"Jomío, te recuerdo que los cargos los carga el diablo. Suerte". Ése era el texto de la viñeta de Forges que compartía Pedro Duque el día de su designación como ministro de Ciencia, Innovación y Universidades en recuerdo de su madre. Hoy, cuestionado por tener sus dos viviendas bajo el paraguas de una sociedad en lugar de a título personal, y tras una titubeante comparecencia, seguro que recuerda esas palabras como una profecía autocumplida.

Lo cierto es que tanto la docencia como la aeronáutica vienen de familia para Duque. Oriundos de Badajoz, la madre de la que se acordaba en aquél junio que parece tan lejano era maestra. Su padre, ingeniero de montes, ejerció de controlador aéreo en los aeropuertos de Sevilla, Barcelona y Madrid. Precisamente en la Universidad Polítécnica de la capital es donde se licencia en 1986 en la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Aeronáutica y del Espacio, con una nota media de 10.

Éste currículum de excelencia -es el segundo de su promoción- le abre las puertas de la consultora tecnológica GMV, que lo destina al Centro Europeo de Operaciones Espaciales en Darmstadt (Alemania). Se trata del principal centro neurálgico para las operaciones de la Agencia Espacial Europea, y es ahí donde da el primer paso para convertirse en astronauta. En 1992, es seleccionado en uno de los concursos que realiza periódicamente la ESA.

Sólo los mejores entre los mejores pasan el corte para ir al espacio, sin embargo, y esta afirmación no es una exageración. Si Duque quería formar parte de las misiones internacionales, debía seguir los pasos de las grandes leyendas y formarse en el Centro Gagarin de entrenamiento de cosmonautas (CGEC) de la Ciudad de las Estrellas a las afueras de Moscú. Tras ejercer de coordinador entre los investigadores europeos y la estación espacial MIR, el presidente Boris Yeltsin le concedió la primera de las condecoraciones que vendrían, la Medalla a la Amistad de la Federación Rusa.

En 1996 se gradúa en el Johnson Space Center de la NASA. Su promoción, con 44 candidatos seleccionados entre 2.400, fue la más numerosa hasta esa fecha y ha dado grandes resultados. En la imagen que ilustra estas páginas se ve a un jovencísimo Duque a la izquierda pero también a un hombre calvo y con bigote, tercero por la derecha de la primera fila: se trata de Scott Kelly, el hombre que ha batido el récord de permanencia en el espacio de la agencia estadounidense. Su hermano gemelo Mark, que se quedó en tierra para ejercer de sujeto de control, es su "réplica" en el centro de la foto.

La legendaria misión STS-95

Pedro Duque no se convierte oficialmente en el primer astronauta español (con permiso de Michael López Alegría, nacido en Madrid pero emigrado de niño a EEUU) hasta 1998, cuando sube al transbordador espacial Discovery para participar en la misión STS-95. Compartía asiento con una leyenda: John Glenn, primer americano en orbitar la tierra y quien a sus 77 años se convertía en la persona de mayor edad en viajar al espacio. La expectación fue enorme: el príncipe Felipe se unió al presidente Bill Clinton para presenciar un despegue que fue retransmitido en directo.

La misión duró nueve días a caballo entre octubre y noviembre. Contaba entre sus objetivos el medir la aceleración de los vientos solares, y Duque fue el responsable de coordinar los cinco aparatos científicos equipados por la ESA. También se pusieron a prueba nuevas técnicas y dispositivos mecánicos en los módulos espaciales, y se realizaron experimentos médicos sobre los efectos de la ingravidez en el organismo, particularmente en alguien de edad avanzada como Glenn.

Pedro Duque ejerce de anfitrión para el entonces príncipe Felipe en 2003, en la Star City de Moscú. Gtres.

Durante la ignición, la puerta del compartimento para el paracaídas del transbordador fue arrancada. Temiendo que se desplegase demasiado pronto, el centro de control optó por deshabilitarlo. El piloto Steven W. Lindsey y el comandante Curtis L. Brown tuvieron que aterrizar usando únicamente los frenos de la aeronave. El nombre de Duque ha quedado inmortalizado junto al de Glenn y los otros siete astronautas en la insignia de la misión. Una curiosidad: a cada uno le tocaba elegir un día la canción que marcaba el inicio de la jornada. El español les puso La Cucaracha.

Misión Cervantes: España en el espacio

Duque recibió la Gran Cruz al Mérito Aeronáutico y el Premio Príncipe de Asturias a la Cooperación en 1999. Cuatro años después embarcaba a bordo de una nave Soyuz en dirección a la Estación Espacial Internacional (ISS). Del 18 al 28 de octubre de 2003 ejerció como ingeniero de vuelo para la Misión Cervantes. Se trataba de un proyecto espacial financiado por España y tenía por objetivo establecer protocolos de viaje entre los europeos y los rusos. Pero no era el único.

"En aquellos momentos estábamos desarrollando la idea de crear programas educativos y la misión Cervantes fue la primera en la que se hicieron experimentos complementarios con esta orientación didáctica, imposibles de hacer con gravedad", explicaba Duque en el décimo aniversario de la misión. "Fueron experimentos sobre mecánica de sólidos basados en las leyes básicas de Newton".

Dicho de otro modo, de ese viaje proceden las imágenes del astronauta español jugando a hacer malabares en gravedad cero, una faceta en la que triunfaría años después el comandante canadiense Chris Hadfield, estrella viral. "Esta fue la segunda vez que volé al espacio, y de momento la última"- rememoraba hace unos años. Desde su vuelta, trabajó como director de operaciones de vuelo para la ESA y también en el sector privado durante una excedencia. Desde la empresa Deimos Imaging, supervisó el lanzamiento del primer satélite de observación patrio.

Pedro Duque preparándose para el despegue en 2003. Gtres.

En fechas recientes, Duque alternó una importante actividad divulgativa en redes con su trabajo en tierra, pero nunca ocultó que ambicionaba estar de nuevo entre las estrellas: "Me permite permanecer completamente ligado las operaciones del espacio durante los años que estoy esperando si tengo un vuelo espacial o no"- contaba hace un tiempo, lamentando que los recortes en I+D en España lo descartasen como candidato. Su entrada en política tomó a todos por sorpresa: el tiempo demostrará si el astronauta cometió un error de cálculo.

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