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Octubre había avanzado ya hasta casi su ecuador, pero en buena parte de España los termómetros seguían empeñados en comportarse como si el verano no hubiese terminado. Camisetas de manga corta, terrazas llenas y máximas superiores a 30 ºC volvieron a aparecer en lugares donde, por calendario, debería haberse instalado ya un ambiente mucho más fresco.

Roberto Brasero resumió la situación con una cifra especialmente llamativa: España estaba registrando “temperaturas más altas de las que corresponderían para esta época del año, con valores entre 5° y 10° superiores a los propios de estas fechas”.

El meteorólogo de Antena 3 explicaba el 13 de octubre que la estabilidad atmosférica estaba favoreciendo ese particular “otoño primaveral”. En amplias zonas del país se superarían los 25 ºC de forma generalizada, mientras que algunos puntos del norte rozarían los 30 ºC y en el sur se alcanzarían o superarían los 32 ºC.

No eran simplemente tardes agradables para un mes de octubre. La diferencia respecto a lo normal era suficientemente grande como para que los valores se acercasen más a los propios de finales de verano.

10 grados más de lo habitual

Las previsiones de AEMET coincidían con ese diagnóstico.

Durante aquella semana, buena parte del territorio presentaba anomalías térmicas de entre 5 y 10 ºC por encima de los valores habituales. Sevilla podía rondar los 34 ºC, Madrid los 28 ºC y Bilbao los 25 ºC, mientras que localidades del norte peninsular podían acercarse incluso a los 30 ºC. Que una temperatura esté 10 grados por encima de lo normal no significa necesariamente que se haya batido un récord.

La comparación se realiza respecto a los valores climáticos propios de cada lugar y momento del año. Una máxima de 28 ºC, por ejemplo, puede resultar completamente corriente en Madrid durante julio, pero convertirse en una anomalía considerable cuando aparece a mediados de octubre.

Eso era precisamente lo llamativo del episodio: el calor llegaba cuando los días ya eran considerablemente más cortos y el otoño estaba bien avanzado.

Brasero advertía, no obstante, de que aquella situación tenía fecha de caducidad. Después de varios días de estabilidad y temperaturas elevadas, los modelos apuntaban a un cambio brusco durante el fin de semana, con una caída importante de los termómetros y la llegada de un ambiente mucho más propiamente otoñal. Y el descenso terminó siendo considerable.

AEMET anticipó una bajada térmica generalizada asociada a una DANA y a la llegada de aire frío desde latitudes más altas. En apenas unos días, algunas zonas pasaron de encontrarse entre 5 y 10 ºC por encima de lo normal a registrar temperaturas claramente inferiores a las habituales.

El contraste hizo todavía más visible lo extraordinario de los días anteriores. En León, por ejemplo, se habían alcanzado máximas cercanas a los 27 ºC antes de que, pocos días después, apareciesen las primeras heladas en distintos puntos de la provincia. Estos episodios cálidos fuera del verano tampoco aparecen de manera aislada.

AEMET señaló que 2026 había tenido condiciones plenamente veraniegas durante aproximadamente cuatro meses, desde la segunda mitad de mayo hasta bien entrado septiembre. Entre el 19 de mayo y el 3 de junio, la temperatura media del conjunto de España llegó a situarse unos 5 ºC por encima de lo habitual, con valores propios de julio.

Después llegó un verano récord y una nueva ola de calor entre el 2 y el 7 de septiembre. Octubre volvió a recuperar durante unos días esa sensación de estación desplazada.

Aunque popularmente se utilice la palabra “veroño” para describir estas situaciones, una semana cálida concreta no puede atribuirse por sí sola al cambio climático. Lo que sí muestran los registros a largo plazo es que el calentamiento global está elevando la temperatura de fondo sobre la que se producen estas variaciones meteorológicas, haciendo más probable encontrar episodios anormalmente cálidos.

En aquella primera mitad de octubre, sin embargo, ni siquiera hacía falta mirar una serie climática para notar que algo no cuadraba. Mientras el calendario avanzaba hacia noviembre, en numerosos puntos de España los termómetros seguían marcando temperaturas entre 5 y 10 grados superiores a las que corresponderían por fecha.

Un otoño que, al menos durante unos días, necesitó bastante menos abrigo del que cabría esperar.