíficas (APETP).

La autora más joven de un artículo científico

De hecho, se han realizado pruebas que demuestran que los terapeutas son incapaces de detectar esa supuesta energía que acompaña a cada persona y, por lo tanto, es imposible que la modifiquen ni que logren curar nada con ella.

El experimento más llamativo apareció en la revista Journal of the American Medical Association (JAMA) en 1998, pero fue llamativo no por el ensayo en sí mismo ni por el resultado, sino por quién realizó la investigación: la persona más joven que jamás ha firmado un artículo científico en una publicación científica revisada por pares.

A la edad de 9 años, Emily Rosa –hija de Linda Rosa, que ya había investigado estos temas– tuvo una idea tan sencilla como brillante para probar si los practicantes del toque terapéutico podían o no detectar el campo de energía que decían manipular. Se sentarían frente a ella en una mesa, pero con un cartón en medio.

Al pasar las manos por debajo del cartón, ella pondría una de las suyas sobre la palma derecha o la palma izquierda del sujeto, a escasos centímetros, como hacen ellos en las terapias, y los sanadores tendrían que adivinar encima de cuál estaba, ya que supuestamente sienten la energía vital.

A lo largo de dos años –hasta que la joven cumplió 11– reclutó a 21 expertos en toque terapéutico repitiendo la prueba varias veces con cada uno. En total fueron 280 ensayos. Por simple azar cabría esperar que hubieran acertado en un 50% de los casos, lo cual ya de por sí hubiera desacreditado esta pseudoterapia demostrando que es completamente aleatoria.

Pero ni siquiera eso: los sanadores a distancia se quedaron en un 44%. Quedaba probado que no detectan la energía de las personas a pesar de que ahí estaba la clave de sus terapias.

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