España se encamina hacia un clima más árido, pero no por ello más tranquilo: las lluvias extremas crecerán. A esta conclusión llegó el último informe CLIVAR-España, elaborado por la comunidad científica y publicado por el Ministerio para la Transición Ecológica en marzo del pasado año.
El documento, el tercero de una serie del comité CLIVAR-España, actualiza el conocimiento sobre el clima español y complementa el sexto informe del IPCC. Sus seis capítulos repasan desde el pasado remoto hasta las proyecciones de final de siglo.
Las proyecciones apuntan a que la precipitación media disminuirá a lo largo del siglo XXI. A la vez, subirán las temperaturas, y los autores advierten de que, por ello, "se agravará la escasez de agua en zonas ya secas".
El informe prevé que el aporte de humedad del Atlántico Norte hacia la Península se reduzca, sobre todo en invierno y otoño a finales de siglo. También caerá la humedad relativa, especialmente en verano, por una mayor evaporación oceánica.
Menos lluvia, más sequía
En el sur peninsular, menos lluvia y más demanda evaporativa de la atmósfera elevarán la aridez y la gravedad de las sequías. En Canarias, además, las precipitaciones caerían alrededor de un 30% a finales de siglo, con altas emisiones.
Paradójicamente, el informe también anticipa que las precipitaciones extremas aumentarán. Sus autores relacionan, probablemente, el repunte de episodios convectivos y lluvias intensas observado hasta ahora, sobre todo a finales de otoño, con un mar Mediterráneo cada vez más cálido.
La paradoja es solo aparente. Aunque la lluvia media apenas ha variado en el periodo instrumental, el siglo XXI acumula la mayor frecuencia de sequías severas de los últimos 150 años, porque las altas temperaturas elevan la demanda evaporativa.
La frecuencia de los ríos atmosféricos, corredores de vapor de agua capaces de descargar lluvias muy intensas, aumentará un 50% en el escenario de altas emisiones, y los transportes de vapor más extremos crecerán un 20%, según el informe.
El prólogo, del secretario de Estado de Medio Ambiente, Hugo Morán, recuerda que Europa se calienta desde los ochenta aproximadamente el doble que el resto del mundo, y que su sur sufre especialmente el calor y la sequía prolongada.
Las aguas que rodean España también se calientan más deprisa que la media mundial: unos 0,25 grados por década, un 67% más rápido. En el Mediterráneo, el calentamiento desde los ochenta es dos o tres veces superior al global.
Las consecuencias alcanzan al campo, al turismo veraniego y al monte. Se prevén temporadas de incendios más largas, hasta junio y, en menor medida, septiembre, y posibles pérdidas en algunos cultivos como la uva por la mayor variabilidad interanual.
El nivel del mar, que ya sube más de tres milímetros al año en las costas españolas, amplificará los daños: los episodios extremos que hoy ocurren una vez cada 100 años podrían repetirse varias veces al año hacia 2100.
El prólogo de Morán sostiene que la evidencia científica no deja lugar a dudas y que urge actuar. Concluye que corresponde escuchar a la ciencia y guiarse por ella con una acción climática ambiciosa, para evitar las peores consecuencias.
