J. Rodríguez
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LO ESENCIAL
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Los gatos tienen fama de ser animales independientes, pero su relación con los humanos es más compleja de lo que parece. La investigación científica apunta a que el contacto durante las primeras semanas resulta determinante para su comportamiento.

Juliane Bräuer, doctora en Psicología y directora del laboratorio DogStudies del Instituto Max Planck de Geoantropología, ha abordado esta cuestión en Psychology Today, donde analiza los conocimientos científicos sobre la conducta felina y sus diferencias con los perros.

Según explica la investigadora, todavía sabemos relativamente poco sobre las capacidades cognitivas de los gatos. A diferencia de los perros, estos animales no siempre muestran suficiente motivación para participar en experimentos, lo que dificulta interpretar correctamente los resultados.

El origen de la relación entre gatos y humanos ayuda a comprender su particular comportamiento. Estos animales descienden del gato montés africano y comenzaron a acercarse a los asentamientos humanos hace entre 10.000 y 5.000 años.

Bräuer explica que los gatos no fueron domesticados directamente por las personas, sino que, en cierto modo, se domesticaron a sí mismos. La disponibilidad de ratones y ratas en las aldeas favoreció su proximidad a los humanos.

Evolución conjunta

Al principio, su papel consistía principalmente en controlar las plagas que amenazaban las reservas de alimentos. Solo posteriormente desarrollaron comportamientos afiliativos hacia las personas, una evolución que contribuyó a establecer los vínculos afectivos que conocemos actualmente.

Aunque los gatos conservan parte de su reputación solitaria, también pueden establecer relaciones sociales con otros ejemplares. La disponibilidad de comida, refugio y pareja influye en ello, al igual que las preferencias individuales de cada animal.

La investigadora señala que algunos gatos son más sociables que otros y que pueden acicalarse mutuamente o reconocerse mediante señales olfativas. Incluso existen investigaciones sobre las sustancias químicas que permiten identificar a individuos conocidos.

La relación con los humanos también comienza a construirse durante las primeras etapas de vida. En este sentido, Bräuer destaca que la socialización temprana influye significativamente en el vínculo que los gatos desarrollan con las personas.

El periodo comprendido entre las dos y las siete semanas de vida resulta especialmente importante. Los gatos manipulados con frecuencia durante estas semanas tienden a ser más amigables y menos temerosos, además de alcanzar la madurez antes.

La sociabilidad felina también plantea preguntas sobre sus capacidades cognitivas. Los gatos reconocen a sus propietarios y distinguen sus voces de las de personas desconocidas, aunque suelen responder orientándose hacia el sonido en lugar de comunicarse directamente.

Además, pueden seguir los gestos humanos para localizar comida escondida y muestran apego hacia sus cuidadores en experimentos diseñados para estudiar los vínculos afectivos. Sin embargo, no siempre buscan ayuda humana cuando se enfrentan a problemas irresolubles.

La dificultad para interpretar estos comportamientos radica en que una respuesta poco evidente no demuestra necesariamente una menor capacidad cognitiva. También podría reflejar falta de motivación, una posibilidad que Bräuer considera fundamental al evaluar los resultados experimentales.

La investigadora recuerda que los gatos juegan tanto con personas como con otros animales y objetos. No obstante, los experimentos sobre la relación entre tirar de una cuerda y conseguir comida tampoco permiten establecer conclusiones definitivas sobre su comprensión de la causalidad.

Por eso, Bräuer concluye que existe un conocimiento científico cada vez mayor sobre estos animales. Como resume la experta, los gatos son "mucho más sociables de lo que esperaba" y, aunque a veces se comportan como perros, también tienen formas propias de relacionarse.