P. G. Santos
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LO ESENCIAL
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Quienes tienen una caldera de gas en casa pueden respirar tranquilos: nadie les obligará a sustituirla mientras siga funcionando. La nueva directiva europea de eficiencia energética de los edificios no la prohíbe ni fija una fecha de retirada inmediata.

La Directiva (UE) 2024/1275 se publicó el 8 de mayo de 2024 en el Diario Oficial de la Unión Europea. Según el Ministerio para la Transición Ecológica, esta busca "acelerar el ritmo de renovación de edificios en la Unión Europea".

Su finalidad es reducir el consumo energético y las emisiones, no desterrar las calderas de casa. Cabe recordar que el texto no prohíbe las calderas de gas ni obliga a sustituirlas por bombas de calor.

La principal medida concreta que afecta a estos equipos llega por la vía de las ayudas. Desde el 1 de enero de 2025, los Estados "no concederán incentivos financieros dirigidos a la instalación de calderas alimentadas por combustibles fósiles".

Cuándo instalar nuevas calderas

Es decir, retirar el dinero público para instalar calderas nuevas no equivale a prohibir las que ya funcionan. La OCU lo resumía así: desaparecen las ayudas, pero de momento nada impide mantener o elegir una caldera de gas natural.

Los Estados deberán incluir además en sus planes nacionales de renovación "Planes Nacionales de eliminación de calderas alimentadas por combustibles fósiles", según el Ministerio. Es una hoja de ruta para los Gobiernos, no una orden directa a cada vivienda.

Bruselas sí apunta a abandonar los combustibles fósiles en calefacción hacia 2040, pero ese objetivo no implica una prohibición vinculante, según el sector. La directiva no convierte en ilegal el uso de sistemas de calefacción más allá de 2040.

La clave está en el ciclo de vida de los equipos. Los expertos sitúan la vida útil de una caldera en unos 15 años, así que muchas se sustituirán por desgaste de forma gradual antes de 2040.

Tampoco hay obligación de reformar a golpe de decreto: el pasaporte de renovación, que ordena las obras por etapas, es, según el Ministerio, de "carácter voluntario y coste asequible". Ofrece una alternativa a los elevados costes iniciales de renovar.

La directiva también mira a quienes menos margen tienen. Los incentivos financieros se destinarán, según el Ministerio, "de forma prioritaria, a los hogares vulnerables y personas afectadas por la pobreza energética", para que la transición no sea una carga.

Donde sí habrá cambios es en la obra nueva: desde 2030 todos los edificios de nueva construcción serán de cero emisiones, y estos, además, "no podrán generar emisiones de gases de efecto invernadero in situ asociadas a combustibles fósiles".

Para el propietario, la consecuencia práctica es clara: mientras la caldera funcione y supere las revisiones obligatorias, puede conservarla. Cuando toque cambiarla, podrá optar por sistemas híbridos con renovables, que, según el texto europeo, seguirán pudiendo recibir incentivos financieros.

Así, la directiva marca un rumbo, no un calendario de retiradas forzosas. Los hogares con caldera de gas pueden seguir usándola hasta que expire su vida útil, aunque Bruselas apuesta por que su relevo sea cada vez más renovable.