El cambio climático amenaza con transformar los veranos del sur de Europa hasta dificultar actividades tan cotidianas como pasear por la calle. El meteorólogo José Miguel Viñas advierte de que todavía existe margen para actuar, pero urge acelerar las medidas.
En el podcast Dime con quién hablas, el experto alerta de que las temperaturas extremas podrían alcanzar niveles que comprometan la habitabilidad de determinadas regiones. A su juicio, España debe prepararse para un escenario que va mucho más allá de la incomodidad.
"Si ya nos ha parecido tremendo el verano que hemos pasado", plantea Viñas, debemos imaginar otro todavía más caluroso, con noches más sofocantes y fenómenos meteorológicos más extremos. Las consecuencias podrían poner a la sociedad contra las cuerdas.
El meteorólogo considera que el problema dejará de ser exclusivamente una cuestión de confort térmico para convertirse en un desafío relacionado con la habitabilidad. En algunas zonas mediterráneas, salir a la calle durante julio o agosto podría resultar cada vez más complicado.
Viñas recuerda que este verano se han registrado situaciones con 41 grados y una humedad del 80%. Si las temperaturas aumentan todavía más y el aire contiene más humedad, las condiciones podrían aproximarse a las de algunos países del golfo Pérsico.
Contacto con la naturaleza
En esos lugares, explica, buena parte de la actividad diaria se desarrolla en interiores climatizados. Sin embargo, considera que ese modelo no resulta sostenible a largo plazo y tampoco puede extenderse a millones de personas en países como España.
"No se puede mantener en el tiempo una ciudad artificial en el que sus ciudadanos no salgan a la calle y todo lo hagan en interior", advierte el especialista, que reivindica la importancia del contacto con la naturaleza.
El acceso al aire acondicionado tampoco está garantizado para toda la población. Esta desigualdad preocupa especialmente al meteorólogo, que señala a las personas mayores como uno de los colectivos con menos capacidad para adaptarse a las altas temperaturas.
"Con 80 años tienes mucha menos capacidad de maniobra que si tienes 30 o 40 años", recuerda. Por eso, considera indeseable un futuro en el que las personas mayores tengan que permanecer prácticamente encerradas en sus casas para protegerse del calor.
A los riesgos para la salud se suma la insostenibilidad de un modelo basado en mantener espacios interiores refrigerados para miles de millones de personas. La producción de alimentos y otras necesidades básicas también forman parte de este desafío.
Aunque Viñas insiste en que todavía hay posibilidades de actuar, advierte de que el tiempo disponible para cambiar el rumbo no es ilimitado. "Si ahora mismo, tal y como está el patio, no se evoluciona en dos o tres años de otra manera", revertir algunas consecuencias será mucho más difícil.
El meteorólogo también cuestiona que se utilicen episodios excepcionales registrados siglos atrás para restar importancia al cambio climático actual. Reconoce que siempre han existido fenómenos extremos, pero destaca la concentración de acontecimientos recientes.
"Lo que te aseguro que nunca ha ocurrido es que en una fracción de tiempo tan corta [...] se concentra tal cantidad de fenómenos extremos", sostiene Viñas, que considera fundamental atender a su intensidad y alcance global.
El especialista subraya que el problema no afecta únicamente a España: meteorólogos de otros continentes también observan una evolución preocupante. No obstante, el sur de Europa se encuentra en una posición especialmente vulnerable por su proximidad al Sáhara, una gran reserva de calor del hemisferio norte.
