Poner una trampa puede acabar con una rata. Lo difícil es conseguir que detrás no aparezca otra. En jardines, patios y parcelas, los expertos en control de plagas insisten en que el problema no se resuelve únicamente capturando animales: hay que conseguir que el lugar deje de ofrecerles comida, agua y escondites.
Es la base del llamado manejo integrado de plagas. La Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA) recomienda precisamente empezar por eliminar las condiciones que permiten que los roedores se instalen y se reproduzcan, y utilizar después trampas cuando sea necesario.
La razón es bastante intuitiva. Una rata puede desaparecer, pero una pila de leña, un cobertizo lleno de cajas, vegetación muy espesa o un compost accesible continúan ofreciendo un refugio perfecto para la siguiente.
Un hotel para ratas
Las ratas buscan esencialmente lo mismo que cualquier otro animal: un lugar seguro donde esconderse y acceso fácil a alimento y agua. El programa de Manejo Integrado de Plagas de la Universidad de California señala como refugios habituales las pilas de leña, la acumulación de objetos, la vegetación muy densa, los montones de compost e incluso las zonas situadas debajo de cubos de basura o casetas de jardín.
Las distintas especies tampoco utilizan exactamente los mismos escondites. La rata parda o noruega suele excavar madrigueras cerca del suelo, por ejemplo debajo de montones de residuos, leña o estructuras. La rata negra, en cambio, trepa con facilidad y puede instalar sus nidos entre arbustos espesos, árboles, plantas trepadoras o zonas elevadas.
Por eso una de las primeras medidas consiste simplemente en ordenar el jardín. Conviene retirar maderas, cajas, restos de poda y objetos acumulados que llevan meses sin utilizarse. La leña puede mantenerse levantada del suelo y ordenada, en lugar de formar un montón pegado a una pared. La vegetación demasiado tupida también debería aclararse, especialmente cerca de la vivienda.
La Universidad de California recomienda mantener aproximadamente 60 centímetros de separación entre los arbustos y los edificios y podar las ramas que facilitan el acceso a tejados. Las plantas trepadoras muy densas también pueden convertirse en rutas y lugares de refugio para algunas ratas.
Pero limpiar escondites sirve de poco si dejamos un bufé abierto todas las noches. La fruta que cae de los árboles debe recogerse regularmente. Lo mismo ocurre con semillas para pájaros, bolsas de pienso, basura mal cerrada o comida de perros y gatos.
La EPA aconseja no dejar alimento de mascotas en el exterior y conservar la basura y otros productos comestibles en recipientes bien cerrados. Los restos del compost también deben manejarse de manera que no queden continuamente disponibles para los roedores.
Incluso pequeños detalles pueden mantener una población de ratas cerca de una vivienda. Un plato de pienso que permanece toda la noche, fruta madura acumulada bajo un árbol o un cubo de basura con restos pegados alrededor proporcionan alimento de forma muy predecible. Si además existe un escondite a pocos metros, el jardín reúne prácticamente todo lo que necesitan.
Las trampas siguen teniendo utilidad. UC IPM considera las trampas de resorte una herramienta eficaz y relativamente económica para reducir poblaciones de ratas, especialmente cuando se colocan en lugares donde existen señales claras de actividad, como excrementos, huellas, roeduras o rutas pegadas a paredes.
Pero colocarlas sin modificar el entorno es trabajar solo sobre una parte del problema. De hecho, los especialistas advierten de que, si no se mantienen las medidas de limpieza y eliminación de refugios, las ratas pueden regresar rápidamente después de haber reducido temporalmente su número.
Con los venenos hay que extremar todavía más las precauciones. Los rodenticidas pueden resultar tóxicos para personas, mascotas y otros animales que no son el objetivo del tratamiento. La EPA recomienda utilizarlos únicamente siguiendo estrictamente las instrucciones y mantener tanto cebos como trampas fuera del alcance de niños y animales domésticos.
En infestaciones importantes, o cuando las ratas ya han entrado en la vivienda, puede ser necesario recurrir a una empresa profesional de control de plagas. Antes de llegar a ese punto, sin embargo, merece la pena mirar el jardín con ojos de rata.
Una pila de madera que para nosotros lleva meses olvidada puede ser un refugio. Un puñado de fruta caída, una despensa. Y un arbusto espeso pegado a la casa, un lugar perfecto para pasar inadvertida. Por eso, para mantenerlas alejadas, la mejor trampa empieza mucho antes de colocar una trampa: consiste en quitarles las razones para quedarse.
