La conciencia sobre la necesidad de dormir el número adecuado de horas, ni demasiadas ni demasiado pocas, ha terminado por cundir. Los hábitos correctos de sueño redundan en una mejor salud, productividad, capacidad cognitiva y estabilidad emocional. Un estudio introduce un nuevo factor: la hora a la que nos acostamos tiene repercusiones adicionales, independiente de cuánto durmamos. 

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Un equipo de investigadores de la Universidad de Binghamton ha publicado en Sleep un estudio sobre la influencia de la hora de inicio del sueño sobre el control de los pensamientos intrusivos, de tipo involuntario y angustiosos para el individuo, y la proliferación de comportamientos típicos del trastorno obsesivo compulsivo. Las conclusiones no traen buenas noticias para los trasnochadores.

El TOC y la nocturnidad

Se suele decir que los seres humanos se dividen en alondras y lechuzas, en función de si sus hábitos son nocturnos o diurnos. Es cierto que hay personas que se sienten más enérgicas e inspiradas a distintas horas del día ; de hecho, se conocen los genes que influyen en ello. Sin embargo, quiénes prefieren irse tarde a la cama tienen después que lidiar con problemas específicos.

Esto es lo que ha demostrado el equipo de investigadores dirigido por Meredith E. Coles y Jessica Shubert. Para ello, observaron los hábitos nocturnos de un grupo de voluntarios, que después tuvieron que contestar a una serie de encuestas sobre la persistencia de "pensamientos obsesivos" y "comportamientos compulsivos". Pretendían identificar la prevalencia de los "pensamientos involuntarios", un fenómeno inconsciente que nos lleva a imaginar situaciones que nos horrorizan o angustian: herir a un ser amado, causarnos daño a nosotros mismos o recrearnos en una situación de violencia sexual.

Estos pensamientos son comunes a la totalidad de la población, pero pasan a un segundo plano en la vigilia y permiten al individuo seguir adelante con su vida, si acaso con algo de 'mal cuerpo'. Esto es lo que ocurrió con la mayoría de sujetos, que se acostaron sobre las 12:30 de la noche. Pero el 40% de ellos lo hizo mucho más tarde, en torno a las 3 de la mañana. Y fueron precisamente estos últimos los que mostraron en sus encuestas una mayor dificultad para evadirse de los pensamientos intrusivos.

Una de las consecuencias observadas fue que, para liberar la ansiedad generada por los pensamientos angustiosos de los que no se pueden librar, estas personas desarrollaron rituales y comportamientos que podrían ser categorizados como de tipo compulsivo y abrir la puesta a un trastorno obsesivo.

El motivo, según las conclusiones del estudio, estaría asociado con los ritmos circadianos que regulan los ciclos de sueño. El siguiente paso del estudio propone utilizar cajas de luz para simular distintos momentos del día y comprobar cómo se relaciona el sueño con el control de los impulsos.